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Incertidumbre en el regreso a clases

En la Tribuna A de La Rinconada, las madres dicen que no cuentan con transporte escolar, uniformes ni útiles para el inicio de clases | El Nacional

En la Tribuna A de La Rinconada, las madres dicen que no cuentan con transporte escolar, uniformes ni útiles para el inicio de clases | El Nacional

Hacinamiento y falta de higiene caracterizan el ambiente donde viven los niños desde hace dos años

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Los niños de casi 25.000 familias que están damnificadas comenzarán el nuevo año escolar en los refugios. En la Tribuna A de La Rinconada, las madres que viven en los cubículos de 3 por 2,7 metros dicen que no cuentan con transporte escolar, uniformes ni útiles para el inicio de clases, pero advierten que el año pasado ocurrió algo similar.

"Uno hace lo que puede y poco a poco les compra sus cositas; luego, el Gobierno nos apoya y nos manda los uniformes", indicó Dunella González, damnificada de Tamanaquito, quien está embarazada y es madre de tres hijos de 12, 17 y 18 años de edad.

González lleva dos años en el refugio y no ha recibido adjudicación alguna. Espera que su hijo mayor reciba apoyo para ingresar a la universidad, mientras los otros dos estudian en la escuela Cacique Tiuna, donde no cree que reciban buena formación académica.

"Allá, los alumnos llegan a las 7 de la mañana y los profesores a las 10:00", aseguró.

A falta de alternativas en la alimentación, González decidió montar una bodega en el refugio: "Como para que cada uno pueda comprar algo y cocinar en su cuarto". También vende pastillas para el dolor de cabeza, pues dice que desde hace tiempo los médicos cubanos van una hora al día.

Miedo. Si quisiera definirse el olor del miedo habría que acercarse hasta la tribuna A, donde las personas hablan con señas por temor a represalias.

A pesar de que muchas de las que vivían en ese refugio han recibido viviendas en Ciudad Tiuna, todavía quedan 38 familias sin adjudicación, y otras 22 que llaman "infiltradas", por el hecho de haber llegado al lugar con un grupo distinto al de los damnificados originales.

Todos, censados o no, temen por sus vidas, pues según dicen, el lugar es un barrio sin ley. El sábado en la misma tribuna A, el albañil Ladiv Carrillo recibió una cuchillada en el pecho.

"Hablo porque ya he agotado los recursos"


Densy Martínez perdió la oportunidad de ser censada por estar en su trabajo. Lo insólito de su caso es que sus cinco hijos de 8, 10, 12, 13 y 17 años de edad sí fueron registrados en la lista de los damnificados que recibirán vivienda.

Algunos de ellos ingresaron junto con la abuela y los otros fueron inscritos con la tía, hermana de Densy.

Martínez considera que sus hijos no están aprendiendo nada en la escuela habilitada para los damnificados, en las adyacencias del Museo Alejandro Otero. "Uno de mis hijos tenía que estudiar segundo grado, pero como tiene 10 años lo pusieron en tercero.

Parece más bien un lugar para tareas dirigidas porque es como si estuvieran aquí en el refugio. Yo sé que no aprendieron nada, aunque hayan pasado de grado", agrega.

Deplora el estado de los baños, la calidad de los alimentos del comedor y la insegurida el refugio de la tribuna A, donde las aguas negras corren por el pasillo central, donde los niños juegan. "Hay gente que tiene menos tiempo y sin niños y han salido adjudicados", dijo.

"Los infiltrados no existimos"


Las aguas negras corren por los pasillos del refugio
Yulei Trens lleva un año en el refugio y forma parte del grupo de 22 familias que reciben el mote de "infiltradas", por haber llegado a La Rinconada después del grupo original.

Cuenta que vivía en el barrio El Mulatar de Catia y un buen día las paredes de su casa se empezaron a caer. Como estaba recién operada de la vesícula no llegó a la tribuna A junto a sus hermanas, que sí están censadas, y por ello, según cuenta, no tiene ni siquiera el derecho de entrar al comedor.

Ya recibió una notificación en la que le piden el desalojo del refugio, pero ella asegura que no tiene a dónde ir.

Es madre de un niño de 10 años de edad con necesidades especiales, Luis Alejandro, y de una niña de 4, María José. Para el primero ha pedido ayuda, pues sabe que requiere de otro tipo de atención; pero asegura que el padrino del refugio, el viceministro de Políticas Alimentarias, Carlos Franklin, ha ignorado sus requerimientos, al responderle que como infiltrada no tiene derecho a beneficio alguno.

Trens denuncia que los coordinadores del refugio han traído a otros damnificados, por lo cual se pregunta "¿Por qué a ellos sí les han dado oportunidad y a nosotros no?" Esta damnificada de Gramovén dice que estaría dispuesta a mudarse, así sea para otro refugio, pero que por lo menos espera que le den la oportunidad de tener una vivienda algún día.