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La vuelta a Maduro en 70 días

Nicolás Maduro, durante los actos del 23 de enero / AVN

Nicolás Maduro, durante los actos del 23 de enero / AVN

Las palabras que más repitió en sus discursos fueron “Chávez” y “pueblo”; no hizo énfasis en el socialismo ni en las comunas. Aunque el 10 de diciembre se encargó de timonear el país a pedido de Hugo Chávez, el vicepresidente no ha delineado un perfil político claro que permita saber cómo sería de candidato. Por ahora

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Ningún cuento de infancia, tampoco menciones a la familia, de una herida montando bicicleta o de las fiestas con minitecas en Coche. Apenas, algo de su diccionario más belicoso: burguesía mercachifle (también con la variante de oligarquía mercachifle), burguesía apátrida, burguesitos sifrinoides, derecha corrupta, antipatria y neofascista.

El guión de los discursos y entrevistas de Nicolás Maduro durante los 70 días que se encargó del Ejecutivo estuvo desenchufado de peripecias personales y no reveló anécdotas conmovedoras de su vida. Fue difícil descubrir, detrás del compacto bigote, un asomo de sonrisa. Tampoco fue fácil definir qué tipo de político será en caso de que deba convertirse en candidato presidencial. El verdadero talante de Maduro es todavía una incógnita.

“Nosotros venimos de la calle. Nosotros no somos burguesitos, oligarquitos, no, no, nosotros somos gente de a pie. Todos los ministros y ministras del presidente Chávez somos de a pie, algunos son maestros, otros son militares en situación de actividad, hijos de campesinos, de obreros, médicos, médicas. Yo soy obrero, autobusero, como el Presidente se los ha explicado. Somos gente de la calle, pues”, dijo el 16 de enero en Fuerte Tiuna, rodeado del Alto Mando Militar y de su inseparable Diosdado Cabello. Fue una de las pocas veces en las que habló sobre él mismo porque su tema central, el coro de su canción, fue siempre Hugo Chávez.

Lo que tocaba. Nunca encargado del todo, tomando decisiones que algunos consideran ilegítimas, sin atreverse a figurar demasiado, siempre a la espera, en un gerundio sostenido, para Maduro –tan alto, tan grueso, tan escrutado– no ha sido fácil encontrarse cómodo en algún lugar. El lunes pasado Chávez regresó al país y, en teoría, el relevo terminó.

Una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia del 9 de enero avaló la continuidad del gobierno de Hugo Chávez a pesar de su ausencia de Venezuela por enfermedad. De esta manera, Maduro continuaba con su cargo de vicepresidente ejecutivo a la vez que asumía la conducción del país, tal como le pidió el jefe del Estado el 8 de enero.

“Él está atrapado en el personaje de un vicepresidente haciendo una suplencia temporal por ausencia mientras el Presidente se reincorporaba, pues no se planteó públicamente que no volvería. No está de candidato. No tiene que jugar a eso y no le compete. Sería terrible si lo hiciera. Maduro llegó haciendo las veces de suplente, hizo lo que debía hacer: ser una suerte de director ejecutivo, atender lo inminente”, señala la socióloga y especialista en medios de comunicación Maryclen Stelling.

Edgard Gutiérrez, consultor político, piensa que Maduro ha tenido algunos problemas para construir un “personaje político” y no únicamente por la sombra de Chávez. “En materia de imagen, su posicionamiento ha sufrido varios percances. En primer lugar, aunque se le ha construido una escenografía para elevar su perfil, debe aparecer en muchas ocasiones junto a otra figura (Cabello) que no le permite centrar toda la atención en él”.

Vladimir Villegas, que fue vicecanciller para Asia, Medio Oriente y Oceanía y le renunció a Maduro en 2007, también avizora dificultades. “Hemos visto mucho radicalismo. Si eso es lo que él aspira, tengo mis dudas de que pueda seguir en la política. No lo veo sencillo. Lo que está haciendo es pagar peaje a la lealtad que hay que tenerle a Chávez para no caer en estado general de sospecha”.

Las reacciones de Maduro son, para Stelling, producto del apremio. “En el chavismo comienza a haber una especie de presión moral, de angustia y preocupación porque la información oficial sobre la salud del Presidente no permitía saber cuál era el pronóstico. La oposición también comenzó a exigir más concisión, pruebas de vida, se encadenaron los jóvenes en la Embajada de Cuba y Maduro respondió con frontalidad, dentro de un estilo que ya es el estilo chavista. Se vio un poco acorralado y reaccionó fuertemente”.

Jojotas. Para el chavismo, las victorias electorales del Presidente le han otorgado legitimidad para cincelar el país con su proyecto ideológico. Maduro lo dijo en una entrevista el 17 de enero: “En Venezuela la legitimidad de mando, de conducción del Estado y la República la tiene el comandante Hugo Chávez, nosotros apenas somos sus colaboradores”.

Esa tracción es imprescindible para empujar planes tan estratégicos como el Estado comunal. Maduro, a pesar de haber tenido una exposición frecuente a los medios, no se metió en esas aguas. “Las comunas están muy jojotas y les hace falta el empuje de Chávez. Por otro lado, ahora compiten en recursos con los gobernadores y alcaldes. ¿Están estos, que son en su mayoría chavistas, dispuestos a sacrificar sus recursos para unas comunas que ellos no controlan? Antes Chávez podía decir –como lo hizo– que los votos de los gobernadores eran votos por él y por tanto debían hacer lo que él les dijera, Maduro no puede decir lo mismo”, indica la historiadora y doctora en Ciencias Sociales Margarita López Maya.

La analista considera que el tema es complejo para Maduro porque, debido a su condición de canciller durante los últimos años, no se ha familiarizado lo suficiente con el Estado comunal. “Él está centrado en una estrategia política de ofender y cerrar espacios a la oposición y poco más. Ese Estado comunal con sus comunas estaba básicamente en la cabeza del presidente Chávez y quienes lo ayudaron a elaborar las leyes, que tampoco se discutieron a fondo en la Asamblea. Así que creo que es más por desinformación que Maduro no habla de eso”.

Un asunto de prioridades. Eso cree Villegas que ha mantenido al vicepresidente alejado de temas de fondo. “Creo que sí conoce las ideas del socialismo del siglo XXI porque es una de las personas más conectadas con el discurso de Hugo Chávez. El problema es que en este momento no tienen la organicidad para darles un impulso a las comunas porque el esfuerzo está destinado a mantener la cohesión alrededor de Chávez. No quiere decir que las comunas no se estén atendiendo a otros niveles”.

En un análisis a tres de sus discursos más extensos (10 de enero, 23 de enero y 4 de febrero de 2013) las palabras que más repitió Maduro fueron “Chávez”, “pueblo”, “comandante” y “patria”. “Su discurso ha sido en extremo una apelación a Chávez y su liderazgo se percibe como muy leal, pero no autónomo y con suficiente estatura política. En términos de oratoria, el público ha podido percibir sus deficiencias e incluso lo compara en términos de performance con otros líderes del oficialismo, como el mismo presidente del Parlamento”, señala Gutiérrez, quien considera que, aunque el guión fue diseñado para navegar la transición y apuntalar simbólicamente a Chávez dejando los temas del modelo político en un segundo plano, esto no significa que en un eventual gobierno de Maduro estos no sean proyectos primordiales.

El presidente Chávez aspira a que, en el año 2019, 68% de los venezolanos viva en 3.000 comunas. Esa labor de profunda transformación del esqueleto social podría caerle en las manos a Maduro, que todavía no entra en materia.

Por verse. Villegas compara al vicepresidente con Juan Manuel Santos. “El verdadero Maduro lo veremos el día que no esté Chávez. Así como al verdadero Diosdado y al verdadero Arias Cárdenas. Es como en Colombia: una cosa fue Santos con Uribe y otra sin Uribe. El Maduro de juego autónomo, el estadista que dependa de sus propias decisiones no lo hemos visto. El de ahora está cuidando las formas para no ser tildado de traidor, blandengue o conciliador”.

Stelling asegura que el verdadero Maduro se conocerá en caso de que vaya a unas elecciones: “Veremos su compromiso real con un proceso que debe tener claro porque ha acompañado muy de cerca a Chávez los últimos seis años. Suponemos que está casado con el socialismo del siglo XXI y lo profundizaría”.

Como suele pasar con los herederos, sus verdaderos talentos están por verse.