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La justicia no tiene sala de espera

Los familiares deben esperar en las aceras mientras esperan noticias de los detenidos / José Pacheco

Los familiares deben esperar en las aceras mientras esperan noticias de los detenidos / José Pacheco

En las afueras del Palacio de Justicia se alquilan banquitos y cobran por resguardar bolsos, cascos, gorras y carteras, mientras los familiares de detenidos lidian con la incertidumbre

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“No sabemos nada”, repiten una y otra vez los familiares de los trasladados al Palacio de Justicia. Las madres apostadas a las afueras de la sede de los tribunales penales del área metropolitana de Caracas esperan respuestas. “Es la primera vez que vengo para acá, que vivo esto. Es terrible, el abogado acaba de llegar, pero no sabemos más nada. A mi hijo lo tienen con delincuentes. No nos dejan hablar con él, ni pasarle algo de comer”, dice una mujer que prefirió no identificarse.

Allí, un rato de pie y otro sentado en la acera o en un banquito alquilado por 5 bolívares la hora, se lidia con la incertidumbre. También hay que enfrentarse con los abogados que se paran fuera del tribunal para ofrecer sus servicios, y con vendedores ambulantes de papelón con limón, dulces, café, leyes y arepas a precios socialistas, que le ponen relleno a las horas de espera.

El perímetro de entrada del Palacio de Justicia está rodeado por una guaya. Solo ingresan sin hacer cola los abogados al mostrar su Inpre y los empleados que portan carnet. Quienes acuden porque obtuvieron su libertad gracias a una medida cautelar con régimen de presentación, porque tienen una audiencia o porque simplemente van a realizar un trámite deben hacer una cola que sube una cuadra hasta la plaza Diego Ibarra. Al ingresar al palacio cumplen el protocolo de seguridad: revisan sus pertenencias, pasan por un detector de metales, muestran la cédula e indican a dónde se dirigen.

Carmen Ortega trabaja desde diciembre en las afueras del tribunal. Vende chucherías, alquila teléfonos y bancos, y resguarda bolsos y carteras por 15 o 20 bolívares, gorras por 10 bolívares y cascos por 15 bolívares: “La gente no puede pasar con eso así que nosotros lo cuidamos mientras están adentro”. Se paga por adelantado. Ortega utiliza un tirro para poner en el objeto el nombre del propietario.

“Aquí hay movimiento toda la semana. Las colas siempre son largas, pero los últimos tres meses hemos visto más gente. Algunas personas se acercan para pedirnos referencias de los abogados, para saber si son buenos. Lo más impresionante es cuando dejan a alguien detenido. El 29 de abril mandaron a unos muchachos a Tocorón y hubo mamás que se desmayaron, gritaban y decían que no se iban a ir hasta que no les entregaran a sus hijos. Fue muy doloroso”. 

Gestión engorrosa

El Palacio de Justicia es un edificio inacabado. Lo diseñó el arquitecto Carlos Gómez de Llarena en 1983 para el Centro Simón Bolívar. El proyecto consistía en dos edificios –Sur o Cruz Verde y Norte o Camejo– separados por una plaza. En 1992 terminan el edificio Sur, que aloja los tribunales, pero el resto quedó pendiente.

El miércoles, en el espacio que debía ser la Plaza de la Justicia, se instaló un Mercal para los empleados de los tribunales. Quienes esperaban afuera noticias de sus familiares detenidos, veían salir a los trabajadores con bolsas de productos comprados en la feria.

En el edificio funcionan tribunales de Control, de Ejecución y de Juicio. No todos los que van tienen un familiar detenido. Marianela García tiene un problema con un inmueble y estaba en el tribunal esperando por un abogado que la pudiese asesorar. Julio Márquez, en cambio, acudió porque le correspondía presentarse. “Tenía la cita el 24 de abril y he venido desde entonces y no he podido cumplir con el trámite porque nunca hay despacho”. Placina, su madre, hacía la cola con él: “Yo nunca he entrado al Palacio, pero es muy triste pasar por toda esta situación”.

Adentro, dicen que es peor. “El problema no es hacer la cola, sino por todo lo que hay que pasar cuando se está adentro. La mala atención y la burocracia. A veces no te atienden porque el juez no tiene despacho. Es engorroso entrar, pero más engorrosa es la gestión”, comentó una mujer en la entrada del edificio.

Los abogados de los “guarimberos”

Los abogados del Foro Penal, de Fundeci y del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello llevan más de 75 días consecutivos asistiendo a audiencias para defender a los ciudadanos detenidos en el transcurso de las protestas.

Gonzalo Himiob, uno de los directores del Foro Penal, afirmó: "El gran problema con los tribunales es que sabes a que hora entras, pero no la hora de salida. Una audiencia puede durar desde una hora hasta doce”.

Los abogados han asistido a audiencias que han empezado un día y terminado en la madrugada del siguiente. Elenis Rodríguez, representante de Fundeci, asegura que desconocen si se trata de una táctica para molestar a los familiares, detenidos o a la propia defensa. “En los tribunales nos mal llaman 'guarimberos' o abogados de los guarimberos. Aunque el traslado de los detenidos se haga en la mañana, la mayoría de las audiencias se realizan pasadas las 5:00 pm”, afirma Rodríguez.

Los tribunales de Control se ubican en la mezzanina. Cuando se va a realizar la audiencia los abogados esperan en un pasillo y los imputados en otro. “Los baños son impenetrables. Dentro de los tribunales solo podemos comprar café y nuestros representados pasan horas sin comer desde que los trasladan hasta que finaliza la audiencia”. Himiob agregó que los abogados no cuentan con una sala u oficina para desarrollar su trabajo: “El ejercicio del día a día es difícil. A eso se suma la política, cuando este factor interviene no hay argumento ni razón, ni ley que podamos alegar. Y cuando las audiencias son de madrugada, a la incomodidad propia del tribunal se le agregan las condiciones de inseguridad fuera del Palacio de Justicia”.

Si la audiencia se extiende hasta la madrugada, los familiares de los detenidos deben esperar fuera del palacio, contando solo con los baños portátiles que instalan en la plaza Diego Ibarra si hay conciertos y con los vendedores de café, té o chocolate caliente que se aparecen a medianoche.

El Dato

“Ahorita hay más gente, más venta y más movimiento. Lo más impresionante que he visto en los últimos meses es que hay mucha gente inocente detenida, que no tiene nada que ver con las manifestaciones, pero igual los golpean, les meten cosas en los bolsos y les hacen firmar cosas donde aceptan delitos en los que no han participado. Todo forma parte de un psicoterror”, dice Freddy Dávila, que hace 2.000 bolívares al día vendiendo papelón con limón en las afueras del Palacio de Justicia.