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Empresas deben evaluar los resultados de sus programas

Estudio español indica que sólo 20% de las compañías cuantifica el impacto de todas sus actividades del área

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La ejecución de toda política de responsabilidad social empresarial con las comunidades implica para la mayoría de las compañías la elección de unas ONG que implementen las actividades y brinden la asesoría en su área de competencia. Sin embargo, cada vez es más importante que las empresas puedan comprobar la trayectoria, el personal y la transparencia en el uso del dinero que tiene una organización civil antes de convertirla en su aliado.

“Las grandes empresas le están metiendo la lupa a las organizaciones del tercer sector. Cómo se contrata al personal, cuáles son sus cuentas y cómo utilizan los recursos. Porque si se descubre que el padrinazgo de un niño termina como una construcción en Miami, el primer perjudicado con el desvío de fondos será la empresa”, dijo Juan Alfaro de la Torre, director del Programa Superior de Responsabilidad Corporativa del IE Business School.

La supervisión de las organizaciones amigas no sólo es una tarea para que las empresas se aseguren que los fondos que entregan se emplean correctamente, sino también porque la responsabilidad social cada vez se entiende más como uno de los valores para distinguir a la compañía. La conclusión fue presentada en el XII Simposio De la Cohesión Social al Encuentro Ciudadano celebrado el 20 de septiembre, coordinado por la Alianza Social de Venamcham, y al que asistieron más de 600 personas.

Alfaro de la Torre mostró a los directivos de las empresas un estudio realizado en España en 2011 en el que se les preguntó si contaban con una política para medir los resultados de sus programas de responsabilidad social. Sólo 20% de los encuestados aseguró que cuantifica y sigue los resultados de todos sus proyectos, mientras que 60% de las empresas hace evaluaciones para algunas actividades específicas.
El autor del Manual de la empresa responsable y sostenible llamó, entonces, a los líderes de las empresas a diseñar sistemas de medición del impacto de sus actividades de responsabilidad social, porque esa data también es importante para evaluar cuál es la imagen y la reputación de la marca en las comunidades cercanas y en la esfera nacional.

Nueva frontera. José Luis Blasco, socio de Servicios de Cambio Climático y Sostenibilidad de la consultora KPMG España, explicó que ahora el principal activo de las empresas no es su valor contable sino el nivel de confianza que perciben los clientes y los empleados. Su apuesta es que las empresas que logren incorporar los principios de sostenibilidad en su producción serán las que ganen la mayor confianza de los ciudadanos y, por tanto, consigan las mejores rentabilidades económicas.

“La próxima frontera no es darle servicio al cliente sino a las personas. Eso supone que las empresas requieren adquirir nuevos valores que consideren que en el planeta tenemos un déficit de 40% de agua. Es tiempo para que se preocupen por elaborar más productos con menos uso de energía y mejores productos para más gente”, agregó Blasco, licenciado en Ciencias Químicas de la Universidad Complutense de Madrid.