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Cardiopatía: un mal que desanima a las mascotas

A pesar de que es una condición que no puede ser erradicada, con un diagnóstico precoz de la patología se puede alargar la vida del animal | Cortesía

A pesar de que es una condición que no puede ser erradicada, con un diagnóstico precoz de la patología se puede alargar la vida del animal | Cortesía

La detección temprana de la enfermedad ayuda a prolongar la vida del animal

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La cardiopatía es una insuficiencia cardíaca que puede afectar tanto a perros como a gatos, aunque es más común en los primeros.

Se produce por una incapacidad del corazón de realizar correctamente su función –la circulación mayor y menor de la sangre– y, por tanto, de satisfacer las necesidades del organismo.

A pesar de que es una condición que no puede ser erradicada, con un diagnóstico precoz de la patología se puede alargar la vida del animal. Algo que hay que tener claro es que casi todas las mascotas se enfrentan a problemas del corazón en algún momento de su vida. Los perros viven un promedio de entre 8 y 15 años. Los felinos un poco más.

Las causas. Antonio Salcedo, cardiólogo veterinario, explica que las válvulas del corazón, llamadas mixomatosas, se empiezan a degenerar a partir de los cinco o seis años de edad en los perros. Ellas actúan como compuertas que permiten el paso del flujo sanguíneo de un lado a otro del corazón.

En un punto determinado de esa degeneración, las válvulas chocan e impiden la correcta fluidez de la sangre. Las cámaras del órgano se agrandan por la congestión de líquido y se produce una estimulación vagal, esta última acción disminuye la actividad del corazón y, en algunos casos, puede llegar a detenerlo. Como consecuencia, se genera tos en la mascota.

Salcedo afirma que es muy común confundir esa tos con una incomodidad producto de la ingesta de algo indebido y hasta se puede pensar que se trata de una influenza pasajera. Sin embargo hay que estar atentos para evitar males mayores.

En otras ocasiones el origen del problema cardíaco se debe a una predisposición racial. Es el caso de la cardiopatía dilatada en los perros y que hace que el corazón aumente de tamaño debido a la cantidad de enzimas o de aminoácidos que contiene. Desafortunadamente, la enfermedad suele diagnosticarse en un estado avanzado; por lo tanto, el riesgo de muerte por esta causa es muy alto. Aunque puede presentarse en cualquier canino, las razas más propensas a padecerla son bóxer, cocker, pastor y poodle.

Problemas hormonales. Los gatos también sufren este problema aunque con menor incidencia, según Salcedo, y al contrario de los perros no responde a la raza. En el caso de los felinos se denomina cardiomiopatía dilatada y el riesgo comienza luego de superar los siete años de edad. La patología genera inconvenientes al respirar y cansancio.

Como las cardiopatías son menos frecuentes en los mininos, la detección de enfermedades cardiovasculares es difícil. Katherine Rojas, médico veterinario, comenta que la presencia de problemas del corazón en gatos, por lo general, está asociada al hipertiroidismo felino, es decir, a anomalías hormonales. Una señal que advierte este problema es que el animal empieza a perder peso aun cuando su alimentación sea normal. Si existe la sospecha de una alteración cardiológica, el felino debe ser sometido a una prueba física.

Dificultades al nacer. La enfermedad no siempre es adquirida. En ocasiones, se trata de problemas congénitos debido a irregularidades en el desarrollo embrionario. La mascota puede padecer taquicardia, taquiarritmia o problemas eléctricos del corazón.

Uno de los problemas congénitos más comunes es el ducto arterioso persistente. Esto sucede cuando, al momento del nacimiento, el ducto que conecta una cámara cardíaca con otra queda abierto. Solo puede corregirse con procedimientos quirúrgicos. Como el problema se ataca de manera rápida y no se le permite evolucionar, entonces, no hay consecuencias mayores.

Otro punto que se debe tomar en cuenta es la higiene. Rojas explica que existe un parásito que se instala en el corazón y desata insuficiencias cadíacas en perros y gatos. Su nombre es filaria, pero se conoce comúnmente como el gusano del corazón. Se transmite a través de la sangre y sus principales portadores son mosquitos.

Los síntomas. Los indicios de que algo va mal se empiezan a notar cuando la enfermedad tiene un tiempo de haber aparecido. Rojas comenta que las señales varían dependiendo del lado del corazón que esté afectado. Sin embargo, la tos, el cansancio y la intolerancia al ejercicio son síntomas en todos los casos, tanto en caninos como en felinos.

El perro pierde energía porque el corazón no realiza el trabajo que debe. Como consecuencia, puede presentar falta de apetito, somnolencia y padecer problemas respiratorios por falta de oxígeno. A esa dificultad se le conoce como disnea. “El corazón se congestiona y se compromete el aparato cardiopulmonar”, dice Salcedo.

El diagnóstico. Lo recomendable es hacerles un examen cardiovascular a los perros a partir de los cinco o seis años y cuando supere los siete se realiza una evaluación más profunda.

Lo usual en el chequeo cardiológico es hacer un electrocardiograma (para ver la función eléctrica del corazón y detectar la existencia de taquicardia, taquiarritmia o de ciertas patologías), 3 placas de rayos X con vistas diferentes del órgano, un ecocardiograma en el que se observan las cámaras, las arterias y las venas, y un perfil 20 para determinar cómo funciona la parte fisiológica del sistema. Después, un médico veterinario escucha los sonidos cardíacos para determinar alguna anomalía.

Salcedo explica que el perro debe ser sometido a las evaluaciones incluso si se encuentra sano. “Es necesario hacer el chequeo en los centros especializados. Así como se desparasita de manera trimestral, y se vacuna una vez al año, se debe hacer una evaluación cardiológica anual, a partir de los seis años”, explica.

Las patologías cardiológicas no se eliminan completamente. Una vez que aparecen, se convierten en una condición permanente en el can. Con la detección precoz se le prolonga la vida, pues los medicamentos mejoran la capacidad respiratoria, regularizan la circulación normal o liberan los líquidos acumulados en los órganos.

Salcedo dice que si se detecta una enfermedad cuando el perro tiene 9 años de edad, lo más probable es que se mantenga vivo hasta los 11. Sin embargo, si la enfermedad es tratada desde su inicio, puede continuar sus actividades hasta los 14 o 15 años.