• Caracas (Venezuela)

SJ. Luis Ugalde

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Tiempo de cosecha

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Se cosecha con creces lo que se sembró con generosidad y acierto. El tiempo de cosecha es de júbilo, mientras que el de siembra está marcado por el trabajo, la incertidumbre y la esperanza. La Biblia nos brinda hermosas imágenes de siembra y de cosecha de nosotros con Dios. El salmo 126 celebra el regreso de la esclavitud judía en Babilonia: “Al ir iban llorando cargando la semilla y al volver vuelven cantando trayendo la cosecha”. Luego de 16 años de “revolución” es tiempo de cosecha, pero quienes buscan los frutos regresan frustrados, porque no sembraron sino palabras, o cizaña de muerte en lugar del trigo de vida.

Crimen en el barrio. En los barrios más pobres vivir cuesta doble y cada día avanza más el dolor de la muerte de muchos de sus jóvenes y la agonía del desabastecimiento, de las colas y de la inflación, que asalta y se lleva parte del salario de supervivencia.

El gobierno sembró armas y alentó poderes delincuentes, pensando que eran sus aliados defensores de la “revolución” contra la “burguesía”. Hoy proliferan colectivos mejor armados que los policías y que, en su pretendido territorio soberano, no reconocen más poder que a sí mismos. Se trató de ocultar esta mala siembra con un mal pacto en “zonas de paz” entre el poder de los malandros y el del Estado. Invento de palabras y frases para ocultar realidades y predicar la revolución verbal: zonas de  paz, OLP (Operación de Liberación y Protección de Pueblo) y Vivir Viviendo llamaron las zonas de guerra, de represión, desamparo y edificios con ojos de Chávez donde se vive muriendo.

Apoyaron el nacimiento de barrios en lugares indebidos, en terrenos inseguros y sin futuro. Ahí se crearon consejos comunales chavistas e incluso se edificaron casas con apoyo gubernamental. La gente tiene necesidad de vivir en paz y seguridad y levanta su precario rancho donde pueda y lo va mejorando. Ahora muchas de estas zonas están atrapadas entre bandas delincuentes envalentonadas con armas largas y apoyo de sectores del gobierno; pero otras instancias del Ejecutivo y de la Fuerza Armada, con razón, no están dispuestas a permitir que sigan creciendo los poderes de la delincuencia. Y la gente inocente en medio entre dos fuegos. Nos referimos –por ejemplo– al modo como zonas de la Cota 905 o de los barrios El Cují o La Ensenada en la orilla de la Panamericana fueron asaltadas por el gobierno a tiros entre medianoche y madrugada. Estúpido tratar de disfrazar los hechos diciendo que esos barrios estaban llenos de paramilitares colombianos y eran puntas de lanza del golpismo imperial. Provea –una seria organización no gubernamental de derechos humanos, con larga experiencia y reconocimiento nacional e internacional– nos dice que de 4.000 detenciones de los últimos operativos 3.600 fueron arbitrarias. Se habla de decenas de ejecuciones extrajudiciales, como la vista con horror en videos indiscretos y oportunos. Hay un centenar de policías y militares asesinados en lo que va de año, realidad brutal e inaceptable. Son las terribles consecuencias de una mala siembra.

Las viviendas del kilómetro 4 de la Panamericana están fuera de lugar y no debían haberse fomentado y se justifica su reubicación, al igual que la detención de malandros en algunos apartamentos del Plan Vivienda. Pero es totalmente inaceptable que a las 3:00 de la madrugada lleguen a El Cují o a La Ensenada (para poner un ejemplo) y saquen de mala manera a toda la gente, sin reconocimiento de bienhechurías, ni reubicación y sin posibilidad de salvar sus enseres. Nosotros mismos vimos cómo trepaban las máquinas destruyendo hasta los cimientos viviendas que eran el trabajo y todo el ahorro, de más de 10 años, de sus dueños.

Se  sembró una política que ha dejado mal y en inferioridad de armas a la policía, se invitó a la gente a invertir lo poco que consiguen en sitios inapropiados y ahora, al sentirse desbordados y retados por los indebidamente armados, se aplasta a la gente con OLP, que no son de liberación, ni protección del pueblo, en zonas que no son de paz.

Tenemos que defender a los pobres, que en los últimos 25 años han construido más viviendas que el Estado y la empresa privada sumados. Respetarlos y defenderlos, exigiendo y brindando una ubicación adecuada, valorando sus organizaciones y esfuerzos, apoyando con trabajos de infraestructura sus mejoramientos y haciendo trabajo permanente para su seguridad, con educación, organización y presencia policial firme y respetuosa. Se sembró mal y se cultivaron males, los vientos de demagogia trajeron violencia y desesperanza; por no hacer labor educativa integral –escolar y extraescolar–, el crimen en los barrios es la cosecha de una mala siembra.