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Denuncian que ancianos son expulsados a Colombia sin sus familias

Francineth Cuevo, de 101 años, decidió abandonar Venezuela antes de que lo expulsaran | Foto Amnistía Internacional Venezuela

Francineth Cuevo, de 101 años, decidió abandonar Venezuela antes de que lo expulsaran | Foto Amnistía Internacional Venezuela

Amnistía Internacional Venezuela realizó un trabajo especial que detalla casos de ancianos que se vieron forzados a salir de Venezuela por la frontera tachirense con algunas irregularidades después del conflicto entre ambas naciones

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Los colombianos de la tercera edad no han estado exentos ni de la expulsión desde Venezuela ni de malos tratos. Amnistía Internacional Venezuela hizo un recorrido por los albergues en la ciudad de Cúcuta y reseñó casos de ancianos separados de sus familiares, por el simple hecho de no haber nacido en Venezuela. 

Silverio Flores Cuevas está solo en el albergue Bella Vista, tiene más de 80 años y comentó que tenía 40 años viviendo en el Barrio Mi Pequeña Barinas en San Antonio del Táchira. Atrás dejó 7 hijos, 5 nietos, y ahora está solo en Colombia.

Silverio se quejó de que la Guardia Nacional Bolivariana lo engañó diciéndole “vamos abuelito” y lo montaron a un camión a pesar de estar residenciado legalmente en Venezuela y de que sus papeles, que los muestra con determinación, vencen en el año 2021. Cuando se dio cuenta ya estaba lejos de su casa y solo recuerda a sus hijas llorando cuando lo agarraron.

El señor lloró al comentarme que tiene todos los documentos de nacimiento de sus hijos y nietos venezolanos, su cédula y pasaporte colombiano, carta de residencia, el papel para comprar el gas, participó en la Misión Robinsón, programa social del gobierno venezolano que enseña a leer y escribir a la población analfabeta, su carnet está avalado por el gobierno nacional, y además tiene una constancia de "salida arbitraria" de la Defensoría del Pueblo de Colombia. Todo ordenado en cuadernos y carpetas con la intención de demostrar que está legal en Venezuela.

“Yo no le he hecho daño a nadie, si me dicen que me puedo regresar ya mismo salgo corriendo. Solo pienso en mis nietos, salíamos a caminar agarrados de la mano”, aseguró.

La descripción de lo que ocurrió en este caso correspondería con una deportación arbitraria en cuanto a carencia de debido proceso, donde no se le informa las causas de la deportación, ni tiene oportunidad de oponerse o ejercer defensa, por el engaño.

“Todos somos personas inocentes”

En el albergue Senderos de paz se encontraron con Rudelman Beltrán, tiene aproximadamente 70 años y comentó que vivía con su hijo, mayor de edad, y su esposa en Charallave (Venezuela), ya que el gobierno les dio una parcela de 100 metros de frente por 200 de fondo, “supuestamente para trabajar”, así que compraron sus pasaportes y se fueron. Al ver que la situación en la frontera se estaba complicando y no tenía documentos, decidió regresarse a Colombia por el río.

“Estoy solo, mi hijo y esposa se quedaron en Venezuela, pero lo que más me partió el alma en el momento que llegué por el río Táchira, al barrio La Parada, fue ver mujeres a embarazadas y niños corriendo de Venezuela a Colombia, se me salieron las lágrimas, les ayudé a cargar sus enseres, a conseguir comida y a trasladarse a los albergues. En Venezuela no les informan lo que está pasando, pero en los refugios no hay ni un solo paramilitar, todos somos personas inocentes”, expresó. 

Rudelman agregó que su esposa y su hijo tienen la nacionalidad venezolana, así que no quiere decirles que se vayan a Colombia, solo espera que mientras todo se soluciona, pueda conseguir un trabajo para sustentarse hasta el momento en que se reúna con su familia. 

“Si a mí me dan un trabajo puedo sobrevivir, pero estas madres solas con sus hijos me duelen más, vi una pasando el río y cargando su nevera en la espalda, esto es injusto”, apuntó.

A varios les habrían roto sus documentos

El albergue más cercano al puente internacional Simón Bolívar se llama Hotel La Unión, allí estaba en la habitación 239 el señor Román Álvarez, 58 años, colombiano de nacimiento, quien vivió 40 años en La Fría, estado Táchira. Dijo que tenía cédula venezolana hasta que se la rompieron y lo deportaron por ser colombiano.

“Cuando salí a comprar mercado en la bodega y un guardia me pidió la documentación de forma grosera, con mal trato verbal, sin respetar que soy de la tercera edad y al enseñarle mis documentos cogió una tijera y los rompió. Al mismo tiempo sacó una peinilla y me iba a pegar en la cara, entonces le tuve que poner la mano y me cortó la piel, me tuvieron que operar al llegar a Colombia”, evidenció.

Román se encuentra solo en Colombia. Sus padres fallecieron cuando estaba joven y después de prestar el servicio militar decidió hacer una nueva vida en Venezuela, donde trabajó hasta el día que lo sacaron. No tiene esposa ni hijos.

Señaló que tiene algunos familiares en el departamento de Antioquia (Colombia) pero no tiene algún tipo de amparo ya que se independizó hace muchos años.

En el contexto de la migración tanto el Relator ONU como la Corte Interamericana de Derechos Humanos han encontrado que la confiscación de documentos tienen una finalidad que puede ser: extorsionar a la víctima, crear un cuadro de migración irregular para la deportación o provocar un contexto de intimidación a la víctima. Este caso parece ser la segunda hipótesis.

Quiere regresar a Venezuela porque tiene una parcela que se compró con sus ahorros.

“No es justo lo que nos están haciendo a los colombianos, somos dos países hermanos, todos no tenemos culpa del problema que esté ocurriendo en el vecino país, los campesinos solo fuimos a Venezuela para trabajar”, finalizó.

El caso del colombiano de 101 años

Francineth Cuevo, un señor de 101 años, decidió abandonar Venezuela antes de que lo expulsaran, es del Valle del Cauca (Colombia) y ahora se encuentra albergado en el Hogar de Nazareth y es cuidado por las hermanas de la Madre Teresa de Calcuta.

“Yo creo mucho en Dios, es mi gran amigo que me cuida y por él vivo, de manera que me tocó irme de una finca en Barinas que yo cuidaba. El dueño me dijo que agarrara plata para que me fuera a Colombia antes que me sacaran a la fuerza. Arreglé mi maleta y fui a donde un señor que viajaba frecuentemente a San Antonio del Táchira, le pedí que me llevara urgente a la frontera”, comentó.

Francineth, dijo que cuando llegó al puente Simón Bolívar estaba repleto de gente y de policías. Expuso que lo montaron en el autobús en el que iban todos los colombianos deportados o que regresaban voluntariamente para llegar al otro lado del puente, no tenía de quién esconderse, y recordó a sus padres que fallecieron en Fredonia, departamento de Antioquia (Colombia). Contó que tuvo novias y esposas en Venezuela, pero no recuerda si tiene hijos.

El primer día que llegó a Colombia lo refugiaron en el Hotel La Unión y al día siguiente que llegó el presidente de la República le contó su historia y a los días lo mandaron para el ancianato, para que allí descansara con otros 3 colombianos de la tercera edad expulsados de Venezuela.

Relató con mucha emoción el cariño de la gente, ha salido en todos los medios de comunicación del país, lo han ido a visitar, le llevaron ropa, alimentos, medicina, una cama nueva, y por su edad lo han tratado muy bien, incluso para pasar la frontera, no tuvo problemas con nadie y ahora está descansando en un ancianato.