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Músicos en la sala de espera

En los pasillos del hospital J. M. de los Ríos músicos enseñan a pacientes con enfermedades oncológicas a ejecutar instrumentos

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El 16 de enero, Víctor López y Saibel Hernández, de 10 años de edad, fueron invitados por Ron Davis Álvarez, músico y profesor del Sistema de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, a tocar Moliendo café, del compositor Hugo Blanco.

Estaban en el Servicio de Oncología del hospital J. M. de los Ríos. Al mando del violín, abandonaron la postura de pacientes y tomaron la de ejecutantes de orquesta.  

Nadie habló de células de Langerhans o de neuroblastomas. Enfermeras y doctores bailaron acompasados. Esa mañana la sala de espera se calentó con los acordes, como ocurre cada vez que los profesores del Programa de Atención Hospitalaria que promueve el sistema desde hace un año y medio, toman los pasillos del centro de salud.

La escena no es improvisada. El profesor Marlon Franco acumula experiencia luego de formarse musicalmente en el núcleo de San Agustín, de haber enseñado durante 12 años y fundar sedes del sistema en el barrio Julián Blanco de Petare y en la esquina de El Chorro, en La Hoyada. El junio 2012 empezó a captar músicos en los hospitales entre niños para los que tocar un instrumento es parte de la terapia, una razón para levantarse de la cama.

“Creo que fue una necesidad que Dios me puso en el corazón. Había leído que los niños que padecen patologías oncológicas se deprimen mucho”, indica.

De esa inquietud nació el Programa de Atención Hospitalaria en el hospital  J. M. de los Ríos. Junto con la profesora Ámbar Manzano desarrolló los juegos rítmicos y coros para la enseñanza de la música. Franco envió un video de los primeros aprendices al maestro José Antonio Abreu, presidente de la institución, quien inmediatamente le dio el apoyo y convirtió la experiencia en un programa de la Coordinación de Integración Social de la Fundación Musical Simón Bolívar.

Franco explica que los pacientes oncológicos del hospital van y vienen de varias ciudades del país. Por eso, los diez profesores que integran el proyecto corren contrarreloj con las clases para que aprendan lo necesario y puedan integrarse luego al núcleo de orquestas más cercano a su hogar. Así lo hizo Saraí Vargas, de 12 años de edad, que entró al núcleo de Puerto Píritu luego de que le dieron de alta en el hospital. Krisbel Ferreira, de 8 años de edad, aprende música en el núcleo de La Victoria, estado Aragua, mientras sigue su proceso de quimioterapia.


Terapia musical. El jueves, los aprendices de la sala de espera de hospitalización tuvieron una audiencia de lujo. Una delegación de músicos de Corea del Sur escuchó atenta la ejecución de Apure en un viaje, de Genaro Prieto y se llevó el registro de la experiencia en sus cámaras fotográficas.

De las habitaciones, niños en pijama se asomaron atraídos por los sonidos. Algunos bailaron. Carla Hernández, de apenas un año de edad, se entretuvo sonando una maraquita azul. Daniel Reyes, de 7 años de edad, asumió una actitud de respeto hacia el instrumento. Movió sus maracas con energía y vigor, y al terminar la pieza se inclinó ante los presentes en tono reverencial, como se lo señaló su profesora Ámbar Manzano.

“Primero observamos sus capacidades motoras para ver qué instrumento asignarles y después conversamos con los médicos y revisamos si tienen alguna condición especial para adaptarnos a ella”, explica Manzano.

Los profesores del programa acostumbran a ejecutar los instrumentos en los pasillos del área de hospitalización. La idea es que los niños los escuchen y se animen a ejecutarlos. Algunos alumnos tocan desde la cama y también han atendido pacientes con parálisis total que evolucionan con ayuda de la música.

Shayhaska Castro es la asistente académica del programa. Está formada en Ciencias Pedagógicas, Educación Musical y Musicoterapia y celebra que la metodología que se emplee sea la de invitar a los niños a ejecutar el instrumento desde el principio. “Antes se daban clases magistrales y ellos eran como bancos que recibían información. Ahora hacemos énfasis en la práctica para que el niño disfrute y sienta empatía con el instrumento. Luego les explicamos las nociones del lenguaje musical”.

Hasta el año 2010 las cifras oficiales indicaban que 1.448 niños menores de 14 años padecían algún tipo de enfermedad oncológica en el país, en su mayoría leucemia. La gerente general de la Fundación Amigos del Niño con Cáncer, Pilar Rodríguez, explica que algunas patologías ofrecen mayores posibilidades de curación que otras, por lo que no hay que detenerse para apoyar a los niños en su evolución. La música puede ser parte del tratamiento.

“Aplaudimos el Programa de Atención Hospitalaria pues todo lo que fortalezca el sistema inmunológico de los niños es bienvenido. Es necesario que se abstraigan del ambiente de hospital y recuperen sus juegos y su vida infantil. Que desarrollen sus talentos”, señala.


Visita de músico


Cuando Alexander Pavón cumplió dos años de edad le diagnosticaron un tumor en el tallo cerebral. Desde los tres años y medio y hasta los siete años recibió radio y quimioterapia. Su madre, Marisel Pavón, cuenta que el niño presentó un principio de hidrocefalia, se le acumulaba líquido y como el tumor era muy grande le oprimía el cerebro.

La historia clínica es larga. Fue operado siete veces. No le daban esperanza. Su infancia transcurrió en los pasillos del J. M. de los Ríos. Desde 2012 los médicos no observan crecimiento del tumor. Pero Alexander no abandona el hospital. Cada seis meses acude a control y de manera regular va a recibir clases de música junto con otros pacientes.

Su presencia es un aliciente en el Servicio de Oncología. “Me gusta ir al hospital y darle aliento a las otras madres que están allí. Lo que viví con él no se lo deseo a nadie, y por eso agradezco a Dios, porque él está sano y hace lo que le gusta. Cada vez que voy a un concierto lo que hago es llorar”, dice su mamá.


Hospitales

orquesta


El profesor y músico Leonardo Méndez es el coordinador de Integración Social del Sistema de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, que comprende los programas Atención Hospitalaria y Nuevos Integrantes. Asegura que en otros países hay iniciativas similares, la novedad del implementado en Venezuela es que garantiza que el niño recién nacido o el  joven que padece alguna enfermedad logre integrarse a los núcleos de enseñanza.

El Programa de Atención Hospitalaria incluye a médicos, enfermeras y al personal que desee aprender música. Se desarrolla en el J. M. de los Ríos y en el Cardiológico Infantil, y hay planes de llevarlo a todos los servicios de oncología del país.

Méndez señaló que la iniciativa, apoyada por la Fundación Doctor Sonrisa, será estudiada por Javier Romero, creador del método Bapne, para fomentar el desarrollo de la inteligencia múltiple a través de la percusión corporal.

El Sistema tiene planes de crear un núcleo diseñado exclusivamente para personas con diversidad funcional, que cuente con un software especial de enseñanza, sillas, atriles, parales e instrumentos adaptados a sus necesidades.



@yugoslava21

ditriago@el-nacional.com