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Condiciones de salubridad del Hospital Universitario amenazan a los pacientes

El área de Emergencia está  custodiada por milicianos y personal de seguridad interna | William Dumont

Hospital Clínico Universitario | Foto Archivo El Nacional

El presidente de la Sociedad de Médicos Internos y Residentes del Clínico, Jesús Velázquez, explicó que el presupuesto que asigna el Ministerio de Salud no alcanza para el mantenimiento de las instalaciones

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Aurimar Guerra tiene internada a su hermana en la terapia intensiva del Hospital Universitario de Caracas. Es la primera vez que visita este centro de salud pública y afirma sentirse sorprendida por la situación que observa durante su estancia.

“Este hospital está en muy mal estado. La infraestructura está muy dañada; aparte, también se nota una falta de sanidad. Hay muchas moscas, zancudos, chiripas que caminan por las paredes, incluso, por los colchones. El Clínico está muy dañado y estas condiciones pueden afectar a mi hermana, la pueden contaminar”, expresó.

En este centro de salud pública ingresan aproximadamente 1.000 pacientes a diario ya sea por consultas o emergencias, según información suministrada por Pablo Zambrano, directivo del Sindicato de hospitales y clínicas. El deterioro del Hospital Universitario de Caracas ha devenido en una crisis de infraestructura y producido, a su vez, un ambiente de salud donde no se garantizan las condiciones de bioseguridad para pacientes y trabajadores, siendo definida bioseguridad como el control de los riesgos biológicos generados durante el proceso de atención al paciente.

En un recorrido por las instalaciones del comúnmente llamado Clínico Universitario, se observan pisos desnivelados, paredes en mal estado con frisos dañados y filtraciones, baños cerrados por contaminación y aquellos que funcionan no poseen suministro de agua y tienen las piezas sanitarias rotas.

Lisbeth Gómez, residente del primer año de Medicina interna, señala que si no hay una buena estructura hospitalaria, es imposible brindar una buena salud al paciente.

“La infraestructura no hay cómo acomodarla, hay cloacas y servicios de aguas negras que no funcionan y eso es una contaminación adicional debido a la existencia de bacterias  provenientes de las tuberías de aguas negras. Esto es muy peligroso para los pacientes, en especial, los que vienen recuperándose de cirugía o procedimientos delicados”, acotó.

La enfermera Fabiola Briceño tiene diez años trabajando en el hospital. Ella alega que el clima de inestabilidad institucional reinante en el hospital, generado por la ausencia constante del director José Vladimir España,  ha provocado que los problemas no se solucionen de forma eficiente. “Desde que yo empecé a trabajar aquí  hasta este momento, el hospital ha desmejorado bastante. Hay un notable desinterés por intentar brindar salud de calidad”.

La doctora Natalia Herrera, residente de Psiquiatría, señala que el Hospital Universitario de Caracas fue construido para una población de una época en la que actualmente no se encuentra el país y que la demanda de pacientes sobrepasa la capacidad del hospital.  “Este es el hospital más grande de Venezuela, en donde se atienden casos más complejos a nivel nacional. Este hospital no fue construido para atención primaria, sino para casos que requieren mayor especialización”.

Testigos de un ambiente insalubre

En la infraestructura del Hospital Universitario de Caracas son pocas las remodelaciones que se han realizado, por lo que el deterioro es generalizado. Fabiola Briceño arguye que cualquier condición puede influenciar en la recuperación del paciente y lamenta el estado en el que se encuentran muchas áreas. “Si tú das un recorrido por los baños, la mayoría de las pocetas no funcionan y las que funcionan tienes que echarle un tobo de agua al terminar de usarla. ¿Cómo un paciente que fue operado va a levantar peso para echarle agua a una poceta?”.

Gina Figueroa es estudiante de enfermería de la UCV y realiza sus prácticas en las salas generales de Cirugía. Ella asegura sentirse consternada por la situación de daño estructural que sufre el hospital. “El hospital se está desmoronando. Esto está afectando a los pacientes, porque están dadas las condiciones para que se generen microorganismos que se incorporan en el cuerpo del paciente provocando una infección. Se han agotado los recursos para hablar con el gobierno y plantearle todos los problemas que hay en el hospital, pero no recibimos respuesta”, agregó.

Aurimar Guerra teme por la salud de su hermana. Cree que el gobierno debe hacerse responsable de mantener una estructura tan grande y antigua. “Si mi hermana agarra una bacteria, ¿quién responderá por ella? Nosotros no queremos que todos nos lo regalen, pero merecemos un servicio de salud de calidad”, advirtió.

La residente Lisbeth Gómez afirma que la estructura de un hospital es tan importante como los insumos y como el material humano. “La situación del Clínico es multifactorial: no hay mantenimiento, no hay insumos, no hay quien los diligencie; hay un mal manejo de los recursos y por eso estamos en crisis. Venezuela, en materia de salud, nunca ha estado en un nivel óptimo, jamás hemos sido una potencia en salud. Los esfuerzos del gobierno en materia de salud deberían orientarse a tener un sistema público de salud realmente eficiente”.

José Gregorio Zabala, quien trabaja en el área administrativa de Bienes nacionales, considera que el hospital está en perfecto estado. “Yo trabajo aquí, yo lo veo a diario. No me puedo quejar de nada, no hay deterioro de ningún tipo, solo le falta una ‘pinturita”. 

Perspectiva médica

Uno de los médicos residentes de Cardiología, Juan Hernández, manifestó que la infraestructura del hospital es la misma que tiene desde su inauguración, que fue en 1956. Indicó que no se le ha dado un mantenimiento adecuado a las habitaciones y baños de los pacientes, lo que constituye una amenaza para la salud de estos. “Se supone que si nosotros tenemos el deber de atender la salud de las personas deberíamos contar con instalaciones adecuadas que posean unas condiciones sanitarias decentes”, añadió.

El residente cuestionó a la directiva del Clínico Universitario, pues, según su opinión, no se ha preocupado por mejorar el estado de los espacios más afectados del hospital, como los corredores y ascensores. Refiriéndose particularmente a la zona de Cardiología, destacó que esta cuenta con dos alas de hospitalización que están viejas y que funcionan a medias. “Las alas de hospitalización han recibido mantenimiento en determinadas ocasiones, pero este no es suficiente para mantenerlas acordes”, describió.

Hernández informó que en el laboratorio de Ecocardiografía había seis máquinas para realizar ecos a los pacientes y que, actualmente, solo hay dos para atenderlos a todos. “A diario recibimos entre  50 y 60 pacientes que requieren ecos y se deben atender con los dos equipos disponibles”. Además, señaló su preocupación por el deterioro de los sanitarios. “Los baños no están en condiciones óptimas para ser usados por los pacientes, puesto que muchos tienen los lavamanos y las pocetas rotas”.

La médico residente de Psiquiatría, Natalia Herrera, explicó que en distintas instalaciones del hospital las tuberías están corroídas y tapadas, por lo que necesitan reparación antes de que presenten pérdidas o roturas. Asimismo, detalló que en el hospital, como consecuencia de la poca limpieza y el casi nulo mantenimiento de la infraestructura, hay zancudos, moscas y chiripas que colocan en riesgo la salud de los pacientes y del personal que vive allí.

Herrera resaltó que los residentes de Psiquiatría reciben por día entre 12 y 100 pacientes que entran por emergencia. Adicionalmente, precisó que a cada uno de los 8 residentes le corresponde atender a 40 pacientes por consulta externa. “Además de que no hay suficientes camas para todos, se nos hace difícil proveerles un espacio limpio y adecuado para ser atendidos”.

Presupuesto ficticio

El presidente de la Sociedad de Médicos Internos y Residentes del Hospital Clínico Universitario (Somir), Jesús Velázquez, explicó que el presupuesto que asigna el Ministerio de Salud alcanza para pagar, principalmente, al personal del hospital. “90% del dinero que nos asignan se gasta en pagar a los trabajadores de este centro, mientras que 10% restante apenas alcanza para la compra modesta de insumos. Hemos manifestado abiertamente que no hay dinero para hacerle mantenimiento a las instalaciones del Clínico, pero no hemos tenido una respuesta contundente que se traduzca en acciones”.

En noviembre de 2014, en el portal web del periódico El Nacional, se publicó una noticia titulada “Denuncian que el Clínico Universitario funciona a 50% de su capacidad”. Allí se reseña que el directivo del Sindicato de Hospitales y Clínicas, Pablo Zambrano, denunció que el hospital funcionaba a 50% de su capacidad total y que su director, José Vladimir España, no había invertido en el centro de salud los recursos asignados por el gobierno, que hasta esa fecha eran de 2,1 millardos de bolívares. “Hay un abandono manifiesto y mala administración de los recursos enviados por el gobierno a la institución”, recalcó.

Zambrano denunció también que en el hospital existe una lista de espera que contiene a más de 4.000 pacientes que esperan por ser operados. “De 16 quirófanos funcionan 4, pues estos no están bien constituidos para realizar procedimientos quirúrgicos”, detalló.

En mayo el ministro de Salud, Henry Ventura, reconoció las carencias en el sector de la salud, mencionando entre ellas el deterioro de la infraestructura hospitalaria. “Nos reunimos con los médicos residentes, internos y con los de postgrado de todo el Distrito Capital para decirles que aquí está el ministerio abierto. Asumimos que tenemos problemas de infraestructura y equipamiento, pero instalamos una mesa para dar una solución”, indicó.

Falta de sostenibilidad del hospital

El presidente del Somir destacó que la infraestructura del hospital es insostenible, debido a que desde un principio no fue diseñado para atender emergencias. “Fue construido para atender casos complicados de salud que se presentaban en todo el país y que eran referidos al Clínico para investigarlos y tratarlos”, informó Jesús Velásquez. Enfatizó que, a pesar de que se conoce esta realidad, se ha tratado de moldear la infraestructura para que también se puedan atender emergencias, lo que calificó como irresponsable. 

Manifestó que este empeño en adaptar la infraestructura del Clínico a la de un hospital que atiende emergencias ha perjudicado en gran medida a los pacientes. “Debido a la infraestructura original de este hospital, se tienen salas generales que usan cuatro pacientes al mismo tiempo, lo que genera riesgos de contaminación entre ellos”, explicó.

Velásquez concluyó que el Clínico Universitario ofreció lo que podía dar en su momento, y que es muy difícil que se recupere de su actual situación, pues, según su criterio, no es un centro que cuenta con la infraestructura idónea para atender de manera eficiente la salud. “Se debe comprender que lo que se está haciendo aquí no está bien, se están acaparando funciones que no corresponden con la verdadera capacidad del hospital”.

 Falta de atención gubernamental

Amalia Gutiérrez, residente de Neurología, cuestionó que luego de las reiteradas protestas en las puertas del Ministerio de Salud, por la falta de presupuesto y atención a las condiciones de la salud pública en el centro, no se hayan puesto en marcha proyectos para generar una mejora en la situación.  Adicionalmente, sentenció que el ministro, Henry Ventura, no se ha ocupado de atender los problemas que padecen los distintos hospitales. “No basta con que reconozca que hay problemas en el sector, tiene que dar soluciones”, insistió. 

Lisbeth Gómez expresó que han sido numerosas las solicitudes que han hecho a la dirección del hospital para que se realicen trabajos en pro de la infraestructura. Sin embargo, alegó que la directiva suele ignorar estas peticiones. “Nunca nos dan razones, ellos o ignoran la situación o traen una cama hoy para que la gente se tranquilice y no proteste más”, puntualizó. 

El Hospital Universitario de Caracas, que se encuentra actualmente en una crisis de infraestructura, no está en la posición de garantizar a sus pacientes y trabajadores unas óptimas condiciones de bioseguridad. El mantenimiento de sus instalaciones y la inversión en recuperar las áreas más afectadas son determinantes para la consecución de un espacio que pueda garantizar la salud.