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“América Latina tiene que impulsar el desarrollo tecnológico”

La venezolana Carlota Pérez | Cortesía Technology Gobernance

La venezolana Carlota Pérez | Cortesía Technology Gobernance

La científica venezolana Carlota Pérez propone combinar el desarrollo de tecnología de punta con la utilización de los recursos naturales

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La venezolana Carlota Pérez, investigadora en las universidades de Cambridge, London School of Economics y Sussex, en Inglaterra, cree firmemente que Latinoamérica puede ser una potencia mundial gracias a sus científicos.

La experta señala que la clave está en la combinación de la tecnología de punta en conexión con los recursos naturales y en la promoción de actividades productivas en cada rincón del territorio. La catedrática en tecnología y desarrollo de la Universidad Tecnológica de Talín, Estonia, ofreció una videoconferencia sobre el futuro de la ciencia y la tecnología en Venezuela, en la LXII Convención Anual de Asovac, que se lleva a cabo en la Universidad Metropolitana.

—Venezuela, históricamente, sólo ha aprovechado uno de sus recursos ¿Qué ha hecho falta para desarrollar el resto de los sectores?

—Primero tenemos que preguntarnos si hay que alejarse del petróleo para avanzar tecnológicamente. Creo que llevamos mucho tiempo quejándonos de nuestra condición monoexportadora sin observar los logros que la Pdvsa nacionalizada había alcanzado. Tanto el Intevep –donde trabajaban más de 1.000 técnicos, varios cientos con PhD– como las operadoras, las refinerías y la petroquímica habían alcanzado un nivel tecnológico importante. Había también un conjunto de empresas proveedoras de bienes de capital, de insumos químicos y servicios técnicos de alto nivel. Esa red de capacidades abría muchas posibilidades de futuro, incluyendo exportaciones de tecnología de avanzada.

En verdad, la vieja idea de que sólo las industrias de fabricación significaban industrialización se quedó atrás con el nuevo paradigma de la informática y la economía globalizada. Ahora es posible concebir un desarrollo tecnológico y económico basado en combinar los recursos naturales con el esfuerzo tecnológico. La industria de procesos, incluyendo química, petroquímica, agroindustria, farmoquímica, papel, textiles, materiales especiales y tecnologías radicalmente nuevas, como la biotecnología y la nanotecnología, pueden servir de basamento para un desarrollo exitoso. Y eso es sumamente importante como opción para conectar el desarrollo de América Latina con el desarrollo asiático.

—¿Qué alternativas tiene América Latina para lograr un desarrollo sustentable en poco tiempo?

—He propuesto un modelo dual. Por una parte, desarrollar tecnología de punta en conexión con los recursos naturales; por la otra, promover actividades productivas aprovechando las características específicas de cada lugar y dirigirse a mercados, locales regionales o mundiales, según sea el caso.

Podemos pensar, por ejemplo, en desarrollar el mercado de “frutas gourmet”. Imaginen que nuestros científicos y tecnólogos pudieran desarrollar modos de conservar y transportar las frutas con verdadero sabor que aún existen en nuestros campos y que las exportáramos a los mejores restaurantes y supermercados del mundo. Esas frutas, bellas por fuera e insípidas por dentro, son el resultado de un desarrollo tecnológico que privilegió la apariencia y la durabilidad.

—¿Qué países tienen más posibilidades?

—Las oportunidades están ahí para todos; la cuestión es si se aplican las políticas adecuadas. Estamos en una época en la que ya el fundamentalismo de mercado está siendo abandonado por unas políticas en las que el Estado establece condiciones favorables para un sano funcionamiento de mercados dinámicos con metas audaces. Pero tampoco funciona un Estado que pretenda controlarlo todo. Eso también quedó atrás. Basta ver como funciona la economía en la China comunista. Lo que necesita hacer el sector público es una promoción efectiva del emprendimiento, tanto con financiamiento del desarrollo científico de apoyo como con el financiamiento directo y reglas inteligentes que estimulen la iniciativa y la creatividad. Brasil y Chile, quizás, nos dan muy buenos ejemplos de lo que puede funcionar.