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El venezolano que manda en Florida

Junto a s esposa, Graciela, realizó una intensa campaña

Junto a s esposa, Graciela, realizó una intensa campaña

Luigi Boria acaba de ser electo alcalde de la ciudad de Doral, vecina de Miami. Es el venezolano que ha alcanzado el cargo público más alto en Estados Unidos. Vive en ese país desde 1989, nació en Caracas y estudió en la UCAB. Tiene una millonaria empresa de computación, estuvo al borde la muerte, es ministro de una iglesia cristiana y fue concejal

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El Ávila. Es lo que más recuerda. Como muchos otros emigrantes, Luigi Boria, primer venezolano que es electo alcalde en Estados Unidos, relaciona a Caracas con la montaña. Otras cosas prefiere olvidarlas. Pero el cerro lo lleva consigo. 

El pasado 28 de noviembre, Boria se impuso con 55% de los votos sobre su contendiente de origen cubano y fue electo alcalde de Doral, pujante ciudad de Florida que concentra gran cantidad de población venezolana. Ernesto Ackerman, presidente de la Organización de Ciudadanos Venezolanos Americanos, destaca que es la única persona nacida en el territorio nacional que ha logrado el cargo público más alto en el país de Norteamérica. 

Boria nació en la parroquia San Juan de Caracas en 1958. Sus padres, de origen siciliano, tenían un pequeño abasto en la avenida San Martín. En una escuela pública de la zona, la 19 de Abril, estudió primaria. El bachillerato lo hizo en uno de los liceos emblema de la capital: el Andrés Bello. A los 15 años de edad empezó a interesarse por la política y era activista del partido Copei, pero un hecho cambió radicalmente su vida: en 1973 su padre, Gaetano Boria, fue asesinado por unos delincuentes que asaltaron su negocio. A consecuencia de este hecho, la familia cayó en la ruina y él tuvo que ponerse a trabajar.

Empezó a cursar la carrera de Biología en la Universidad Central de Venezuela, pero su horario laboral se lo impedía, así que se cambió para la Universidad Católica Andrés Bello, donde estudió Contaduría en horario nocturno. A la vez, iba ascendiendo en su trabajo en General Motors, donde comenzó haciendo inventario de repuestos. Se mudó a Montalbán. En la UCAB conoció a Graciela, su actual esposa. Ella tenía 18 años de edad y él 20 cuando se hicieron novios. Apenas se graduó, en 1982, se casó con ella. Su primer hijo, Alexander, nació en 1983. 

Como no quería ser sólo un empleado, abrió una pequeña tienda en un local de apenas 9 metros cuadrados en el Unicentro El Marqués. Vendía la tecnología de los ochenta: calculadoras, cajas registradoras y las primeras computadoras. El negocio comenzó a crecer y también la familia: en 1987 nació su segunda hija, María Lorena. En ese momento tomó la decisión de emigrar: “Lo hicimos pensando en la educación y la seguridad de nuestros hijos, además Miami era el mejor lugar para traer los productos de computación y expandir la empresa”. 

En 1989 se residenció en Doral. “Compramos la casa en la que aún vivimos”, dice. En esa ciudad instaló la sede de su empresa The Wise Computer. El Nuevo Herald refiere que, según los datos de un escritorio contable de Miami, su fortuna asciende en la actualidad a 24 millones de dólares.

Aunque Boria asegura que el sueño de volver a Venezuela siempre estuvo latente, su familia fue echando raíces profundas en Estados Unidos. Más ahora que nacieron sus dos nietos. Más ahora que retomó aquella vocación política que interrumpió a los 15 años de edad.

Gran condominio. El empresario no se restringió al mundo de los negocios. Comenzó dirigiendo la junta de condominio de su urbanización. Fue elegido concejal y ejerció por dos años. Pero quiso más. “Me di cuenta de que una alcaldía era una junta de condominio, sólo que más grande, así que quise incursionar en ella para ayudar a más gente”, indica. Y se lanzó. Una campaña electoral que, según el periódico El Nuevo Herald, costó 552.000 dólares, de los cuales 400.000 eran dinero del propio empresario y el resto donación de voluntarios.

Para que pudiera lograr ese sueño, su familia se encargó de la empresa. “Él es un político diferente, viene de una experiencia de servir, así que hace más y habla menos”, asegura su esposa. Boria dice que creará un plan para ayudar a desarrollarse a los inmigrantes, que conozcan las leyes, el idioma y puedan ser dueños de sus propios negocios. 

El Nuevo Herald ha presentado algunas visiones críticas sobre la condición de empresario de Boria. Frank Bolaños, que fue su contrincante en la elección, denunció que el cargo público podría incrementar los negocios del venezolano. “Mezclar política y religión es peligroso, especialmente cuando de por medio hay un interés económico”, dijo. Sin embargo, Ernesto Ackerman sostiene que Boria ha demostrado desde hace años su vocación de servicio público: “Ha trabajado con nosotros en labores comunitarias como darle ropa a las personas sin hogar, además tiene una fundación que ayuda a niños de bajos recursos con sus útiles escolares y una clínica sin fines de lucro”.

Dios y empanadas. Boria no sólo ejerce liderazgo en los negocios y en la política, también en la religión. Es ministro de una iglesia cristiana, el Instituto Bíblico de Alfa y Omega. “Yo fui católico toda mi vida. Pero cuando padecí una enfermedad muy fuerte (hepatitis C) me desahuciaron, recibí los santos óleos y una mañana desperté con la sensación de que había sido sanado, empecé a buscar a ese Dios y desde ese momento he vivido en función de ese milagro, reviví gracias a mi nueva fe”. A partir de eso, hizo por tres años un curso y desde el año 2000 empezó a servir para su iglesia. “Tengo a mi cargo un ministerio empresarial, para ayudar espiritualmente a los emprendedores, es una escuela de negocios”, señala. No ha abandonado a su congregación, según su esposa se siguen reuniendo para compartir “y dar gracias a Dios”. 

El alcalde no ha perdido el modo de hablar caraqueño y asegura que tampoco ha olvidado las costumbres. “En mi casa ayer comí empanadas y el día anterior arepa con perico, la Navidad la celebramos con hallaca, pernil y pan de jamón”, relata en entrevista telefónica. Graciela de Boria asegura que no ha abandonado nunca la vida familiar. “De los cinco días laborables al menos intenta tres veces almorzar en casa, para él siempre ha sido importante el tiempo con nosotros”, cuenta.

Tiene un hermano en Venezuela, pero su visita más reciente al país fue en 2007 o 2008 (no recuerda bien), cuando fue a Margarita. No está en sus planes postularse a ningún cargo político en su nación de origen. Sin embargo, no se olvida del Ávila, ni de Los Próceres: “En la campaña me criticaron mi acento venezolano, pero yo siento que tengo dos países”.