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En América Latina la brecha laboral por género es de 26%

“No basta con que las mujeres trabajen, pues el desafío tiene que ver con la calidad de la inserción laboral”, advierte la experta de Onumujeres Lara Blanco

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La igualdad entre hombres y mujeres en materia de acceso al empleo es un propósito inalcanzado en América Latina. Las tasas de participación  en el mercado laboral, elaboradas sobre la base de la población económicamente activa, indican que 80% de los hombres obtienen ingresos por su trabajo, mientras que apenas 54% de las mujeres pueden hacerlo.

Los datos fueron expuestos por Lara Blanco, directora regional adjunta de Onumujeres, en el conversatorio “la igualdad de género y el desarrollo en América Latina”, organizado por CAF, en conmemoración del Día Internacional de la Mujer.

La experta precisó que 59% de las latinoamericanas que trabajan lo hacen en el sector informal y 17% (aproximadamente 20 millones de mujeres) son trabajadoras domésticas. “No basta con que las mujeres trabajen, pues el desafío tiene que ver con la calidad de la inserción laboral”, dijo Blanco.

La directora de Onumujeres refirió algunas políticas públicas exitosas: institucionalización del salario mínimo (Brasil y Trinidad), estímulo al trabajo por cuenta propia como una opción y no como una necesidad (México), y sistemas de cuido de hijos menores de edad (Uruguay).

Blanco comentó que el empoderamiento económico de las mujeres en Latinoamérica está asociado a la violencia de género. “Por ejemplo, la promoción de la paternidad responsable en la región es muy incipiente, y los estudios demuestran que si los hombres se involucran en la crianza de los hijos y demás labores del hogar, disminuye la violencia hacia las mujeres”, afirmó.

José Carreras, vicepresidente de Desarrollo Social de CAF, aseguró que el banco de desarrollo de América Latina procura hacer una contribución pragmática a la equidad de género: “Queremos promover la inclusión y la superación de la pobreza a través de estrategias que consideren las particularidades de nuestros países. Ello implica, por ejemplo, tomar en cuenta  de que muchas mujeres de Petare compran agua embotellada para asear a sus hijos e impedir que se enfermen”. Aunque parezca un detalle intrascendente, que una mujer invierta dinero en la compra de agua potable puede desequilibrar el presupuesto de un hogar venezolano.