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Los Diablos se arrodillaron ante el Santísimo en Yare

Diablos Danzantes de Venezuela | Foto: Francesca Commissari

Diablos Danzantes de Venezuela | Foto: Francesca Commissari

La cofradía danzó para agradecer que la Unesco los declaró patrimonio intangible de la humanidad

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Ayer a las 7:20 de la mañana un diablo caminaba por la calle Bolívar de Yare. Iba cubierto de rojo, desde las medias hasta la pañoleta y una campanilla, colgada en el bolsillo derecho del pantalón, delataba su andar. El hombre caminaba con una máscara en la mano, con un cierto tono desafiante que sólo una cruz de palma bendita podía apaciguar. Atravesó el umbral de la Casa de Los Diablos, pero a esa hora sólo habían llegado el alcalde del municipio San Francisco de Yare, Saúl Yánez; el primer arriador, Cruz Alejandro Rivas, y el promesero Douglas Rivas. Así que se persignó ante el Santísimo y decidió esperar hasta que llegaran sus otros compañeros.

No tardaron mucho. Todos querían celebrar la decisión de la Unesco de declarar a las 11 cofradías de Diablos Danzantes de Venezuela como patrimonio cultural intangible de la humanidad.

Uno a uno fueron llegando y seguían, sin mayor variación, el mismo ritual: hacerse la cruz ante la ostia consagrada para luego zambullirse en un sonido mágico que los zarandeaba de derecha a izquierda y de adelante hacia atrás en un movimiento que era festivo y reverencial al mismo tiempo.

Cualquier oído foráneo pudo haber escuchado el repique de unos tambores, mas para los promeseros del Santísimo Sacramento del Altar, se trataba de La Caja, que es tocada para avisarles a los Diablos Danzantes que deben acudir para empezar la reunión y el recorrido.

Con apenas 9 años de edad, Melvin Suárez llegó a la Casa de Los Diablos junto con su primo Robert Yánez, de 11 años. No tenía máscara, pero sí vestía camisa, pantalón y medias rojas, así como las típicas alpargatas, el rosario en el cuello y la cruz de palma a un lado del bolsillo. Dijo que bailaba para agradecer por su vida, porque la mamá le contó que él se “iba a morir de las tripas”, pero lo operaron y se salvó. Mientras que su primo Robert aseguró que bailará hasta que muera, pues él danza para que nadie más en su familia sufra alguna enfermedad y tenga que pagar promesa por ello.

Ambos niños se arrodillaron y bailaron hincados ante La Caja, como si de pronto la música los envolviera y transfigurara en cometas de colores que el viento mueve a su antojo.

Madrugadas hermosas. A las 9:05 de la mañana llegó a la Casa de Los Diablos el candidato a la Gobernación de Miranda, Elías Jaua. Asistió junto con su esposa y el ministro de Cultura, Pedro Calzadilla.

Isabel Rivas, una diabla vestida con falda de joropera y blusa blanca, lo recibió con un rosario “de protección”. Otros promeseros no podían ocultar su alegría al abrazarlo y agradecer el apoyo dado por el Gobierno al insistir en la postulación.

Aunque los Diablos Danzantes son una tradición que comenzó en 1749 y se caracteriza por su belleza, colorido y por expresar una cultura autóctona, ni Jaua ni el ministro Calzadilla atenuaron sus declaraciones, de un marcado tono político favorable al Gobierno.

Jaua comentó que el jueves despuntó el día con la noticia de la declaratoria de la Unesco y el viernes con la llegada al país del presidente de la República, Hugo Chávez, por lo cual pidió que siguieran esos amaneceres, para que las “madrugadas fuesen más hermosas”. Mientras que el ministro Calzadilla afirmó que el primer mandatario nacional es la fuente de inspiración para dar la batalla en la defensa de la identidad nacional.

Toque de cruces. La música de los cascabeles y serpientes invadieron las calles Bolívar y Rivas para buscar el cementerio. Era un rumor de panderetas agitadas que saltaban de cada una de las maracas de los diablos. Como chicharras sobre el asfalto, cantaban: Tu, tu, cu, tu, cu, tu, cu, tu. Tu, cu, tu, cu, tu, cu, tu. Tu, cu, tu, cu, tu, cu, tu… en un redoblar infatigable que no culminó sino ayer después del mediodía, luego de que los promeseros bailaran en la entrada del cementerio (para rendirle tributo a los diablos que han fallecido) y también a las puertas de la iglesia San Francisco de Paula, donde se realizó una misa solemne.

Frente al camposanto un diablito, de 2 años de edad, agitaba una maraca en la mano derecha. Su madre, Jhana González, explicó que Yoandinson nació con un problema de calcio en la orina y que después de orarle al Santísimo, el niño empezó a mejorar.

Hubo fuegos artificiales y lluvia de papelillos rojos para los promeseros de la cofradía de los Diablos Danzantes. Durante la misa, sus miembros aguantaron el sol mientras estaban hincados en la terracota de la plaza. El mal quedó derrotado. Los Diablos se arrodillaron frente al Santísimo Sacramento del Altar y como dijo alguno: “Sí, el sol es inclemente, pero es nuestra promesa y debemos pagarla”.

“Estaba muerta”

Cuando no tenía ni 20 años de edad, Petra Rafaela González sufrió tifus hemorrágico. Cuenta que la promesera María Monasterio le recomendó a su mamá que la encomendara al Santísimo Sacramento del Altar y fue así como se curó e ingresó en la cofradía de los Diablos Danzantes de Yare.

Ayer, con 97 años de edad, González estaba sentada a las puertas de la iglesia, mostrando cómo de aquella mujer frágil y menuda surgió una primera capataz recia, que dirige al grupo con su “mandador” (una especie de bastón de madera que lleva en la mano derecha) y su mirada.

González asegura que tras sufrir la enfermedad, ella murió, y hasta una vela le colocaron para despedir su cuerpo. Pero, luego de ser entregada al Santísimo, ella regresó. Ahora no sabe si fue un sueño, pero cree que lo vivió: “Iba caminando por una vía y un señor, a mitad de camino, me preguntó por mi rumbo. Yo le dije que iba donde mi hermano, para beber agua. Entonces se abrieron las ventanas de una casa y de allí salía mucha gente a ofrecerme agua. No me la bebí, sino que agarré otra vía”, contó González, quien dijo sentirse sana y orgullosa de su pueblo. “Fíjate a dónde me fueron a llevar”, dijo, mientras compartió con Lilian, Judith, Belkis y Elvic Palma, hijas de Gumersindo Palma, que fue considerado el Diablo mayor de Yare.