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Buhoneros se oponen a trabajar en los mercados

La construcción de dos mercados en el centro quedó inconclusa | Foto: Alexandra Blanco

La construcción de dos mercados en el centro quedó inconclusa | Foto: Alexandra Blanco

A los comerciantes que se les adjudicó un puesto en el mercado de Catia también trabajan en la calle para buscar más clientela

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Jorge Rodríguez, alcalde de Caracas, anunció este año un reordenamiento de la economía informal para que las calles estén despejadas de tarantines. El fin de año fue tenso en Catia y en el centro donde se observaron ventas ambulantes sobre manteles y con cavas. Los buhoneros protestaron y un contingente de la PNB mantuvo a raya a los informales. El alcalde anunció el jueves que funcionarios de la Policía de Caracas, la Policía Nacional Bolivariana y la Guardia Nacional Bolivariana seguirán controlando a los comerciantes.

“No queremos que haya un solo trabajador de la economía informal en las calles y en los espacios públicos. Tenemos puestos en los mercados que hemos venido construyendo para que todos y todas puedan estar en esos espacios acondicionados para el desarrollo de su actividad comercial”, dijo el alcalde.

Una trabajadora informal de 57 años de edad, que decidió no decir su nombre por temor a represalias, explicó que tiene 40 años trabajando en Catia en la calle. Sabe de la medida que prohíbe que los comerciantes estén en el bulevar de Catia, pero se aferra a una esquina en una transversal que colinda con el paso peatonal para aprovechar que los transeúntes vean la ropa que oferta, aunque a dos cuadras hay un mercado que se construyó hace cinco años para eliminar la buhonería de esa zona. “Yo no voy a ir a encerrarme en un mercado que parece un rancho, no tiene luz y las personas no van a comprar”, expresó la comerciante.

La “formalización” de los buhoneros con la creación de mercados, una vieja promesa del presidente fallecido Hugo Chávez que los llamó “comerciantes del futuro”, no ha dado resultados. Luego del despeje de espacios como el bulevar de Sabana Grande y la plaza Diego Ibarra, los locales construidos no logran sacar a los buhoneros de la rentabilidad de la calles. Desde una de las calles transversales donde se resguardan de la policía, otra vendedora asegura que en los mercados municipales hay el mismo tráfico de personas. “Yo respeto el bulevar, pero no pueden quitarme el derecho de trabajar”, expresó la comerciante.

“Los que laboran en la economía informal tienen derecho al trabajo y la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela así lo establece, pero no en los espacios que nos pertenecen a todos porque todas y todos tenemos derecho al libre tránsito, tenemos derecho al espacio público”.

Para acceder a irse a un mercado, ambas comerciantes pidieron que en los mercados haya promoción, bancos y se ofrezcan servicios como pagar luz, agua y electricidad para así atraer a más clientes a esas zonas.
Hasta julio de 2014 el Instituto Nacional de Estadística calculó que hay 5.368.362 personas ocupadas en el sector informal de la economía. Según datos oficiales en el municipio Libertador hay 1.500 trabajadores informales, pero hay puestos para estos comerciantes en Sabana Grande, San Jacinto, Bellas Artes, Quinta Crespo, Capitolio, San Martín, El Valle y Catia que aún no son suficientes para lograr el reordenamiento de la ciudad.
 
Otros dos mercados inconclusos. Hace dos meses se retomó la construcción del Mercado de La Bolsa, ubicado en Capitolio, en el que desde hace casi 3 años ya laboran alrededor de 300 comerciantes en una estructura a medio terminar. La Alcaldía de Libertador prometió incorporarle dos pisos más, un supermercado Bicentenario, y oficinas administrativas y de servicios de la municipalidad. Mientras que en la esquina de Platanal, en Candelaria, tiene más de dos años paralizada la construcción de otro mercado.
En el mercado Laguna de Catia trabaja José San Martín; vende verduras desde hace cinco años. Apenas paga 100 bolívares por usar la concesión de ese espacio; sin embargo, reconoce que no vende igual que cuando estaba en la calle. Otro comerciante acotó que quienes permanecen en la calle “son anárquicos”. Admitió que muchos de sus compañeros trabajan dentro del mercado y se “rebuscan” en las calles.
Este mercado carece de santamarías en la mayor parte de los puestos. Los vendedores custodian sus espacios con rejas improvisadas y telas para tapar la mercancía. “Aquí no invertimos mucho para arreglar los puestos porque esto no nos pertenece”, dijo otro vendedor.
 

Petare libre por un mes
La cuadrilla que se destinó para limpiar las calles después de la fiesta de fin de año aprovechó la limpieza para eliminar todos los puestos que los buhoneros dejaron al aire libre luego de vender lo último que les quedaba de mercancía el 31 de diciembre. Aún las calles donde trabajan 1.200 buhoneros estaban despejadas ayer. La situación es común en enero cuando los vendedores suelen tomarse un descanso de un mes después de la intensa labor navideña.

En febrero del año pasado la Alcaldía de Sucre inauguró el Gran Mercado Municipal Terminal La Urbina. Los vendedores manifestaron que están satisfechos con la infraestructura, pero también alegan que se deberían ofrecer servicios para que haya más transeúntes en la zona, así como también reubicar al resto de los buhoneros que quedó en la redoma de Petare y se quedan con la clientela de la calle.
Hace un año Ocariz dijo que había solicitado al gobierno 120 millones de bolívares para la construcción de otros tres mercados: en Palo Verde, en Maca y en Petare.