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El nuevo comienzo después de la represión

En su llegada al aeropuerto el chileno fue recibido con entusiasmo | Foto: Miguel Grillo

En su llegada al aeropuerto el chileno fue recibido con entusiasmo | Foto: Miguel Grillo

Exiliados aseguran que la polarización, el miedo y la convulsión política quebraron la tranquilidad del país austral

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Hace 40 años, el destacado geógrafo chileno Pedro Cunill Grau nunca imaginó que terminaría haciendo vida a miles de kilómetros de su tierra de origen. Aquel 11 de septiembre de 1973, Chile era fuertemente convulsionado por un golpe de Estado de la Armada contra el presidente Salvador Allende, lo que cambió el rumbo de su vida.

A sus 40 años de edad, Cunill Grau había manifestado abiertamente su apoyo al gobierno de Allende. Luego del golpe militar, sus libros fueron sacados de circulación y quemados. Informantes militares asistían a las clases que dictaba en la Universidad de Chile para vigilarlo. Producto del acoso, decidió emprender un viaje sin retorno junto con su esposa y sus dos hijos. “Después del golpe salieron las peores pasiones. Entonces uno veía horrores, las persecuciones, amigos fusilados, presos, perseguidos”, confiesa.

Un año después de haberse establecido la dictadura militar, Cunill Grau pisa suelo venezolano, donde había estado por primera vez en 1964 para ayudar a organizar la Escuela de Geografía de la UCV. “La gente de la universidad y de la Academia de la Historia me acogió con extraordinaria fraternidad. Fue una muestra de la inmensa generosidad del pueblo venezolano sobre los que veníamos aquí a buscar paz y tranquilidad. Mis mayores logros profesionales los alcancé en Venezuela”, afirma.

Al poco tiempo de haberse mudado al país, alcanzó los mayores honores de la universidad: fue profesor titular, doctor Honoris Causa de la UCV, miembro de la Academia Nacional de la Historia y de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales. Como muestra de gratitud a la nación que lo acogió, escribió varias obras dedicadas a Andrés Bello y a la geohistoria de Venezuela.

Migración de intelectuales. Así como Cunill Grau, miles de intelectuales, universitarios y artistas de origen chileno se residenciaron en Venezuela huyendo de la represión militar.

En 2012, el cónsul honorario de Chile, Reinaldo Villegas, calculó que unos 80.000 chilenos migraron a Venezuela en la época de la dictadura de Augusto Pinochet.

Heinz Sonntag, sociólogo alemán nacionalizado venezolano y profesor jubilado del Cendes-UCV, junto con otros universitarios, recibió a la primera oleada de inmigrantes chilenos que aterrizaron en el país, fruto de la apertura a asilo político a exiliados de la dictadura, ordenada en el primer período presidencial de Rafael Caldera, que había recibido al presidente Allende en 1972.

“Varios colegas universitarios fuimos incluso una noche al Aeropuerto de Maiquetía para recibir un avión lleno de académicos, intelectuales y artistas chilenos. Muchos se quedaron trabajando en nuestras universidades, centros culturales y en la prensa”, cuenta Sonntag.

En esa oleada de 1974 llegó Hernán Torres, ingeniero civil químico perseguido por ser jefe sindicalista en apoyo al régimen de Allende. “En Chile tenía que andar cambiándome de casa cada día. El ‘soplonaje’ era algo tremendo. Esa fue una de las cosas que me hizo romper definitivamente con mi país natal. Tuve que abandonar a mis padres, a mis hermanos y amigos. Tuve que empezar de cero”, recuerda Torres.

En Venezuela, se convirtió en uno de los fundadores del Departamento de Química, así como de la especialidad de Procesos Químicos, del Instituto Universitario de Tecnología de Coro, en el estado Falcón, del que es profesor jubilado.

Jorge Rigó, cantante ícono de los ochenta, emigró cuando la represión y la crisis económica mermaron la vida artística de la nación. A sus 20 años de edad, soñaba con justicia e igualdad social, aunque dice que pronto notó que las cosas “se fueron distorsionando”. “Vivía con una amenaza permanente, aunque no me estuviesen apuntando”, comparte. Le ofrecieron radicarse en Miami y en México, pero eligió Venezuela como su destino por el calor de la gente. Aquí cosechó una carrera exitosa en la música: “Toda la sociedad chilena está de acuerdo con que eso no debe producirse nunca más”.

Atraídos por la revolución 

“En la mañana empezaron las detonaciones. Yo vivía en un piso 11 y cuando me asomé los aviones estaban impactando La Moneda. Mis compañeros y yo nos quedamos allí, viendo la humareda. Trancaron todas las vías, el que saliera era hombre muerto”, relata Pastor Heydra, ex dirigente político venezolano que en el momento del golpe estudiaba en la Universidad Católica de Chile. También era una época de zozobra para el periodista venezolano Pablo Antillano, que estaba en Chile, atraído por la revolución de Allende. Estuvo detenido 20 días. “Vivimos en un estado de crueldad militar, nos hacían fusilamientos falsos. Una noche un oficial pidió unos voluntarios para repartir cobijas. Vi a unos indios de la etnia mapuche, a quienes iban a soltar, y escapé con ellos mimetizando su vestuario, con una sabana encima. Me monté en un autobús que con la complicidad de los pasajeros me dejó en la embajada”, cuenta.