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Los sacrificios de Chile para salir de la dictadura

El general Augusto Pinochet y Patricio Ailwyn acordaron los términos del fin de la dictadura militar, aunque se mantuvo el poder político de las Fuerzas Armadas | Foto Archivo El Nacional

El general Augusto Pinochet y Patricio Ailwyn acordaron los términos del fin de la dictadura militar, aunque se mantuvo el poder político de las Fuerzas Armadas | Foto Archivo El Nacional

El diálogo obligó a hacer sacrificios importantes que todavía tienen consecuencias para la democracia chilena, especialmente en lo relacionado a la participación de los militares en política

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Gracias a una negociación entre gobierno y oposición Chile colocó punto final a 16 años de dictadura del general Augusto Pinochet en 1990. Sin embargo, el diálogo obligó a hacer sacrificios importantes que todavía tienen consecuencias para la democracia del país, especialmente en lo relacionado a la participación de los militares en política.

En un ensayo sobre el tema escrito por Óscar Godoy Arcaya, historiador y académico de la Universidad Católica de Chile, se señala que las negociaciones terminaron con acuerdos “expresos” y otros “tácitos”.

Entre los primeros hubo un proyecto de 54 reformas a la Constitución entre las que se contemplaron elementos como la elección proporcional de los representantes del Congreso y la escogencia del nuevo presidente por comicios.

Godoy advierte que estos acuerdos se consiguieron a cambio de los pactos “tácitos”, que se resumieron en mantener las disposiciones que configuran la participación institucional de las Fuerzas Armadas en el proceso de decisiones políticas y otros elementos que indirectamente aseguraban a Pinochet “un fuero político continuo por el resto de su vida”.

Sobre el primer elemento, Luis Alberto Buttó, historiador y especialista en el tema de relaciones civiles y militares, advierte que una solución como lo chilena es perjudicial para la democracia a mediano y largo plazo.

“Reconocer cuotas de poder a las Fuerzas Armadas es reconocer su capacidad de tutelar a un gobierno, lo que es un contrasentido en un sistema democrático en el que, idealmente, los actores elegidos no deben ser tutelados por ningún factor fáctico”, explica Buttó.

En el caso venezolano, Buttó considera que una mejor opción es plantear una revisión de la doctrina militar. “Se debe garantizar la formación de una oficialidad que esté consustanciada con los valores de la democracia liberal y sobre la que haya control civil. Si no es así se corre el riesgo de que la Fuerza Armada se vea a sí misma como una corporación y pase a defender intereses propios”, afirma.

Para Buttó, si la oficialidad no aceptara un eventual cambio político democrático y cónsono con la Constitución, un nuevo gobierno tendría mecanismos para resolver la situación, entre ellos la modificación del alto mando militar y el pase a retiro de oficiales.

Con respecto a medidas como el fuero del que disfrutó Pinochet con el cargo de senador vitalicio, Colette Capriles señala que en situaciones de cambio se aplica una “justicia transicional” que busca garantizar la estabilidad condenando ciertos hechos y pasando por alto o postergando otros.

“Ante este tipo de escenarios no hay unas condiciones establecidas y todo depende de las negociaciones que se hagan. Una característica de este tipo de justicia es que tiende a no dejar totalmente satisfecho a nadie”, explica.