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Adiós al año de las despedidas

La migración hace que en Madrid se consiga todo lo necesario para hacer hallacas | Foto: Cortesía

La migración hace que en Madrid se consiga todo lo necesario para hacer hallacas | Foto: Cortesía

“Igual estas serían unas navidades muy solitarias en Venezuela porque la mayoría de mis amigos se fue este año”, dice Roberto Alonso desde Dublín. Gracias a Internet acortarán las distancias jóvenes que dijeron adiós al país en 2014

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César Augusto Pérez recibirá el año 2015 desde Estados Unidos frente a la computadora con Skype abierto y ligando que la conexión a Internet no le haga una mala jugada. Al comerse las uvas, en el último minuto antes del cañonazo, ya sabe qué pedirá: “Deseo aniquilar el tema político; deseo que nuestra economía empiece a mejorar; deseo mucha felicidad, fuerza y voluntad para todos aquellos que no son tan cobardes como yo y siguen luchando por un país mejor”.

Este año, el piso de colores de Cruz Diez de Maiquetía se replicó en cientos de recuerdos de despedidas. Según un estudio del sociólogo Tomás Páez, investigador de la Universidad Central de Venezuela, 1,7 millones de personas han emigrado del país –6% de los 29 millones de habitantes de Venezuela–, de los cuales 88% se marcharon desde 1999 hasta la fecha.

Hace tres meses Pérez, de 27 años de edad e ingeniero en Sistemas, protagonizó una de las escenas que se han hecho comunes en Maiquetía: abrazos, lágrimas, con dos maletas en la mano. Ahí logró meter todo lo que le hacía falta para irse, pero no entraron sus familiares. Todos los despidieron en el aeropuerto: padre, madre, hermanos y amigos. En la cola de inmigración se encontró a un amigo del colegio que tenía años que no veía y también emigraba. En el reencuentro tomaron un sorbo de una botella de ron que uno llevaba para agarrar ánimos al subirse, casualmente, al mismo avión que los dejaría en Estados Unidos. Ese no fue un viaje, fue un despecho, una despedida.

Pérez y su amigo son parte de la estadística de venezolanos viviendo en ese país, que ya suman más de 259.000.

“Extraño principalmente a mi familia y a mis amigos; mi trabajo, la comida, mi gente venezolana, la cordialidad de las personas. Definitivamente extraño el calor de mi tierra”, dice desde su nuevo hogar en Richmond.

David Javier Rodríguez también cumplió el rito de despedirse en Maiquetía en octubre. Decidió irse a Canadá por segunda vez. Se había ido hace 15 años, vivió con su padre que emigró 24 años antes y obtuvo la ciudadanía. Se convirtió en uno de los 18.165 venezolanos que reside en Canadá, según el censo de hogares de ese país en 2012. Volvió a Venezuela para compensar un temor con el que viven muchos emigrados: murió su abuelo y no pudo llegar a los funerales, por lo que tomó la decisión de volver durante cinco años hasta que la inflación lo expulsó. En Venezuela no se podía sostener económicamente y en Canadá, con su ciudadanía ya tiene un empleo con el que se mantiene a través de un programa gubernamental.

Rodríguez recibirá el año nuevo una vez más con su padre, pero lejos de su madre y abuela. Para esta noche tienen programado cenar con hallacas elaboradas en casa y pan de jamón. “Al momento del cañonazo no sé si las comunicaciones me permitirán hablar con mi familia, pero pediré volver a verlos en Venezuela y que todo mejore allá. Es difícil ver las noticias estando aquí y no sentir que le diste la espalda a toda la gente que se quedó atrás y con todos esos problemas. Aún así creo que lo mejor que hice fue venirme”.

 

El mes del arraigo. Tomás Rodríguez y Valentina Ovalles constituyen una pareja de periodistas que decidieron emigrar a España. Rodríguez se fue hace más de un año y decidió trabajar como cocinero en Madrid, mientras que Ovalles pidió divisas en marzo a Cencoex para realizar un master en Marketing. Al llegar diciembre comenzaron las añoranzas y decidieron hacer una pequeña Caracas en Madrid. Acudieron al mercado Las Maravillas y ahí empezó el encuentro con sus raíces: un cartel anunciaba que había todo para hacer hallacas: desde las hojas de plátano hasta el pabilo, el onoto y el papelón. Se unieron las recetas de la abuela y las madres, y la pareja hizo por primera vez 44 hallacas para compartir con amigos venezolanos.

El 24 la pasaron con un grupo de otros amigos de Venezuela que también emigraron y estrenan su nuevo apartamento, mientras que hoy estarán en la Puerta del Sol esperando el año nuevo. Para recibir el año, Internet y las redes sociales acortarán las distancias: “Nos quedaremos despiertos hasta las 6:00 am para recibir el año con nuestros familiares en Venezuela, que para ellos es la medianoche”.

En España hay 155.846 venezolanos y 2.198 son estudiantes, según el Observatorio de la Inmigración en España para junio de 2014. Este año la migración ha crecido, por lo que por primera vez se celebró una misa de aguinaldos a la venezolana. Juan José Echeverría, organizador de la actividad que se realizó el 20 de diciembre, expresó: “No concebíamos una misa de aguinaldos con un órgano del siglo XVIII en vez de un furruco, ni comer langostinos en vez de nuestra hallaca”.

La soledad como costumbre. En Irlanda, un país al que le fueron vetadas las divisas a los estudiantes este año, algunos jóvenes que emigraron entre 2013 y 2014 pasarán sus navidades trabajando. Roberto Alonso se fue a estudiar inglés y los planes quedaron a medias por el recorte del gobierno venezolano. Volver a Venezuela era muy costoso porque los pasajes cuestan hasta 1.500 euros, por lo que para recuperar la inversión que hicieron él y su esposa para irse a Europa les tocó trabajar en Nochebuena y esta noche volverán a hacerlo para los huéspedes del hotel en el que laboran. Pese a las dificultades y la soledad, están convencidos de la decisión de quedarse en Dublin. “Ir a Venezuela ahorita es encontrarse con el lobo feroz. Aunque allá está mi familia, igual estas serían unas navidades muy solitarias en Venezuela porque la mayoría de mis amigos se fue este año”.

Venezolanos residen en 85 países

Desde el viernes negro de 1983 comenzaron las migraciones en el país, pero en los últimos 15 años la oleada de movilizaciones se ha extendido a 85 países. Más 948.500 venezolanos vivían en el exterior para el año 2013, según un estudio de Iván de la Vega, investigador adscrito al Departamento de Ciencias Económicas y Administrativas de la USB. Las razones para irse: inseguridad, inflación, falta de empleo de calidad, y falta de adquisición de vehículos y viviendas en el caso de los jóvenes profesionales.

Este mes Jorge Arreaza, vicepresidente de Venezuela, reconoció el problema y alzó su voz ante el plenario de la XXIV Cumbre Iberoamericana: “Queremos poner una alerta sobre la movilidad porque la hemos sufrido. En Venezuela no solo sufrimos la fuga de cerebros, también sufrimos el robo de cerebros”.

Este año, el Proyecto Juventud de la UCAB, a través de una encuesta realizada a 4.022 jóvenes entre 15 y 29 años de edad, encontró que 27% ha pensado alguna vez emigrar. En la muestra 48%, entre los 20 y 29 años de edad, manifestó que lo haría en busca de mejoras económicas.

De la Vega señala que hace dos años la tendencia migratoria del venezolano tiene otros matices: ya no solo se van jóvenes en busca de oportunidades sino también familias enteras de clase media y media alta con alto personal calificado “que resulta en una pérdida de talento para el país”.

Según el estudio de PIW Center, que recoge datos de 2013 y 2014, los venezolanos subieron del puesto 11 al 9 en la lista de emigrantes de la región viviendo en Estados Unidos. Ocupan el primer lugar entre los migrantes calificados, y el tercero entre los extranjeros con capacidad económica para invertir en ese país.

Otro estudio realizado por el investigador de la UCV Tomás Páez evidencia que los profesionales de la salud están movilizándose para Estados Unidos y Canadá; los contadores y administradores se van Perú, Chile y Estados Unidos; los comunicadores sociales, a Colombia, España y Estados Unidos; y los actores, animadores y música tiene un flujo migratorio a Colombia, Estados Unidos y Europa.

De la Vega asegura que esta población no tiene pensado regresar al país en menos de cinco años.