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Egresados de la Misión Sucre se quedan sin empleo

En una aldea universitaria cursan las últimas cohortes de Estudios Jurídicos, que cerró hace dos años |  Foto: William Dumont/El Nacional

En una aldea universitaria cursan las últimas cohortes de Estudios Jurídicos, que cerró hace dos años | Foto: William Dumont/El Nacional

El exceso de titulados en el programa de estudios en Derecho obligó a cerrar la inscripción porque el Estado no tienen suficientes plazas de trabajo

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Nada identifica a la escuela Luis Beltrán Pietro Figueroa como sede de la Misión Sucre en la parroquia Leoncio Martínez, en Caracas. En las noches solo se iluminan las aulas cedidas por el plantel para recibir a los estudiantes de la aldea universitaria, en la que funciona el programa creado en 2003 para permitir la inclusión universitaria y formar a los profesionales necesarios en las áreas prioritarias de desarrollo.

Doris Olivares y Yamilet Blanco, en noveno semestre de Estudios Jurídicos, están satisfechas porque con lo que han aprendido han podido ayudar al urbanismo William Lara, ubicado en la avenida principal de La Urbina, a resolver sus problemas de convivencia o crear consejos comunales. Casi todos sus compañeros de aula –en la aldea varía la cantidad de estudiantes por sección: entre 6 y 11 personas– hacen pasantías en el Palacio de Justicia, el Ministerio Público o Pdvsa.

“A partir del octavo semestre el Tribunal Supremo de Justicia da la oportunidad de llevar los currículos de todos los estudiantes de la misión”, señaló Blanco. Aunque conseguir una pasantía está prácticamente garantizado, no les ocurre igual con el empleo formal. Sin embargo, tienen esperanza pues supieron que el gobierno está creando varios tribunales municipales: “Quedaron en que ahí vamos a trabajar”.

La imposibilidad de que el Estado siga absorbiendo a estos egresados obligó a paralizar las inscripciones en algunos programas de formación. Olivares y Blanco forman parte de las últimas cohortes de Estudios Jurídicos que obtendrán el título certificado por la Universidad Bolivariana de Venezuela. “Hay muchos abogados y no hay dónde ubicarnos. La carrera la cerraron hace como dos años, solo quedan estudiando los de octavo, noveno y décimo semestre”, expresaron.

A mediados de octubre comenzaron las clases. Aracelis Blanco cursa el llamado trayecto inicial, especie de propedéutico que dura seis meses antes de iniciar la carrera. Asegura que nunca tuvo a su lado quién la motivara a superarse. Ahora cuenta con la ayuda de su esposo, educador, quien la ha impulsado a volver a estudiar. “Me gustaría ser abogado, pero dicen ya no se puede”, deploró Blanco.

Oferta supera la demanda. A 11 años de fundada la Misión Sucre, el presidente Nicolás Maduro señaló la necesidad de crear una base de datos de los egresados con el fin de encontrarles empleo. Una exprofesora del programa social en los Altos Mirandinos ayudó a formar educadores de preescolar desde 2004 hasta enero de este año, pues afirmó que hasta esa fecha duró el proceso de formación de esta especialidad. “El objetivo de Misión Sucre era formar profesionales que necesitara la nación. El Ministerio de Educación es el organismo que asume el compromiso de emplearlos, pero en estos momentos no está ingresando docentes porque está en pleno proceso de reestructuración. No se van a formar profesionales para estar desempleados”, dijo.

Luis Bravo, director del Instituto de Investigaciones Educativas de la Universidad Central de Venezuela, señala que el gobierno, en los primeros años de la misión, dio trabajo a los egresados como auxiliares en las escuelas sin contar con estabilidad laboral. Pronto la oferta de maestros para educación inicial y básica superó la demanda de estudiantes. Un ejemplo de ello es que más de 3.000 docentes en Lara, la mayoría de la Misión Sucre, fueron desincorporados de los planteles en septiembre, por orden del Ministerio de Educación, por falta de presupuesto para pagarles y de matrícula estudiantil para atender. Denunciaron que nunca fueron ingresados a la nómina del ME.

Un estudiante de Comunicación Social de la UBV dijo que los alumnos de esta carrera tienen dificultades para conseguir pasantías o empleo formal tanto en medios de comunicación públicos como privados. “La calidad de la educación no es lo que uno espera recibir por todo el contenido político que te enseñan desde primer semestre, pero al menos en la Bolivariana tenemos biblioteca, canal de televisión y estudio de radio. En las aldeas universitarias no hay nada de eso porque no tienen estructura física”.

Bravo señala que la Misión Sucre fue creada como un mecanismo empleador –más que un instrumento pedagógico–, que nació como oferta electoral.

Muchos egresados enfrentan dificultades para aprobar las pruebas de ingreso en postgrados, debido a la escasa preparación que recibieron anteriormente en la misión, advirtió Tulio Ramírez, coordinador del Doctorado en Educación de la UCV.

“El gobierno es el único dispuesto a contratarlos, pero los mercados tienen un límite, inclusive en la administración pública”.

Relegan a las universidades

No se disponen de cifras precisas sobre la Misión Sucre. Datos oficiales recabados de años anteriores revelaron que la matrícula disminuyó 83% en comparación con 2009, cuando se presentó el pico más alto con 577.321 beneficiados. Este año se calculan 315.512 inscritos, afirmó Maduro el 11 de octubre.
Pese a la disminución de la matrícula, el jefe del Estado aprobó en total 1.246 millones de bolívares para beneficiar este año en becas, cursos de posgrado y proyectos de investigación a la Misión Sucre. Frente a eso las universidades tradicionales recibirán, en promedio, 30% del presupuesto que fue solicitado para 2015. Ambos sistemas poseen requerimientos diferentes.
Tulio Ramírez, coordinador del Doctorado en Educación de la UCV, advirtió que el sistema universitario bolivariano no investiga. “90% de la investigación científica en el país la hacen las universidades autónomas. En las casas de estudio afectas al gobierno se forman profesionales sobre la base de la transmisión de conocimientos”, indicó.
Mientras la Misión Sucre carece de sedes -funciona en 1.308 aldeas diseminadas en escuelas, liceos, casas de cultura y aulas universitarias- y tampoco realiza investigaciones; las universidades nacionales están obligadas a pagar sueldos y salarios a un promedio de 12.000 trabajadores activos y jubilados, y además deben costear gastos de funcionamiento y de mantenimiento.