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Jacinto Convit sigue presente en la salud pública

Jacinto Convit

Jacinto Convit

En el centenario de su nacimiento, el científico no ha abandonado la cruzada que emprendió desde joven y que lo llevó a crear el Instituto de Biomedicina

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A pocos días de celebrar el centenario de su nacimiento, Jacinto Convit no ha abandonado muchas de sus labores y continúa al tanto de las actividades que se desarrollan en el Instituto de Biomedicina que fundó hace más de un cuarto de siglo y del cual sigue siendo director.

Muchos consideran que ese organismo ha sido su mayor legado, pues logró conjugar en un solo ente la actividad científica con un servicio público: la atención de pacientes con enfermedades dermatológicas estigmatizadas hasta mediados del siglo XX.

Desde el calor de su hogar familiar revisa proyectos, se reúne con sus más cercanos colaboradores y está pendiente de los avances en la atención de patologías dermatológicas en el instituto, entre ellas la lepra y la leishmaniasis. Además, se ocupa de otras enfermedades como la oncocercosis y la tuberculosis e, inclusive, de los avances de su propuesta de vacuna contra el cáncer, que está aún en fase experimental.

El próximo miércoles, 11 de septiembre, apagará las velitas de los 100 años de edad, rodeado de sus hijos y nietos. Algunos vendrán del exterior para compartir con él la fecha. Tiene tres hijos -dos de ellos médicos que viven fuera del país desde hace muchos años- y seis nietos. Su compañera de toda de la vida, Rafaela Marotta, falleció hace dos años y medio.    

El extenso aporte de Convit a la medicina venezolana comenzó cuando era un médico recién graduado, en 1938, año en que Martín Vegas y Pedro Luis Castellanos le ofrecieron un cargo de residente en el leprocomio de Cabo Blanco, en Vargas. Trabajó arduamente para hacer más humano el tratamiento a los enfermos de lepra e hizo aportes científicos para el avance de las terapias contra la enfermedad.

La nieta de Convit, Ana Federica, se encarga desde hace un tiempo de rescatar el legado de su abuelo y creó una fundación que lleva el nombre del científico, que además de hacer seguimiento de sus actividades, recoge más de 400 trabajos de investigación en los que ha participado o que ha liderado.

Próximamente, la ONG contará con una página web que dará detalles del servicio social que emprenderá, lo que incluye un programa para la detección temprana de tumores en niños, con un moderno equipo que se adquirió a través de un convenio con el Hospital J. M. de los Ríos. La fundación trabaja con donativos y colaboraciones. 

Activo. Pese a las limitaciones físicas que le impone el centenario, Convit está lúcido y trabaja desde su casa, asegura la nieta. Hace dos años fue sometido a una cirugía abierta a causa de una úlcera estomacal. Sin embargo, se alimenta bien y su rutina incluye dos horas diarias de ejercicios guiado por un fisioterapeuta. No toma medicamentos, solamente vitaminas, afirma Ana Federica. 

En el Instituto de Biomedicina continúan las investigaciones en las que estuvo involucrado. Próximamente, lanzarán la página web www.jacintoconvit.org con todos los programas que se desarrollan, incluyendo la inmunoterapia del cáncer. 

Homenajes y reconocimientos. Desde hace algún tiempo se realizan actividades en homenaje a Convit, que incluyen el apoyo para postularlo al Premio Nobel. La  cuenta de Twitter @NobelConvit tiene 5.342 seguidores.

El  blog creado con motivo del centenario de su nacimiento abre con estas citas textuales: “El premio Nobel no me quita el sueño, la cura contra el cáncer sí”. Sin embargo, la inmunoterapia contra los tumores en la que trabaja todavía es una promesa. La nieta del sabio indica que los resultados no están publicados todavía.

Convit recibirá homenajes de los vecinos de La Pastora y San José. En la primera parroquia porque allí nació un 11 de septiembre, y en la segunda, porque es donde funciona el Instituto de Biomedicina. La Sociedad Bolivariana de La Guaira encargó un busto del científico que será colocado en la sede de la Academia Nacional de Medicina. Las promociones médicas que llevan su nombre también preparan actos en su honor. A principios de año, la Asamblea Nacional, aprobó por unanimidad un acuerdo de reconocimiento para el científico.

Creador de un modelo

Felix Tapia, coordinador del Laboratorio de Biología Molecular del Instituto de Biomedicina, compartió con Jacinto Convit por 38 años, durante los cuales colaboró con él en varias líneas de investigación en lepra y leishmaniasis. "El científico tuvo el mérito de comprender desde muy temprano que es la investigación la que promueve la buena docencia, genera profesionales competentes y fomenta una atención médica de calidad”, destaca.

Su mayor obra, subraya, fue la creación del Instituto de Biomedicina, sede de Dermatología Sanitaria y por ende es el centro nacional de referencia de las enfermedades cutáneas y desde 1976 designado por la Organización Panamericana de la Salud como Centro Panamericano de Investigación y Adiestramiento en Lepra y Enfermedades Tropicales. “A lo largo de más de 40 años ha sido un modelo para Venezuela. Allí se conjugan perfectamente la asistencia médica, la docencia y la investigación, equilibrio que Convit logró uniendo los esfuerzos de la UCV, el Ministerio de Salud y la Alcaldía de Caracas, tarea nada fácil. El instituto ha sido un sitio donde se fomenta la autonomía, la libertad de pensamiento y la gestión del conocimiento”.

En el ojo del huracán

La mayor parte de los investigadores venezolanos reconoce los aportes científicos de Convit. Sin embargo, el anuncio, en años recientes, de que trabajaba en una vacuna contra el cáncer, generó cuestionamientos debido a que muchos críticos consideraron que no se cumplieron los pasos que exigen los protocolos internacionales de investigación y que se habían creado falsas expectativas en personas aquejadas por la enfermedad.

La polémica no ha mermado el reconocimiento público al científico, quien ganó el Premio Príncipe de Asturias en 1987, fue nombrado Héroe de la Salud Pública por la Organización Panamericana de la Salud en 2002 y es uno de los pocos cuyo nombre ha logrado permanecer en la memoria colectiva de los venezolanos.

En una entrevista que concedió en 2009 afirmó que nunca ejerció la medicina privada porque no iba con su carácter: “El médico debe ser un servidor público. Para mí, esto no es un negocio: se trata de proteger la vida humana. Es muy difícil hacer fortuna ganando un sueldo de médico de salud pública. Pero, al fin y al cabo, uno no necesita eso. Porque si uno tiene una vida discreta y le es suficiente lo que gana, uno se siente feliz”.