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“Para las madres no hay limitaciones"

Rosa Peraza | WILLIAM DUMONT

Rosa Peraza | WILLIAM DUMONT

Las mujeres con discapacidad solicitan más apoyo del Estado y de las instituciones para cumplir su papel

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Rosa Peraza tiene 35 años de edad. Es licenciada en Educación graduada en la Universidad Central de Venezuela. Es madre de una niña de 2 años de edad, a la que nombró Urianny. Está divorciada y trabaja en una organización de eventos educativos para niños. Su perfil es como el de cualquier mujer venezolana que luego de asumir una separación matrimonial se convierte en cabeza de su familia y la mantiene con su trabajo. Sin embargo, una condición especial la diferencia del resto: usa un bastón que le indica el camino por el que debe andar. Rosa es invidente.

La educadora indica que, al igual que a las 336.249 venezolanas con discapacidad que se catalogaron como jefas de hogar en el Censo Nacional de Población de 2011, y que mañana celebrarán también el Día de la Madre, comparte el trabajo con las labores domésticas. Haber nacido con glaucoma congénito, que le provocó la pérdida de la visión, no ha sido un impedimento para su crecimiento como persona o para disfrutar de la maternidad.

“Hago las cosas como cualquier persona. Cuando voy a cocinar procuro que Urianny esté a mi lado. Siempre la tengo con su seguro para controlarla y saber qué está haciendo. Cuando se duerme aprovecho para hacer los oficios que faltan. Yo creo que no existen limitaciones para sacar a los hijos adelante”, sentencia.

Peraza relata que su matrimonio fue breve. Desde la ruptura, a los pocos días del nacimiento de la niña, se ha hecho cargo de su hija por completo. Todos los días hace el mismo recorrido con el morral con los teteros y pañales a un costado, el bastón en una mano y la niña del otro lado tomada de la correa. Ambas viajan en Metro y en autobús para llegar a su casa en la parroquia San José. Si el servicio de trenes presenta una falla, tiene 3 o 4 alternativas para llegar a su destino sin problemas.

Próximamente será la responsable de un curso de lectoescritura en Braille para niños que ofrecerá la Coordinación de Personas con Discapacidad del Cabildo Metropolitano de Caracas, oficina en la que ha despertado admiración por su actitud independiente.

Nancy Ramírez, una de las funcionarias que labora en el despacho en el centro de Caracas, señala que en una ocasión la mujer llegó a su casa en el 23 de enero sólo con escuchar la dirección.

“Hay personas que se enredan para llegar a un sitio o que se quejan por los problemas que tienen y dicen que no pueden continuar, pero ella es el mejor ejemplo de que sí se puede”, dice.

Ramírez también es objeto de admiración por su tenacidad. Ella también tiene limitaciones motoras debido a una malformación congénita en las caderas, que tampoco le impidió criar a sus tres hijos que tienen 30, 31 y 32 años de edad.

También sufrió una ruptura matrimonial que en vez de quebrarla emocionalmente la incentivó a trabajar para mantener a su familia. El mayor de sus hijos heredó la enfermedad y también estuvo discapacitado, pero logró que lo operaran y camina con normalidad. Mientras cumplía con sus labores domésticas y de madre hizo varios cursos de corte y costura, de secretariado y laboró como obrera en varias empresas. Cuando sus hijos se convirtieron en adolescentes decidió estudiar e ir a la universidad. Ahora es una activista que lucha por la inclusión de las personas con discapacidad en la sociedad.


Falta educación. Nancy Ramírez, miembro de la Coordinación de Personas con Discapacidad del Cabildo Metropolitano de Caracas, afirma que el punto de partida para lograr la visibilidad del grupo es la educación de la sociedad. “Es verdad que tenemos leyes y beneficios, pero hay cosas que aún están pendientes. Hay que educar y crear conciencia en las familias, que entiendan que somos uno más. También hace falta que se adapten los accesos a los edificios para facilitar la movilidad. ¿Cómo se puede cumplir con la inserción si no hay trabajos e instituciones adaptadas a ellos?”.

Las interrogantes de Ramírez revelan además el rezago en el cumplimiento de leyes y decretos especiales para la atención 1.715.161 venezolanos con alguna discapacidad. Los registros del Consejo Nacional de Personas con Discapacidad indican que existen poco más de 40 unidades municipales de atención a esa población de un total de 335 que deberían existir.

Esa realidad no es exclusiva de Venezuela. De acuerdo con los datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, sólo 1% de la población discapacitada en el mundo –estimada en 1 millardo de personas para 2011– está alfabetizada.