• Caracas (Venezuela)

Simón Alberto Consalvi

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Simón Alberto Consalvi

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“Quítese esa sotana y vamos a ver quién es el más macho”. ¿Imagina usted a Andrés Eloy Blanco, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, sacándole la madre a uno de los curas diputados, invitando a caerse a golpes al doctor Gustavo Machado, jefe del Partido Comunista, o desafiando al doctor Rafael Caldera o al presbítero Pulido Méndez a ver quién pisaba primero la rayita? Si usted no es capaz de imaginar estas escenas, lo comprendo, pero en todo caso pueden servirnos para medir las profundidades del abismo en que ha caído lo que antes fue parlamento pluralista y civilizado.

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Andrés Eloy Blanco fue único en su estilo y gracia singular y sentido del humor. Por eso es legítimo sentir nostalgia por personalidades como la suya. Figuró entre los grandes parlamentarios del siglo. Prefirió siempre lo que llamó “navegación de altura”, y así, en los momentos más arduos del debate, su palabra bastaba para que las aguas no se desbordaran. Si algún consejo fuere permitido a los actuales miembros de la Asamblea Nacional, podría ser el de leerse los diarios de debates de 1947 para que entiendan qué es un parlamento y comprendan para qué fueron elegidos. No es un lugar para duelos de espadachines ni arena para boxeadores.

 

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Hugo Chávez Frías acabó con la OEA y con la Carta Democrática Interamericana. Silenció a los gobiernos de América Latina, y los condujo a la rendición incondicional. Con su amigo Lula da Silva creó la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, y le abrió las puertas al general Raúl Castro para que se consagrara como presidente latinoamericano y caribeño durante este enigmático año 2013. Difícil explicarse que el destino le haya impedido estar presente a la hora de tan grande celebración en la Cumbre de Santiago de Chile. Quizás, en el fondo, apenas descorrió el telón. Todos estaban desnudos.

 

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La carta de 11 páginas que el comandante Chávez Frías envió a los presidentes y primeros ministros de la Comunidad Latinoamericana y Caribeña difícilmente puede aceptarse que haya sido dictada por él. Forma parte de una misma impostura que pretende hacerle ver al mundo que está en pleno dominio de sus facultades. Es una carta, en todo caso, que huele a naftalina, ideas viejas y consignas anacrónicas. ¿Se sabía de memoria la extraña cita de Andrés Bello? Algún parte fragmentario nos hace ver de inmediato que aquello simplemente no era posible. No es mi asunto en esta ocasión. Quiero apenas señalar que el Presidente protestó contra el “bloqueo” de Estados Unidos contra Cuba. La verdad de la historia ya es otra. Con el general Raúl Castro presidente de la Comunidad Latinoamericana y Caribeña, representante de 33 países, tengo la impresión de que el país bloqueado es Estados Unidos.

 

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El presidente de la Asamblea Nacional de Cuba, Ricardo Alarcón, se retira ahora, después de veinte años al frente del Parlamento. Lo conocí como embajador en Naciones Unidas en los lejanos y polémicos setenta, cuando la ONU era escenario de grandes controversias y batallas, tiempos del Nuevo Orden Económico Internacional y de los Países No Alineados, entonces en su apogeo. Alarcón se batía con destreza y se multiplicaba a sí mismo, como si tuviera el don de la ubicuidad, en un debate y en otro. Como embajadores en la ONU, ambos suscribimos la reanudación de relaciones entre Venezuela y Cuba en 1974. Grandes y generosos tiempos aquellos en que en los amplios espacios de la ONU se podía disfrutar de los habanos. Donde uno veía una columnilla de humo ahí estaba mi amigo Ricardo Alarcón y de Quesada.

 

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Excelente el reportaje “Un ejército de hierro tras El Dorado venezolano” de Fabiola Zerpa publicado por Siete Días el domingo 27 de enero. Violando la soberanía y el mínimo decoro de Venezuela, el Gobierno bolivariano le entregó a China el privilegio de explorar todo el mapa para localizar y cuantificar los minerales que en grado de gran riqueza posee la nación (oro, bauxita, fosfatos, uranio y coltán), según viejos y conocidos informes. Un “ejército de hierro” integrado por 352 ingenieros chinos serán los jefes inapelables de 425 geólogos, técnicos y obreros venezolanos en 27 campamentos en 12 estados.

Retornamos de esta manera a los tiempos de Juan Vicente Gómez y de las compañías petroleras que establecían sus campamentos como zonas de ocupación. Zerpa tuvo acceso a los papeles originales presentados por los chinos y aprobados por el Gobierno, plagados de errores de ortografía, con un desconocimiento inverosímil de la geografía y la toponimia de zonas y poblaciones. Una demostración de la ligereza con la cual los chinos presentan sus propuestas y del menosprecio con el cual los negociadores bilaterales llegaron a la firma del contrato. Nada justifica ni puede justificar que la riqueza minera de un país sea puesta en manos de una potencia extranjera.

¿Cuántos políticos leyeron el reportaje de Fabiola Zerpa?

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Pregunta: Quien está en capacidad de dictar una carta de once páginas, y tomar decisiones económicas, ¿no está, acaso, en capacidad de juramentarse ante el Tribunal Supremo de Justicia y de regularizar la situación de ilegitimidad a que hemos sido condenados los venezolanos?