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En Los Cortijos probaron llegar en bici al trabajo

Estudiantes de las universidades Santa María y Simón Bolívar realizaron una prueba piloto de un sistema de alquiler de bicicletas

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José Bello inauguró el servicio de préstamo de bicicletas a eso de las 7:30 am. Salió del Metro, se registró en el toldo de la acera del frente y rodó hasta la planta de Polar, donde trabaja. “Me parece muy buena esta iniciativa. Hay mucha contaminación en la ciudad. Quiero comprarme una bici, pero todos los días suben y suben de precio”, dijo.

Antes de conducir el vehículo, José recibió las instrucciones de los estudiantes que participaron en la prueba piloto de un sistema de transporte público en dos ruedas, que buscaba medir la intención de uso de ese medio de transporte entre la marea de gente que a diario pelea por un sitio en la acera o la calzada de la avenida principal de Los Cortijos. 

El análisis de los resultados está en cocción todavía. Pero en la primera media hora se sumaron 8 personas. A la hora eran 23. A media mañana llegaban a 40. En total, 52 ciudadanos sustituyeron sus viajes a pie, de entre 800 metros y 1 kilómetro, por un paseo fresco y fugaz en bicicleta para llegar al trabajo, señaló Yeferson Parra, coordinador del Programa Ruédala Simón de la Universidad Simón Bolívar, que desde abril ofrece un servicio de alquiler de bicicleta en el campus de Sartenejas y prestó los vehículos para la actividad.

El ejercicio realizado por estudiantes de la Universidad Santa María y la USB es una iniciativa de Aga Estudio Creativo y Ruédala Simón, fruto de las propuestas que surgieron en el I Encuentro Nacional de Ciclismo Urbano, realizado en septiembre.

La prueba buscaba comprobar si había interés y disposición de rodar en bicicleta y si un sistema como ese lograría pedalear en una Caracas atascada por los carros. “Sí es posible, este primer experimento lo comprueba”, dijo Eliana Arguinzones, arquitecto y activista por el ciclismo urbano.

En 2 toldos se dispusieron 20 bicicletas en préstamo, que debían dejarse en 3 puntos de la avenida principal luego de usarlas y que serían redistribuidas por los organizadores para su rotación. En las estaciones de préstamo se tomaron los datos personales de los usuarios y se entregaban las bicis sin costo alguno –sólo la confianza- e inclusive con la recompensa de una chupeta y el agradecimiento estudiantil por la tarea cumplida para la cátedra Laboratorio de Fabricación de la Escuela de Arquitectura de la USM, a cargo del profesor Orlando Vásquez, quien pasó lista y supervisó la asignación con casco y en dos ruedas.

La gente acogió el sistema. “Sin sudar, llegue a mi trabajo en 1 minuto y 22 segundos”, dijo José Rodríguez. Miguel Malavé, habituado a rodar por La Llovizna, en Puerto Ordaz, en bici con su hijo, decidió tomar el servicio para llegar a su trabajo: “Me parece bien porque es en bajada”. Carol Márquez se subió a una bici en botas de tacón y blusa sedosa. “Me encanta el deporte y me interesa el ambiente. Esto está súper chévere”, dijo antes de arrancar.

La irrupción de las bicicletas en la zona captó la atención de los motorizados. Más de uno se acercó a los puestos de préstamo tentado a usar sus piernas como motor. De una línea de mototaxis cercana saltaban las bromas. “No te asustes”, le dijeron a una muchacha que titubeaba con el manubrio.

Los organizadores emitirán un informe técnico que permita a las autoridades implantar un sistema de ese tipo. “Esta actividad sirve para recoger datos y la iremos repitiendo en otros sitios con grandes flujos peatonales que deben cruzar largos recorridos”, dijo el profesor Vásquez.