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Devaluación impulsa el consumo por parte de los colombianos

Puente Internacional Simón Bolívar en la frontera con Colombia en el estado Táchira | Foto: Eleonora Delgado

Puente Internacional Simón Bolívar en la frontera con Colombia en el estado Táchira | Foto: Eleonora Delgado

Si ya era caro para los venezolanos comprar en el país vecino los productos que escasean, desde el 13 de febrero es casi impagable

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El ajuste del tipo de cambio, que devalúa la moneda de 4,30 a 6,30 bolívares por dólar, tuvo el efecto inmediato y simultáneo de aumentar la capacidad de compra de los colombianos de todos los productos que se venden en Venezuela, en especial los alimentos de primera necesidad y otros artículos regulados.

Hasta el 13 de febrero, cuando se anunció la devaluación, el precio de la moneda nacional en la frontera era de 0,11 centavos de peso colombiano por bolívar. Una semana después, el precio aumentó a 8 bolívares por peso colombiano.

“En la frontera hay una situación distinta de las otras regiones por la diferencia cambiaria. A los habitantes de Cúcuta se les facilita venir a San Antonio y Ureña y hasta San Cristóbal a llevar mercadería de acá. Con lo que compran un producto en su país, pueden comprar hasta 10 aquí”, indicó Daniel Aguilar, presidente de Fedecámaras Táchira.

En cambio, el comprador tachirense que se surtía en el Norte de Santander de los productos que escaseaban en Venezuela, a partir de ese Miércoles de Ceniza vio pulverizarse esa posibilidad por razones presupuestarias: la plata no le da.

“Cúcuta siempre ha sido el ‘plan B’ de los venezolanos para comprar una medicina, un repuesto para el carro e incluso los mismos alimentos que escasean en Venezuela, pero ahora con esta devaluación y la pérdida aún más del valor del bolívar frente al peso sólo nos quedará ir a Colombia por una estricta emergencia”, se lamentó Josefina González, habitante de San Cristóbal.

De momento, el incremento de la capacidad de compra de los vecinos preocupa por la posibilidad de acentuar el problema de la escasez de alimentos e, incluso, el llamado en los ochenta “contrabando de extracción”: aquel que se dedica a sacar del país productos con precios controlados por el Gobierno, con la intención de favorecer a los habitantes más pobres, como es el caso de los alimentos y medicinas regulados, la gasolina, el papel sanitario y otros productos.

El poder adquisitivo de la moneda colombiana le permite eso a quienes la utilicen para cambiarla a bolívares. Isidoro Térez, presidente de la Cámara de Comercio de Ureña, explicó que el valor del peso con respecto al bolívar les hace rendir las compras en el país, y ahora más que la divisa colombiana aumentó su valor.

“En Colombia el salario mínimo está en 586.000 pesos, que al convertirlos a la tasa de 0,08 se transforma en 7.325 bolívares. Los 2.047,50 bolívares que vale el salario mínimo venezolano convertidos a pesos equivale a 163.800 pesos. Fíjese la diferencia abismal que existe”, señaló Térez.

Explicó que con la actual situación el desabastecimiento de productos de primera necesidad en Táchira empeorará por el estímulo que tendrán la venta ilegal de mercancías y las compras masivas en el territorio venezolano para expenderlos en Colombia.

“En otros tiempos los venezolanos íbamos a Colombia y hacíamos fiesta porque el precio de la moneda en la frontera nos favorecía. Ahora el cambio favorece a los colombianos, que pueden comprar en Venezuela por lo menos los productos de la cesta básica más económicos que en su país. La diferencia es que ellos nunca tuvieron desabastecimiento, siempre cubrieron su demanda y atendían la de los turistas, pero acá en Venezuela difícilmente se cubre la demanda de los venezolanos y no alcanza para ofrecer a los colombianos. Estas son las situaciones que deberían aprovechar los expertos que asesoran al Gobierno para sacar provecho y empezar a producir”, opinó Daniel Vásquez, habitante de San Cristóbal.

Medidas correctivas. Mientras, la realidad de los colombianos haciendo “ta’barato, dame dos” ya es un hecho en la frontera con el Táchira.
“Es impresionante cómo vienen con fajos de billetes a comprar ropa. El peso vale y el bolívar no y por eso lo pueden hacer. Aquí (centro comercial Sambil) se ve a los venezolanos mirando, paseando y comprando hasta con cierta timidez, pero los colombianos se están llevando todo”, expresó Carlos Villamizar, empleado de una tienda.

Consciente del escenario actual, el gobernador del Táchira, José Vielma Mora, indicó esta semana que había solicitado al presidente del Banco Central, Nelson Merentes, que lo apoye para crear empresas en el estado dedicadas a la producción y comercialización de rubros alimentarios.

“La única forma de poder combatir la inflación, la escasez, el contrabando y el desempleo es a través de líneas de empresas de producción nacional. Hay que crear empresas en las zonas industriales de Ureña, San Antonio y San Cristóbal. El tema económico se resuelve con más producción y ampliación de compañías y la disminución del contrabando de extracción”, indicó el mandatario regional.

Vielma dijo que es necesario preguntarse qué están haciendo en Colombia para frenar el paso de mercancías venezolanas de contrabando. Adelantó que se realizará una reunión con autoridades neogranadinas para compartir información sobre bandas criminales y que se dedican al tráfico de mercancías.

“Cuando empiecen a apretar las tuercas de acuerdo con el plan organizado, planificado y sistematizado, que no empiecen las quejas de los contrabandistas que atentan contra la paz y producción de Venezuela. Vamos a ir duro. Aquí se está lesionando a la frontera y el mayor afectado siempre es Venezuela”, advirtió.

Ramsés Díaz hacía compras en Cúcuta de los productos que escasean en Venezuela, pero cree que es posible que el Gobierno colombiano proteja su producción del contrabando venezolano generado por la devaluación del bolívar y aplique medidas en los municipios de frontera similares a las de 2010.

“En la anterior devaluación el Gobierno colombiano eliminó el impuesto al valor agregado en Cúcuta para incentivar las compras y favorecer a su gente”, señaló Díaz. “Pero quién controla a miles de personas que están en esa actividad ilegal ante el diferencial cambiario, que les reporta ganancias por la reventa de combustibles y de alimentos venezolanos en Colombia. Aunque las autoridades de ambos países se propongan restringir esta situación, no lo van a lograr porque es cuestión de fuerza de mercado y no de que pongan un policía o un guardia en la frontera”, señaló Térez.

Impacto inesperado: desempleo
De acuerdo con datos referenciales, en las localidades fronterizas venezolanas la mano de obra colombiana calificada, que estaba empleada en buena parte de las fábricas de textiles y marroquinería, comenzó a ausentarse al parecer por el bajo valor de la moneda venezolana, que no rinde ni a uno ni a otro lado de la frontera.

Voceros de Fedecámaras Táchira señalan que del lado colombiano los empresarios y comerciantes adelantan conversaciones con el Gobierno de su país, ante la incertidumbre que les causa la baja del turismo y de las compras y la penetración del contrabando con el que tienen que competir sus productos. Se afecta el empleo en Colombia, pues los comercios no pueden mantener la misma cantidad de trabajadores y no hay nuevas plazas para quienes están abandonando el mercado laboral venezolano.