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La sovietización del PSUV

El presidente Nicolás Maduro saluda en el III Congreso Socialista del Psuv celebrado en julio de 2014

El presidente Nicolás Maduro saluda en el III Congreso Socialista del Psuv celebrado en julio de 2014

El partido de gobierno ha excluido de su militancia a cientos de miembros críticos y cuatro dirigentes locales que se atrevieron a lanzar candidaturas por fuera de la disciplina de la tolda fueron detenidos el año pasado. Intentan lograr el reconocimiento de la nueva dirigencia surgida tras la muerte de Hugo Chávez, la cual controla también la burocracia del Estado, tal como ocurría en la Unión Soviética con el partido comunista

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La mañana del 22 de diciembre del año pasado, Numa Rojas recibió una visita inesperada. Mientras desayunaba con colaboradores y chequeaba los resultados de las elecciones municipales del 8 de diciembre, seis funcionarios de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGIM) lo sorprendieron en su casa con una orden de aprehensión.

“Nunca pensó que se lo llevarían preso”, confiesa Julio Barreto, un colaborador de Rojas, cuando se le pregunta por la situación. Numa, como es mejor conocido en Maturín, fue alcalde de la capital de Monagas entre 2004 y 2008. Llegó con la tarjeta del Movimiento V República y luego entró al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), desde el cual apoyó activamente las candidaturas de Hugo Chávez y Nicolás Maduro a la presidencia.

Para las municipales del año pasado, intentó recuperar su posición de alcalde, pero el partido de gobierno no lo quiso apoyar. Se lanzó entonces por separado y sacó 43.766 votos, 16 veces más de lo que le faltó al candidato elegido por el PSUV para vencer al opositor Warner Jiménez.

“Se empeñó por individualismo. Falta de disciplina. Por falta de conciencia colectiva (…) llevó a la derrota, por ahora, de la fuerza Revolucionaria”, dijo Maduro esa noche desde la plaza Bolívar de Caracas.

Dos semanas después, la DGIM le estaba tocando la puerta. Lo venían a detener por un caso de corrupción ocurrido en su gestión como alcalde y por el cual ya había sido absuelto tras un juicio.

“Como ese día hubo protestas en Maturín, decidieron llevárselo a Ciudad Bolívar, a más de cinco horas de distancia en carro, y le han suspendido seis veces su audiencia de presentación”, comenta Barreto.

En junio pasado estuvo a punto de ser liberado. La jueza Milángela Millán ordenó que fuera juzgado en libertad, pero la Fiscalía apeló la medida y lo mantuvieron tras las rejas. Sus colaboradores cuentan que Millán fue asignada a responsabilidades en Calabozo, Guárico, después de esa decisión, por lo que tuvo que retirarse del ejercicio profesional para poder mantenerse en Maturín.

Historias como esta han empezado a aparecer en el seno del chavismo. Son evidencia de un partido político que se ha fundido con el Estado e intenta llenar el vacío dejado por Hugo Chávez a base de disciplina y exclusión de aquellos factores disidentes que se niegan a comulgar totalmente con los designios de la cúpula dirigente. Analistas coinciden en que sus prácticas lo han llevado a parecerse al Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), el cual dominó ese país entre 1917 y 1991 y no daba lugar a la crítica.

“Hay una fusión entre el partido, el gobierno y algunas organizaciones sociales creadas por el mismo oficialismo para tener un control casi totalitario. La dirigencia siente que aflojar las riendas del poder le traería consecuencias nefastas y podría incluso causar su salida por la vía electoral”, advierte Herbert Koeneke, doctor en Ciencias Políticas y profesor de la Universidad Simón Bolívar.

Javier Corrales, director de la escuela de Ciencias Políticas de Amherst College, en Massachussets, Estados Unidos, piensa que las cosas han cambiado desde la muerte de Chávez. “Con Maduro ha aumentado el círculo de grupos dentro del PSUV que pueden contrariar. Pero los que no están en ese círculo están siendo muy criticados. Es decir, aumentó el tamaño y la apertura dentro del in-group, pero se reprime más a los out-group”, señala el politólogo, que en 2012 publicó junto con Michael Penfold Un dragón en el trópico, libro sobre el sistema político establecido en Venezuela por Chávez y del que ahora preparan una segunda parte.


La purga. Después de la muerte de Vladimir Lenin y la toma del poder por Joseph Stalin, en la Unión Soviética (URSS) se registró a partir de 1938 la llamada Gran Purga, durante la cual se persiguió y expulsó del poder a la cúpula que había mandado hasta entonces y se le reemplazó por cuadros leales al nuevo gobernante. En el proceso fueron detenidos, torturados y hasta asesinados intelectuales, opositores y disidentes a quienes se les acusó de traición. Los nuevos actores que se apropiaron de la burocracia del Estado terminaron conformando lo que el historiador soviético Michael Voslensky llamó “la Nomenklatura”, una élite dirigente que se transformó en una clase social exclusiva debido a los privilegios de los que disfrutó por su control del poder. Todos estaban asociados al PCUS y su lealtad hacia el sistema era esencial para mantener su posición.

Salvando las diferencias debido a que en Venezuela no se han dado campañas tan violentas como la encabezada por Stalin, dentro del chavismo se activó también una purga desde hace más de un año buscando reconocimiento y fidelidad hacia los nuevos liderazgos.

Aparte de Rojas, otros tres ex alcaldes pesuvistas fueron detenidos en diciembre del año pasado luego de protagonizar o apoyar candidaturas disidentes: Fidel Palma, de El Tocuyo; Robert Ramos, de El Vigía; y Alejandro Reyes, de Zamora. Los dos primeros tienen hoy medida de presentación y el tercero, libertad plena. Semanas antes, fueron excluidos cientos de jefes de Unidades de Batalla Hugo Chávez (UBCH) que objetaron a los candidatos impuestos por la cúpula de la tolda.

Incluso dirigentes de peso y muy cercanos a Chávez en vida han sido dejados de lado. Héctor Navarro, ex ministro de Educación, fue suspendido del partido luego de escribir una carta en apoyo a Jorge Giordani, uno de los mentores económicos del fallecido presidente, que abandonó el gobierno criticando con fuerza a la nueva cúpula.

“Están ocurriendo desviaciones y los dirigentes del partido no están aplicando los mecanismos democráticos que señalan los estatutos (…). Si eso se transforma en una norma, conducirá al fracaso de la revolución. Lo que nos distingue de todos los experimentos socialistas del siglo XX es la democracia y la consulta con la gente”, advirtió Navarro en una entrevista dada en noviembre para este trabajo durante un foro de Marea Socialista, corriente pesuvista que hace dos semanas denunció que 300 de sus miembros fueron sacados del registro de militantes del partido.

La Dirección Nacional del PSUV no se reúne desde hace más de un año y ha sido reemplazada de facto por el Buró Político, una estructura presente en los estatutos de la tolda, pero a la que no se le atribuyen responsabilidades específicas. Este reordenamiento dejó por fuera de la cúpula al menos a 9 de los 29 cuadros que componían la Directiva y fueron electos por la militancia. Otros han sido insertados a dedo, como Ernesto Villegas, jefe del Gobierno del Distrito Capital.

La base de este equipo de trabajo es la misma que se reúne para tomar decisiones de Estado y es reconocida como Alto Mando Político. Está integrado por Maduro, el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello; la primera dama, Cilia Flores; el alcalde de Libertador, Jorge Rodríguez; los gobernadores Tareck el Aissami, Fracisco Ameliach, Aristóbulo Istúriz y Ramón Rodríguez Chacín; el ministro de Comunas, Elías Jaua; el ministro de Educación y todavía jefe de la Jpsuv, Héctor Rodríguez; y algunos diputados como Blanca Eekhout y Darío Vivas.


La Nomenklatura criolla. Cuando impulsó la creación del PSUV como partido principal y vanguardia de su llamada revolución, Chávez sabía que una organización de esa magnitud corría el riesgo de caer en los vicios que caracterizaron a la URSS.

“El partido bolchevique sufrió una desviación, la desviación stalinista. Lenin no pudo evitarla porque enfermó y murió muy joven (…). Aquel partido se desnaturalizó y terminó siendo un partido antidemocrático. Y aquella maravillosa consigna que decía: “¡Todo el poder a los soviets!” terminó transformándose en la realidad en “Todo el poder para el partido”, alertó el fallecido presidente el 15 de diciembre de 2006 en un discurso desde el teatro Teresa Carreño.

Casi 8 años después, el PSUV y su élite dirigente controlan el Estado, tal como demuestra una investigación realizada por El Nacional de los lugares de trabajo de los delegados que asistieron al III Congreso Socialista y de los 3.988 jefes de Círculos de Lucha Popular y del Buen Vivir elegidos el pasado 21 de noviembre para coordinar la acción de 4 UBCH cada uno.

Existe información pública sobre la identidad de los 1.017 delegados y 3.893 jefes de Círculos. Para hacer el estudio se tomó una muestra aleatoria de 10% de los integrantes conocidos de cada grupo. De los 491 casos estudiados, se pudo precisar dónde labora actualmente 65,98% gracias al registro del Instituto Venezolano del Seguro Social (IVSS) u otros documentos oficiales. De esos, 96,60% son funcionarios públicos, un porcentaje mucho mayor al 20,5% de la fuerza laboral del país que trabaja en el sector público, según datos del INE al cierre del tercer trimestre de 2014.

Entre los delegados hay muchos funcionarios de elección popular, si se considera que los diputados de la Asamblea Nacional, gobernadores y alcaldes participaron como delegados natos en el III Congreso. Entre ellos también está el presidente del partido y del país, Nicolás Maduro, y el resto de la Dirección Nacional del PSUV, en la cual hay varios ministros. Por su parte, casi la totalidad de los jefes de Círculos alcanzaron sus posiciones en la burocracia del Estado siendo elegidos discrecionalmente.

De todos los miembros del partido estudiados que son funcionarios públicos, sólo 5,11% llegó a su posición antes de que el chavismo tomara el poder en 1999. 21,72% no estaba en el lugar actual en 2007, cuando el PSUV fue creado. Por otra parte, 29,71% comenzó en cargos nuevos luego de la muerte de Chávez, el 5 de marzo de 2013.

Entre los pocos dirigentes que laboran en empresas privadas, destacan algunos casos de compañías que son contratistas del Estado. Tal es el caso de un jefe de círculo en Guarenas, Miranda, que trabaja en una empresa relacionada con el Instituto Nacional de Vivienda y Hábitat.

En la Jpsuv se repite esta situación. Un trabajo publicado por El Nacional en junio reveló que los 32 miembros de su equipo nacional pertenecen o han pertenecido a alguna nómina pública. El nexo con el Estado llega hasta la base de militantes: entre los 13.255 usuarios que tenía el grupo de la organización en Facebook, más de 1.100 decían ser empleados públicos, algunos incluso relacionados con el TSJ, el CNE y la FANB. Más de 1.300 publicaban nexos con alguna universidad pública y más de 300 con escuelas de ese tipo. El mayor número de miembros no decía dónde trabajaba o estudiaba.

Descontento. El comportamiento de la dirigencia del PSUV ha generado rechazo en un sector de las bases del chavismo, aseguran exdirigentes. La mayor prueba han sido los bajos índices de participación en los procesos internos que ha tenido la tolda en el último año. Según cálculos extraoficiales, para la escogencia de delegados en julio y para la elección de jefes de círculos en noviembre votó menos del 15% de la militancia. En ambos casos el Buró Político se negó a ofrecer cifras oficiales.

Rigoberto Vargas, antiguo jefe de la UBCH de la Unidad Educativa Nacional Antonio José de Sucre, de los Magallanes de Catia, es uno de los que personifica ese descontento. Tras ser removido de su cargo en noviembre del año pasado por no querer apoyar la candidatura de Jorge Rodríguez para alcalde, asegura que ya no le quedan ganas de militar como lo hacía antes: “Desde 2009 en adelante empezó a decaer la democracia interna. Hablan del poder popular cuando les conviene, pero cuando pides que valoren tus ideas te dan una patada si no eres del entorno”.

Vargas y otros ex coordinadores de la UBCH dirigían desde la unidad educativa una sala de batalla socialista que buscaba ayudas para la comunidad de los Magallanes de Catia. A través de contactos con instituciones del Estado, lograron donar en pocos años 45 sillas de ruedas, 66 andaderas, materiales escolares y la cobertura de algunas operaciones hechas a vecinos. Hoy ya no se está realizando ese esfuerzo luego de la remoción de los dirigentes.

“La gente ya no quiere participar en consejos comunales ni en ese tipo de grupos. Algunos pocos han reactivado organizaciones sociales que estaban paradas, como la Asociación Nacional de Amigos Vecinales y unas ONG. Con eso se hacen colectas entre los vecinos y se realizan algunos trabajos”, cuenta Carlos Castillo, que era coordinador de la UBCH que dirigía Vargas.

Los dos dirigentes sociales advierten que en Caracas el partido está controlado en todos sus niveles por los miembros de la cúpula. La investigación realizada sobre los lugares de trabajo de los jefes de Círculos arroja datos que sustentan esa denuncia: de los 22 casos estudiados en la capital, 17 son funcionarios públicos, 4 de ellos de la Alcaldía de Libertador, 3 de la Cámara Municipal y 3 de la Jefatura de Gobierno del Distrito Capital. Jorge Rodríguez y Ernesto Villegas ejercen poder sobre estas instituciones.

El dominio de la Nomenklatura sobre la URSS se extendió por más de 50 años e incluso después de la muerte de Stalin en 1953. Analistas advierten que en Venezuela el panorama es diferente debido a que continúan existiendo algunos elementos de democracia, como los procesos electorales para elegir autoridades. Sin embargo, el desmontaje de ese aparato partidista tampoco es sencillo.

“La mayoría de los venezolanos está padeciendo insuficiencias por el mal manejo de la política económica. No habrá un cambio de la noche a la mañana de chavistas a opositores, pero ese desencanto los puede afectar en los comicios. Primero se puede manifestar con abstención y, de seguir, el día de mañana puede llevar a un eventual voto por la oposición. Es un proceso lento”, comenta Koeneke.

Corrales comparte la idea de que la situación es difícil: “El problema de pasar factura es que existe un sistema de alicientes y castigos muy fuertes en Venezuela por votar del modo correcto o equivocado. Eso es lo que no debe de ocurrir en una democracia. La gente en muchos vecindarios sabe que no es fácil ocultar cómo es que uno vota. Por otro lado, hay un déficit de información muy serio ya que, fuera de Internet y de las ciudades, el Estado ha logrado casi un monopolio total de la información y la oposición compite en gran desventaja”.

Héctor Navarro no descarta que la dirigencia pesuvista actual se dé cuenta de que su comportamiento la pone en riesgo y modifiquen su actuar. “Maduro y Cabello deben rectificar. En este momento se está jugando el futuro del partido y con eso el de la revolución”, alertó en noviembre.

Los resultados de las elecciones parlamentarias del próximo año brindarán un escenario más claro de lo que será el futuro del país y del PSUV, reconfirmando a la dirigencia su plan de gobernar dominando todas las instancias del Estado o animándolos a abrir espacios a otros grupos.

Por lo pronto, pareciera que la línea es seguir castigando al que disiente. El lunes 1° de diciembre Numa Rojas fue trasladado a Maturín para la séptima convocatoria de su audiencia de presentación. “Lo que hicieron fue pasearlo, porque cuando llegó le dijeron que ningún juez podía acudir a la cita. Lo devolvieron a Ciudad Bolívar y allí sigue esperando”, informó uno de sus colaboradores. Su juicio fue postergado para enero y en 15 días cumplirá un año preso.

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