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Cargadores de esperanza en la Semana Mayor

Cargadora de santos | Ernesto Morgado

Cargadora de santos | Ernesto Morgado

Los fieles que acudan a los templos durante la conmemoración sacra observarán imágenes coloniales representativas de lo que vivió Jesús en cada una de las estaciones del vía crucis. Algunas de esas piezas son vestidas por dueños o cuidadores, que se esmeran en engalanarlas para transmitir una vocación de fe o para dar las gracias por los favores recibidos

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Promesa de por vida en Petare

Juan Sanoja tiene 76 años de edad y su promesa con El Nazareno es de por vida. Cuando vino al mundo, la partera no le cortó adecuadamente el cordón umbilical, arriesgando de ese modo su existencia. La madre le contaba que lo llevaba a la iglesia en brazos para compensar el milagro. Al cumplir 10 años formó parte del grupo de cargadores de santos.

“¡Claro que sí!”, responde Sanoja, cuando se le pregunta si todavía tiene fuerzas para llevar a Jesús con la cruz por las calles coloniales de Petare. Y aclara, inmediatamente, que su responsabilidad comenzará hoy –cuando se pondrá camisa blanca y corbata negra para montar guardia y resguardar la imagen desde las 6:00 am hasta las 7:00 pm–; y terminará cuando concluya la Semana Santa.

“Estaré con el Nazareno hasta que él me llame. Por los momentos seguiré cortando las palmas y colaborando en lo que haga falta”, dijo Sanoja, mientras un grupo de voluntarios se volcaba sobre las otras imágenes para acicalarlas antes de que fueran llevadas a recorrer las calles empedradas de Petare.

Fervor generacional en El Hatillo

José Ramón Pérez conoce detalles de los santos de la parroquia Santa Rosalía de Palermo, en El Hatillo, que a cualquier fiel le resultarían imperceptibles. Desde que tenía cinco años de edad se acercaba al Santo Sepulcro, al Cristo Crucificado, a la Virgen Dolorosa, al Nazareno y a San Juan, como quien se aproxima a un amigo con quien se puede conversar. Es una tradición de familia. Su abuelo pertenecía a la cofradía de esa iglesia y luego lo siguió su padre. Ahora tiene 74 años de edad y ya no puede con el peso de las imágenes, por eso se concentra en la organización de las actividades. El año pasado cumplió seis décadas llevando el paso de un recorrido que para él significa reflexión, amor y oración.

“Nunca he salido en Semana Santa, y ese fervor es lo que trato de transmitir a los miembros de nuestra cofradía. Aquí los cargadores de santos trabajan haciendo mudanzas, y para cumplir con las actividades religiosas dejan el camión estacionado y vienen a la iglesia. Estoy tranquilo porque sé que cuando yo no esté, mis hijos seguirán la tradición”.

Religiosidad pícara en Santa Teresa

Desde los 22 años de edad Eloy Carpio visitaba la basílica de Santa Teresa para rezarle al Nazareno de San Pablo. Trabajaba en ese entonces en el Ministerio de Obras Públicas y ya era una rutina ir a contemplar la imagen luego de almorzar, así como visitarla en Semana Santa. Pasaría cerca de 20 años repitiendo el trayecto hasta un Miércoles Santo, cuando, pasado de tragos, se dirigió a su casa a buscar a su esposa antes de ir a la iglesia y esta no quiso acompañarlo en aquél estado. “Yo me vine con mis siete muchachos, y cuando llegué al templo le pregunté al difunto Pedro Antivero si podía ser cargador”, recuerda Carpio, quien se demoró una hora en trasladar la imagen desde la puerta lateral hasta la salida trasera de la basílica.

Con 75 años de edad, Carpio preside la Cofradía del Nazareno de San Pablo, festeja el haber participado en dos jubileos y, por sobre todas las cosas, agradece que Jesucristo le haya salvado la vida a uno de sus hijos, que recibió más de 20 balazos en 2008. “Cuando me enteré de que le habían volado el parietal y había perdido el ojo derecho, agarré al Nazareno y le dije: ‘Es tuyo, pero no me lo quites”, relata, convencido del milagro.

En Chacao llevan el paso

Animado por un grupo de amigos, Ramón Antonio Hernández se acercó hace 31 años a la iglesia San José de Chacao, para participar en las procesiones de Semana Santa. A los ojos del párroco de turno los adolescentes no tenían la suficiente preparación y entrega que los hacía merecedores de cargar a los santos mayores, por eso tuvo que esperar dos años para poder acercarse a ellos y elevarlos.

“No es sólo cuestión de fuerza. Hay que saber llevar el paso y coordinar el ritmo con 24 personas al mismo tiempo”, explica Hernández, quien ahora, a los 47 años de edad, es vicepresidente de la Fundación de Cargadores de Santos de Chacao.

Hernández vive la Semana Mayor como una tradición que implica mucha responsabilidad, por eso tiene el proyecto de llevar charlas educativas sobre la historia de los santos y sus imágenes a las escuelas públicas del municipio, para que niños y jóvenes se sientan identificados con ese patrimonio que tiene más de 200 años.