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Además de abusadores los frotadores delatan un trastorno

Funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana en las instalaciones del Metro de Caracas | Cortesía Metro de Caracas

Funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana en las instalaciones del Metro de Caracas | Cortesía Metro de Caracas

Más que una reprimenda, los hombres que incurren en la práctica del roce físico con mujeres, en sitios de aglomeraciones, requieren de una consulta sexológica antes de que lleguen a otro delito

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Mary S. sintió que había suficiente espacio en el vagón y, sin embargo, el hombre, con traje negro y una expresión de seriedad en el rostro, seguía recostándosele, al punto que, cuando a la joven le tocó bajarse en la estación Sabana Grande, se armó de valor y le espetó a todo pulmón: “¡Y cuando llegues a la oficina, te masturbas, abusador!”. No alcanzó a oír lo que respondió el hombre porque las puertas del vagón se cerraron, como tampoco supo si el sujeto fue objeto de la típica burla colectiva que ocurre en el Metro tras estos incidentes. “Pero de una cosa sí estoy segura: detrás de esa cara de seriedad, había un hombre enfermo”.

Mary S. lo dice bien, si se presta atención a la definición que ofrece el psiquiatra Abraham Lugo acerca de quienes padecen el trastorno de froterismo (del francés, frotteurisme), parafilia que se caracteriza por expresar sus impulsos y fantasías a través del roce con alguien en sitos públicos. “Muy sencillo, frota su pene contra los muslos o nalgas de la mujer y hasta llega a acariciarle pechos y genitales, aprovechándose de la aglomeración en el transporte, conciertos, marchas y ascensores”, indica el médico al referir que los “inocentes actos” figuran en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (el famoso DSM-IV), en el que se clasifican trastornos mentales y se dan descripciones claras de las categorías diagnosticadas. Para Lugo, aunque en apariencia inofensiva, “el frotador fantasea una relación sexual con la víctima durante ese breve acto”.

Caricias prohibidas. Con respecto a esta práctica, los sexólogos coinciden en que nada nuevo hay bajo el sol. Ya en 1886, el alemán Richard von Krafft-Ebing, pionero de la sexología y la medicina forense, habló de casos que definió como “frotismo” en su libro Psychopathia. El psiquiatra citó el caso de Z, un funcionario rico y viudo con una debilidad. “Durante años había sentido el impulso de adentrarse entre la muchedumbre en iglesias y teatros, sentía el deseo de arrimarse a las mujeres por detrás y de manipular el bulto posterior de sus vestidos, lo que le producía orgasmo. Aunque sabía que dicho acto no estaba bien, Z no era capaz de aguantarse; sólo lo excitaban las mujeres de ese modo y se veía obligado a buscar oportunidades para frotarse contra ellas”, apunta.

“Los frotadores –aquí se les conoce más como ‘sobones’– son casi todos hombres y actúan en aglomeraciones escogiendo a la víctima que les resulta indefensa y atractiva; se acercan a ella y tocan, rozan o aprietan sus genitales contra el cuerpo. En los casos más atrevidos tocan pechos y nalgas con sus manos”, señala Lugo, y agrega que el placer que representa ese acto es completado luego en la intimidad a través de la masturbación, apelando a la fantasía o el recuerdo de los tocamientos del día.

“Aunque muchos de ellos no lo consideran un abuso, este tipo de ofensas son tenidas como agresiones leves, y podrían resultar un hecho traumático y altamente ofensivo para la víctima, particularmente cuando se trata de menores de edad o mujeres con determinada definición de la sexualidad”, concluye.

¿Cómo enfrentarlos?

Abraham Lugo, psiquiatra, no cree que haya un manual para sortear este tipo de agresiones cuyo punto culminante son las violaciones. No obstante, apela a su condición de profesional porque ha debido atender casos de víctimas y de victimarios, por lo que recomienda respuestas que, asume, podrían al menos cortar que tales actos se prolonguen.

-Los frotadores suelen ser agresivos, por lo que aconseja evitar el contacto físico con esa persona, cambiándose de lugar, al sentir tales actos.

-Solo en caso de persistencia, enfrentarlos a viva voz y pedir ayuda a otras personas que estén a su alrededor.

-Los victimarios suelen huir si se sienten descubiertos, pero este tipo de acciones deben ser registradas por las autoridades, ya que la víctima ignora si el acto es casual o es el principio de una serie de agresiones sexuales.

-Hay mujeres que guardan en su cartera gas pimienta, pero esta “arma” de defensa suele ocasionar problemas si no se está segura. Por lo general, algunas chicas emplean desodorantes en spray que no son nocivos si se vierten a los ojos. Pero Lugo considera que debería usarse como “último recurso” y en el momento justo en que va a descender del transporte o salir del lugar donde ocurre el hecho.