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Con varios empleos algunos logran independizarse

Los esfuerzos de Alejandro Armas por independizarse implicaron salir de la zona de confort para asumir dificultades | Foto: Leonardo Guzmán

Los esfuerzos de Alejandro Armas por independizarse implicaron salir de la zona de confort para asumir dificultades | Foto: Leonardo Guzmán

La educación y las políticas públicas salariales condicionan las posibilidades de movilidad social

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Para muchos venezolanos, abandonar el nido familiar antes de los 30 años para asumir las responsabilidades de un rumbo propio es un acto heroico digno de optimistas. Los que logran la autonomía de alcanzar la vida de adultos luchan por mantener su estatus frente a las adversidades económicas.

Alejandro Armas vive solo en Caracas desde los 17 años de edad. Comenzó viviendo en una pensión y, luego, con unos primos en un apartamento compartido. Al cumplir los 25 sintió que era el momento de encontrar su propio espacio.

“El paso que te lleva a independizarse es tocar suelo, entender que tienes que generar tu mundo, ver qué tienes para hacerlo y si no tienes nada, salir a buscar las herramientas porque si no te quedas estancado”, asegura Armas.

Para pagar los 4.000 bolívares mensuales de alquiler de habitación en San Bernardino, y cancelar el resto de sus gastos, escribe obras de teatro, actúa y anima en fiestas, con lo que le permite llegar a un ingreso promedio de 6.000 bolívares.

En un país cuya inflación aumenta cada día, el temor al fracaso por tener que volver a la situación de dependencia puede generar una situación frustrante y de incertidumbre, señala Armas.

“Los jóvenes tenemos una depresión gigante porque es como estar en medio de una tormenta. A veces he pensado regresar con mis primos, es difícil costear las cosas tú solo como está el país”, afirma. Los esfuerzos por independizarse implicaron salir de la zona de confort para asumir un camino cargado de dificultades. Con el fin de superarse más rápidamente, Armas optó por una beca y estudió dos carreras simultáneas, mientras trabajaba como asistente en uno de los institutos.

El psicólogo Juan Carlos Carreño apunta que el nivel educativo es uno de los grandes indicadores que condicionan las probabilidades de movilidad social, seguido por otros elementos, como las políticas públicas en materia de salario mínimo y la situación de la familia.

“El Estado debe garantizar que si vienes de un espacio sin independencia y tienes educación, puedas obtener estabilidad de forma temprana; que haya empleo y que el salario de entrada te permita pensar en independencia”, explica Carreño.

Que el joven esté orientado a alcanzar objetivos en su vida también suma probabilidades de que desarrolle oficios que le permitan comenzar una vida autónoma.

Deivis Materano, de 26 años de edad, cuenta que trabaja desde los 15 años, cuando comenzó como ayudante en una grúa familiar.

“Siempre dije que antes de los 30 tendría carro, casa y familia. A mi corta edad puedo decir que lo logré, pero sacrificando muchas cosas. He pedido dinero prestado, tengo que contar con las utilidades, las bonificaciones, los repuestos que vendo, los viajes que hago con el camión y las asesorías”, menciona.

Resiliencia. Mabel Mundó, especialista en políticas públicas educativas en jóvenes, cree que los cambios políticos y sociales a partir de 2007 con las manifestaciones estudiantiles y la crisis mundial impulsaron a una parte de la generación actual de jóvenes a descartar la migración y ser resilientes, es decir, afrontar las adversidades del momento.

“Los chamos como yo se están yendo. Te ves súper abajo cuando hablas con ellos y ves que ganan un sueldo que les permite costearse un piso tipo estudio, comer bien y todavía les queda algo”, dice Armas.

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María González. 27 años de edad. “Es un proceso arduo que requiere mucha fuerza. Tienes que poner en una balanza lo que quieres lograr y el sacrificio que necesita. Para pagar la inicial del apartamento tuve que suprimir cosas como ir al cine, comprar un par de zapatos e irme de viaje a la playa porque los sueldos de profesionales jóvenes no dan para independizarse de la noche a la mañana. Implica ahorrar cada centavo”.

Daniela León. 27 años de edad. “Hace años mis padres compraron una casa multifamiliar, con la visión de que cada una de sus hijas tuviera una casa segura. Viendo cómo iban las cosas sabían que nos iba a ser imposible comprar una vivienda. Además de nuestros trabajos formales, mi esposo y yo tenemos nuestro propio negocio”.