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“Me siento muy ofendida cuando me señalan como bachaquera”

Las mujeres indígenas señalan que basta con usar una alijuna o manta por las calles para ser tildada como contrabandista | Foto: María Iguarán

Las mujeres indígenas señalan que basta con usar una alijuna o manta por las calles para ser tildada como contrabandista | Foto: María Iguarán

Aunque reconocen que hay contrabandistas wayuus, señalan que hay quienes son víctimas de las colas que se hacen debido al racionamiento de productos, que son insuficientes para las grandes familias indígenas

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Yelitza Urdaneta, doméstica, de 35 años de edad, madre de 6 niños y responsable económica de otras 8 personas que viven en su casa, cuenta que se ha acostumbrado a las burlas cuando ella sale de su trabajo en Delicias Norte con su manta típica a comprar algunos alimentos básicos como harina, arroz, mantequilla, azúcar y leche en los supermercados de Maracaibo, estado Zulia.

Mujeres como Urdaneta sobran en la capital zuliana, Mara, Machiques de Perijá y en el Distrito Militar conocido como La Guajira. Ella estaba en la parada de los autobuses extraurbanos que se estacionan frente al Mercado de las Pulgas, desde donde sale un numeroso grupo de hasta 60 mujeres autóctonas por día, en busca de 30 pacas de harina pan vendidas en 630 bolívares cada una, 40 pacas de azúcar en 300 bolívares (cada paca), arroz en 400 bolívares por paca, leche descremada y completa, latas de atún, hortalizas, verduras y detergentes.

Durante un recorrido por el mercado Bicentenario de Maracaibo, un domingo desde las 6:00 am, se constató la presencia de muchas mujeres indígenas, quienes aseguraron que buscaban alimentos regulados para cubrir las provisiones en casa.

Un funcionario de la GNB dijo que sólo venderían harina de trigo, igual las mujeres se quedaron haciendo cola. “Por si acaso llega la harina o el arroz, hay que arriesgarse”, señaló Mariela Hernández.

La realidad innegable es que existen los bachaqueros y que hay indígenas vinculados con el contrabando de alimentos regulados, como nos ratificó un vendedor de jugos de naranja que prefirió no identificarse.

Pero también es cierto que acusan de lo mismo a cualquier mujer que use una manta wayuu, como comprobó la periodista Glenyis Sencial Uriana de Radio Fe y Alegría, quien se colocó una manta y, cuando llegó a un mercado de Maracaibo, no quisieron venderle porque había llegado “la guajira bachaquera”.

“Somos burladas”, comenta Yelitza Urdaneta, refiriéndose a las burlas de las que son objeto.

Urdaneta, oriunda de Carrasquero, municipio Mara, deja de trabajar una vez a la semana, los miércoles, para recorrer los mercados desde las 5:00 am hasta las 5:00 pm en busca de alimentos regulados. “Por lo general no consigo. Me he acostumbrado a que la gente se burle de mí y me llame bachaquera. Me dicen: 'Está comprando para revenderlo'. ¿Quién va a revender 2 kilos de arroz si tienes que alimentar a 14 personas en tu casa?”.

Asegura que como doméstica gana poco menos de sueldo mínimo porque sólo trabaja cuatro días. Como es madre soltera, jamás deja de hacer las colas en medio del sol porque en su hogar comen la tradicional arepa y arroz con un poquito de pollo, porque el kilo debe durar máximo dos días. Desde hace cinco años recorre los mercados.

 Bachaqueras desde siempre. Luis Hernández, indígena y vendedor informal, explica que a sus paisanas la han llamado bachaqueras desde hace 13 años. “Ellas son un grupo que comercian alimentos de Colombia para Venezuela y ahora es al revés, pero por una persona pagamos todos. Ofenden a todas las indígenas, aunque ellas no se dedican a eso. Van 170 personas de mi comunidad bloqueadas”.

Kelly González, habitante de La Concepción, cuenta que ella no va a los mercados a hacer colas. “Afortunadamente puedo comprar con sobreprecios en el mercado, pero solo por usar manta, las alijunas me llaman bachaquera. Yo no les presto atención, aprendí a vivir con eso”.

Ana María González, habitante de Buena Vista, vía Tulé, ubicada en la parroquia La Sierrita del municipio Mara, es viuda, aunque tiene hijos grandes, en su casa viven más de 16 personas. Ella trabaja como doméstica y recorre también los mercados de Maracaibo en dos días intercalados. “Busco harina, arroz, margarina y hago mi colita”.

González expresa que siempre es burlada y llamada bachaquera. La molestan en las colas. “Como gano poco, solo puedo gastar 400 bolívares una vez a la semana. Yo me siento muy mal, me siento muy ofendida cuando me señalan como bachaquera”.

Un vendedor que no quiso identificarse aseguró que observa como las mujeres se llevan la comida del Mercado de las Pulgas. “Esas no hacen colas, se llevan toda clase de comida en grandes cantidades y son custodiadas por la Guardia Nacional Bolivariana”, afirmó. 

El equipo reporteril de El Nacional conversó con las mujeres indígenas que se trasladan hasta la población de La Guajira y otras a Maicao, en Colombia. 

Una señora que no quiso dar su nombre reconoció la reventa. “Yo llevo toda esta comida para Maicao porque aquí me sale más barato. Yo reúno mis realitos y vengo a comprar a Venezuela. Los indígenas tenemos una sola tierra, Venezuela y Colombia son lo mismo para nosotros”. Comentó que no tenía ningún problema al pasar las alcabalas del Zulia. 

Estos productos se consiguen en el Mercado de las Pulgas a precios fuera de regulación, en estantes pequeños que muestran apenas cinco pacas de harina de maíz.

Al preguntar por estos productos a una señora de aspecto indígena respondió: “¿Cuántos quieres? Te lo vendo a 630 bolívares cada paca de harina, se puede llevar todo lo quiera”. 

Violación de derechos. José David González, coordinador de derechos humanos de La Guajira, afirmó que sí hay violación del derecho a la alimentación, a la identidad y hasta el derecho a la vida desde la creación del Distrito Militar creado por Hugo Chávez.

Dice que hace 50 años las mujeres indígenas transitaban libremente por territorio venezolano y colombiano sin obstrucción alguna. “Es una práctica común que las wayuus compren alimentos en Maicao, Colombia o en Maracaibo, porque es una sola comunidad”.

Ahora, debido a la escasez, las indígenas son señaladas como bachaqueras, cuando en realidad son hasta profesionales con una numerosa familia que mantener.

La situación empeora en la frontera con Colombia y en río Limón donde los atropellos son cada vez mayores. “Es bastante fuerte para las comunidades indígenas, a pesar de que tenemos muchísimos voceros en la AN y en el Ejecutivo nacional. Hemos reclamado legalmente ante los organismos como Fiscalía, ONU, pero la situación parece no mejorar. Las indígenas perdieron el derecho a transitar libremente por los mercados para hacer compras para grandes familias”.

González asegura que el artículo 260 de la Constitución está siendo violado porque expresa que “el estado venezolano reconocerá la existencia de las comunidades indígenas, su organización social, política y económica, sus culturas, usos y costumbres, idiomas y religiones, así como su hábitat y derechos originarios sobre las tierras que ancestral y tradicionalmente ocupan y que son necesarias para desarrollar y garantizar sus formas de vida. Corresponderá al Ejecutivo nacional, con la participación de los pueblos indígenas, demarcar y garantizar el derecho a la propiedad colectiva de sus tierras, las cuales serán inalienables, imprescriptibles, inembargables e intransferibles de acuerdo con lo establecido en esta Constitución y la ley”.

Las comunidades indígenas exigieron una mesa de diálogo con una caminata realizada el 15 de agosto en La Guajira con el lema No Más Balas.

Los acuerdos internacionales de la ONU también están siendo violados. 

Cooperativistas exigen respeto al derecho a trabajar

Respeto al derecho a trabajar exigieron cooperativistas-transportistas de la etnia wayuu que desde ayer en la madrugada tomaron la residencia oficial del gobernador Francisco Arias Cárdenas. Denuncian abusos de los funcionarios del Distrito Militar. Aseguran que desde su instalación han muerto 20 de sus paisanos que son confundidos con bachaqueros.

Usaron camiones para bloquear las calles que rodean la residencia oficial, entre ellas Bella Vista y San Martín. Mujeres vestidas con batas representativas de la etnia llevaron chinchorros y botellones de agua porque, hasta ayer en la mañana, dijeron que no se moverían hasta que hablaran con el gobernador. Oficiales de Polizulia acordonaron la zona.

“El pueblo wayuu exige respeto a la Constitución y a los derechos de los pueblos indígenas”, era el mensaje de una de las pancartas. Señalaron que se han reunido con los generales encargados del Distrito Militar y han llegado a acuerdos, pero quienes no los respetan son oficiales que están al mando de las comisiones. Los tomistas exhortaron al Ministerio Publico a investigar las muertes de sus paisanos, como la de Zoe López, de 25 años de edad, ocurrida en julio.

Arias Cárdenas, en declaraciones a VTV, dijo que no cederán en la lucha contra el contrabando porque afecta a casi 4 millones de zulianos. "Eso ocasiona desabastecimiento, colas, molestias", explico el mandatario regional. Indicó que establecerán un dialogo con los tomistas pero dentro de la ley.

Las Cifras

65 detenciones arbitrarias se han realizado a mujeres amas de casa y profesionales que no pueden pasar las alcabalas de la GNB en La Guajira con cinco kilos de arroz.

9 muertos se han registrado por la violación del derecho a la alimentación, a la identidad y a la vida. Entre los muertos hay mujeres amas de casa.

45 denuncias reposan en la Fiscalía.

100 y 200 bolívares pagan las indígenas para pasar por la alcabala con sus productos regulados, que no pasan de cinco kilos de cada rubro.