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La soledad de la pobreza extrema

Foto Archivo El Nacional

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La Encuesta sobre Condiciones de Vida hecha por la UCAB, la UCV y la USB revela que solo 8,4% de las personas que viven en pobreza extrema son beneficiarias de alguna misión social. Los programas asistenciales, que nacieron en 2003 para atender a los sectores de menos recursos, se convirtieron en una solución para comprar a precios subsidiados desde un pollo hasta una casa. Pero su oferta está lejos de ser masiva y desde hace 5 años el número de asistidos bajó de 2,5 a 2 millones

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“Ustedes son los de la llave?”, pregunta uno de los niños al ver que alguien se acerca, jadeante, a la casa.

La familia Belmonte estaba esperando una llave. Nadie dijo para abrir cuál puerta, pero se desanimaron al saber que una extraña se aproximaba hasta su hogar y no era a quien esperaban. La ilusión de una nueva casa que llegaría de sorpresa, tal vez, volvía a alejarse.

“No conocieron época buena”, lamenta Diorama Belmonte refiriéndose a sus tres hijos menores. En total tiene cinco, más uno en la barriga de ocho meses de embarazo. Ella se refiere a una época cuando no vivían en una casa que reta a la gravedad en el barrio Loma Andina del kilómetro 3 de la vía a El Junquito, a 12 minutos de caminata por una pendiente babosa desde la carretera más cercana, en un rancho al que llegaron los habitantes primero que la luz y las tuberías. “Esto lo construimos hace ocho años, porque antes estábamos alquilados en El Valle y no pudimos seguir pagando. El sueldo de mi esposo no alcanzaba para eso”, cuenta la mujer de 31 años de edad.

Visto por el retrovisor, hace 8 años eran tiempos mejores para Diorama. En 2007 el precio del petróleo (a 65 dólares el barril) ascendía sin parar e impulsó uno de los principales –y efímeros a la luz del presente– logros sociales del gobierno del fallecido Hugo Chávez: cada año más hogares salían de la pobreza (solo entre 2005 y 2007 descendió de 38% a 29%, según el Instituto Nacional de Estadística). Poco tiempo antes se habían creado varias de las misiones sociales más apetecibles (Gran Misión Vivienda Venezuela, en 2005, y Madres del Barrio, en 2006). Y en diciembre de 2006 Chávez ganó cómodamente su segundo periodo presidencial mostrando abiertamente las cartas de su propuesta del socialismo del siglo XXI.

Pero llegó la crisis económica mundial de 2008, bajó el precio del petróleo –aunque después subió por encima de los 100 dólares–, se siguieron creando misiones sociales que cada vez lograban menor cobertura y la disminución de la pobreza se estancó alrededor de 26% hasta comenzar a revertirse en 2013. Diorama mira a sus hijos menores en el piso de tierra de su casa e insiste en que no conocieron esa época cuando el salario que ganaba el padre no era exclusivamente destinado a la compra de la comida.

La familia, integrada por 7 personas –los padres y los hijos de 13, 12, 10, 6 y 1 año de edad–, depende exclusivamente del sueldo del padre: 5.000 bolívares al mes. Es una ganancia neta, sin seguro médico ni bonos. A partir de una ecuación sencilla, a cada uno le corresponderían 23 bolívares diarios, en promedio, en un país cuya inflación oficial fue de 68,5% en 2014, la más alta de América Latina.
 
Además de no poder vivir alquilados, Belmonte y su esposo tampoco están en condiciones de pagar el valor de la Canasta Alimentaria Normativa, calculada en noviembre (último dato disponible) por el INE en 6.382, 62 bolívares. Eso los convierte en un hogar en pobreza extrema según su ingreso, como se encuentra 8,8% del país (612.051 hogares y 2.791.292 personas), de acuerdo con datos oficiales. “Es poca plata, así que debemos hacer magia. Vamos una vez a la semana a las jornadas de Mercal. Yo hago mi cola, así, con mis ocho meses de embarazo, para conseguir lo que se pueda. Comemos pasta con sardinas, casi siempre comemos eso, y también otras cosas más baratas”, dice la mujer. Los hijos pequeños que nacieron en ese lugar observan con sorpresa el relato de la madre cuando habla del pasado.

Retroceso. A principios de 2015 la Universidad Católica Andrés Bello, la Universidad Central de Venezuela y la Universidad Simón Bolívar publicaron los resultados de la Encuesta sobre Condiciones de Vida Venezuela 2014 (Encovi) que, metodológicamente, es comparable con la Encuesta Social 1998 (ENSO) hecha por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y la extinta Oficina Central de Información del gobierno venezolano. Con la primera conclusión se sentiría identificada Diorama: “Después de 16 años Venezuela tiene casi el mismo nivel de pobreza de ingresos”. Los números son: 45% de pobreza en 1998 (ENSO) y 48,4% de pobreza en 2014 (Encovi). “En 2015 podemos romper todos los récords de pobreza desde que se mide en Venezuela. Perdimos el camino y los avances que se lograron no fueron estructurales, sino que dependían de la coyuntura de la bonanza petrolera”, dice Luis Pedro España, uno de los autores de la encuesta. El que fue uno de los mayores logros en política social del chavismo volvió al mismo lugar después de la enorme bonanza producto de renta petrolera.

“Yo nunca me había sentido tan ahogada por culpa de la plata. Cada bolívar es bien gastado. A los niños se les intenta tener la comida asegurada. Los que estudian van a colegios públicos, a veces nos cuesta mucho conseguirles útiles y uniformes. A veces me ayuda mi cuñada con los gastos”, dice Diorama. La hija de 6 años de edad interviene con una precisión: dice que no ha ido a la escuela en los últimos días por falta de un pantalón.

La niña, testigo de toda la conversación, es consciente de las carencias: “¡Mi mamá sí sufre! Pobrecita”. La familia no cuenta con ingresos extras ni ayuda gubernamental.  En algún momento, Belmonte se entusiasmó con la Misión Hijos de Venezuela. Se inscribió en el programa social en búsqueda de dinero adicional como dice la propaganda, pero cuando acudió a la entidad bancaria asignada obtuvo una respuesta desalentadora: “Disculpe, usted no está inscrita”. “No he tenido suerte. Nunca salimos. Quisiera mudarme a otra vivienda, vamos a ver qué sale”, dice.

La disminución de la pobreza ha estado comunicacionalmente asociada a las misiones sociales. El año anterior a una contienda electoral importante, el gobierno de Chávez creaba una a través de la cual se inyectaba más dinero a los hogares. Pero la cobertura de los programas ha mermado desde su creación hace una década: en los discursos presidenciales de los inicios se aseguraba que Barrio Adentro I atendía a 17 millones de personas y Mercal a 15 millones. Un estudio de 2008 del Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales señala que de acuerdo con Datanálisis la máxima cobertura de Barrio Adentro pudo haber sido de 30% de la población (7,2 millones, en 2004) y de Mercal 53% (12 millones, en 2006). La misma encuestadora indicaba que entre 2004 y 2007 la cobertura de Barrio Adentro bajó a 22% y la de Mercal a 46%.

Datos de Encovi revelan que no solo la casa de los Belmonte está en el borde de un barranco: hace 5 años 2,5 millones de venezolanos reconocían ser beneficiarios de las misiones sociales y hoy la cifra bajó a 2 millones, lo que significa una disminución de 20% y queda muy lejos de los cálculos de los primeros años. Mercal y Barrio Adentro son las de mayor cobertura actual: 1.929.383 y 1.713.070, respectivamente. “Las misiones no son masivas, como la propaganda oficial pretende hacer ver. Al igual que todo programa social, más que masivas deberían ser para poblaciones específicas que se encuentran en situación de vulnerabilidad”, dice el estudio de las universidades. Según la Encovi, solo 8,4% de quienes viven en pobreza extrema son cubiertos por una misión.

Un análisis hecho para Prodavinci por la economista de ODH Consultores Anabella Abadí sobre la política social del gobierno señala que para los 43 planes sociales creados desde 2003 se han invertido más de 500 millardos de dólares. Abadí cita la última encuesta de presupuesto familiar del BCV de 2009: “92,79% de los usuarios de Barrio Adentro, 63,57% de los de Mercal y al menos 53% de los de Robinson I y II, Ribas y Sucre no viven en situación de pobreza. Por su parte, los programas han implicado importantes inversiones, pero el impacto ha sido bajo: Barrio Adentro atiende a 2,3% de los venezolanos; Mercal sólo abastece a 9% del consumo nacional de alimentos; y las misiones educativas analizadas tienen una cobertura de —en el mejor de los casos— 18,6%”. La Memoria y Cuenta 2013 del Ministerio del Despacho de la Presidencia y Seguimiento de la Gestión de Gobierno dice que el presupuesto asignado a las misiones sociales ese año fue de 3.028.535.780 bolívares.

Como Diorama –que es usuaria de Mercal- está 37% de los encuestados por las universidades: se siente excluida por razones administrativas y también políticas. “Más de la mitad de la población, 57%, dijo querer participar en una misión. La que despierta más interés es la Gran Misión Vivienda Venezuela. La mayoría de los beneficiados no son pobres porque las misiones dejaron de ser una política social para ser una forma de alcanzar metas sociales como un inmueble o un carro, lo que en otras sociedades se logra a través del trabajo productivo”, dice España.
  
Lejos de todo. Ángel Urbano y Angélica Lara están contentos. Escuchan a Héctor Lavoe en un viejo equipo de sonido, brindan con aguardiente y toman sopa de sobre. Una manguera rota es la única fuente de agua potable. Viven en Blandín, en la Caracas-La Guaira. “No hemos podido arreglar la manguera porque el dinero solo es para comer”, dice el hombre de 46 años de edad, que prefiere celebrar porque tiene unos días libres en el trabajo. 

Urbano es supervisor de seguridad de una compañía privada desde hace 19 años. Es el único sostén de la familia compuesta por Lara y el hijo de 12 años de edad de ambos. “Trabajo mucho, pero solo gano 6.000 bolívares al mes. De ese dinero, 1.000 son guardados para transporte y el resto para comer. Casi siempre me levanto en la madrugada para llegar a comercios de Catia a las 4:00 am y hacer colas para comprar comida barata. Unos días tenemos suerte, pero a veces no comemos”, asegura. De acuerdo con los datos de la Encovi, en esta misma situación de pobreza extrema por ingreso viven 1,7 millones de hogares, lo que representa 8,5 millones de personas y 23% de la población.

La familia tampoco dice haber recibido beneficios gubernamentales. “Aquí nunca ha llegado nadie para saber cómo vivimos o si comimos. La única gente que ha venido es la del Censo hace años. No estamos inscritos en misiones, tampoco salimos a votar. Solamente tengo mi trabajo y eso es todo. Si no lo tuviéramos, terminaríamos de morir de hambre”, agrega el hombre ya no tan contento. 

El 7 de febrero el presidente Nicolás Maduro anunció el lanzamiento del censo de la Gran Misión Hogares de la Patria en las 1.500 comunidades con mayores índices de pobreza del país, donde se construyen las Bases de Misiones Socialistas. La idea es que los vecinos vayan hasta el lugar a llenar sus datos. Pero, si algo tiene la pobreza extrema, es que no se entera de nada, no tiene acceso frecuente a Internet ni tampoco le alcanza para ponerle saldo al teléfono. Al que no le alcanza ni para comprar la comida solo puede pensar en que no le alcanza ni para comprar la comida. Por eso, con resignación crónica, esperan una visita del alguien del gobierno, una llave que llegue hasta su puerta.

La comida es el tema

Los alimentos regulados por el gobierno son la clave para el cálculo de la pobreza. Se es pobre o pobre extremo dependiendo del dinero que se tenga para comprar la Canasta Básica Normativa, calculada por el INE en 6.382, 62 bolívares. Sus características, de acuerdo al instituto oficial, son las siguientes:
 
√ Está compuesta por 50 productos que son representativos del consumo de las familias.
√ Está referida a un hogar tipo de 5,2 personas
√ Cubre la totalidad del requerimiento diario promedio per cápita de energía y nutrientes.
√ Aportan un promedio de 2.200 calorías diarias por persona.
√ Son productos accesibles desde el punto de vista de precios (bajo costo).
√ Se adaptan en lo posible a las disponibilidades de la producción nacional.