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El recuento de Tibisay

La presidenta del CNE, Tibisay Lucena / José Pacheco

La presidenta del CNE, Tibisay Lucena / José Pacheco

Violonchelista, experta en procesos electorales, la presidente del Consejo Nacional Electoral ha dirigido ocho comicios en siete años. Hoy se vence su período como rectora de una gestión que es criticada por buena parte del país

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Irreversible. La era de Tibisay Lucena Ramírez como presidente del Consejo Nacional Electoral ha estado marcada por dos palabras: tendencia irreversible. Esa aseveración, ese remate, podría ser el eslogan del proceso automatizado de votación que tanto alaba. Una vez que Lucena se sienta en el Centro Internacional de Prensa para dar los resultados a un país en pausa, es porque difícilmente podrían cambiar. Esa noción fue su lema y su escudo. 

En 2007, cuando Hugo Chávez perdió por 1,4% y por 2,11% los dos bloques de consultas para la reforma constitucional, Lucena dio a conocer este concepto que no admite pataleo. Durante la lectura del boletín –en la madrugada del 3 de diciembre– le falló la voz de algodón de azúcar, se agotó en una sílaba final y debió retomar el ritmo. “Tenemos aún un porcentaje de actas que estamos esperando, pero analizando las transmisiones realizadas hasta este momento se ha determinado que es una tendencia clara e irreversible”. A pesar del traspiés de la dicción, ese anunció midió su temple aquella noche. Pero es mucho lo que ha sucedido desde entonces.

Seria, poco bromista, hermética y no muy sociable, Lucena ha dirigido ocho procesos electorales en siete años: presidenciales de 2006, la reforma de 2007, las regionales de 2008, la enmienda de 2009, las parlamentarias de 2010, las presidenciales y las regionales en 2012, las presidenciales de 2013. Además, el CNE prestó la plataforma técnica para las primarias de la oposición. Hoy finaliza, oficialmente, ese ciclo agotador.

En la sesión de la Asamblea Nacional del 27 de abril de 2006 fue designada rectora electoral principal y, dos días después, presidente del Consejo Nacional Electoral. Su período, así como los de los rectores Vicente Díaz y Sandra Oblitas, llegó al término de los siete años legales. Ellos, sin embargo, se mantendrán en sus funciones hasta que la Asamblea Nacional designe un Comité de Postulaciones Electorales que reciba a los convocados y los presente en plenaria. Si no es reelegida en el cargo, Lucena podría tener como última responsabilidad realizar la auditoría de las elecciones del 14 de abril que pidió la oposición y ella misma anunció que se haría, aunque después argumentó que era imposible hacer un recuento de votos en un sistema automatizado. En ellas, el candidato del PSUV, Nicolás Maduro, venció –según el CNE– a Henrique Capriles con una diferencia de 1,8% de los votos en unos comicios acentuados por las irregularidades. 
 
Orquídeas y críticas. A la oficina de Lucena, en el piso 1 de la sede principal del organismo en Plaza Caracas, llegan puntualmente las flores cada semana. El lugar, con sofás de cuero estilo inglés y una caminadora en la que se ejercita, tiene vista a la recuperada plaza Diego Ibarra. Al edificio anclado entre las Torres de El Silencio llegó a trabajar en 1999, cuando fue designada por la Asamblea Nacional Constituyente como rectora suplente del CNE durante el régimen de transición del Poder Público. Su despacho de la época era un lugar modesto en el ala derecha del segundo piso. Allí, la también violonchelista del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles, escuchaba música, encendía inciensos de mandarina o jazmín y ofrecía té a quienes la visitaban. También meditaba y hacía yoga. “Recibía siempre a los periodistas y conversaba de muchos temas, menos de los candentes del directorio”, recuerda un antiguo empleado. 

“Conocí a Lucena por el año 2000. Tenía un currículum bien constituido, era académicamente sólida y técnicamente neutra, pero con los cambios políticos del país, que obligaron a definir posturas a mucha gente, ella se ha visto públicamente muy asociada al pensamiento del Gobierno, lo que pone en duda su autonomía”, recuerda Eduardo Semtei, ex rector del CNE.

Ser atendido por la rectora en su espacioso sitio de trabajo es un privilegio para algunos pocos. Así lo asegura Ramón José Medina, representante del Comando Simón Bolívar ante el organismo. “Es muy selectiva al decidir a quién recibe. Se puede entender que en lo personal tenga una parcialidad política, pero como presidente del CNE debe atender a todos y acatar el artículo 51 de la Constitución, que dice que toda persona tiene derecho de recibir respuestas oportunas de las autoridades. Tibisay Lucena es inconsistente en sus actos”.

Al CNE llegó de la mano de Willian Lara, diputado, ministro y gobernador del chavismo fallecido en septiembre de 2010. Lucena –que también preside la Junta Nacional Electoral y fue profesora de procesos electorales– es socióloga de la Universidad Central de Venezuela y tiene un master y un Ph.D. en Sociología en The Graduate Faculty of the New School for Social Research, New York. Sus primeras responsabilidades en la administración pública estuvieron relacionadas con el esqueleto legal: fue proyectista de la Ley Orgánica del Poder Electoral y asesora de la Comisión de Régimen Político de la ANC. Ese comité estuvo presidido por Lara.
 
La rectora cultiva orquídeas y, por su condición pública, también adeptos y críticos. La semana posterior al 14 de abril su casa, en la urbanización Alta Florida de Caracas, fue caceroleada por los vecinos. Allí vive Lucena con el hijo de una hermana fallecida, al que ella adoptó siendo un niño. La residencia está custodiada por la Guardia Nacional Bolivariana y los conductores tienen prohibido estacionar sus vehículos en las aceras cercanas; los militares, intranquilos, obligan a apurar el paso de cualquiera que se interese en observar el vigilado lugar.

“Es una funcionaria pública y está expuesta al escrutinio ciudadano. Será juzgada en el futuro por haber permitido que se violara el sistema electoral venezolano”, añade Medina. “La presidencia del CNE tiene, en estas horas, una responsabilidad histórica muy grande frente a las futuras generaciones que la evaluarán y juzgarán; no sólo trata de respetar los resultados electorales o la voluntad soberana expresada en condiciones terriblemente adversas que contribuyó el propio CNE a deteriorar. Este arrebato a la voluntad popular validada por este CNE, especialmente por su presidente, ha generado violencia en Venezuela y eso representa una responsabilidad que trasciende a un resultado electoral porque tiene consecuencias en la estabilidad y gobernabilidad del país”, dice la diputada María Corina Machado.

Desde el foro de aporrea.org, la defienden: “Cortando un posible nudo gordiano que haga inviable la institucionalidad del país, Tibisay Lucena actuó con la brillantez y la celeridad necesarias para evitar la trampa del conteo de votos manual –el santo grial del fraude escuálido– y proceder inmediatamente a consolidar la democracia decretando a Maduro candidato electo”.

“Los empleados la respetan porque la ven como a una técnico profesional y confían en que diría cualquier resultado. Además, no es soberbia ni arrogante, aunque tampoco es espléndida. Creo que su fuerte no son las relaciones laborales, no es su prioridad. De hecho, hay algunas molestias por el tema de la remuneración”, dice una empleada del CNE que pide no revelar su nombre.

Irays Santiago, bibliotecóloga del Centro de Documentación e Información del CNE, recuerda que los empleados recibieron con sorpresa la designación de una mujer en ese cargo por primera vez. “Ella está muy ocupada y preocupada por los procesos electorales. Tal vez ya no está tan en contacto con el personal. Cuando estaba Jorge Rodríguez hacíamos asambleas de trabajadores, pero ahora todo es más cerrado. El año pasado trató de restablecer algunos nexos y llamó a dos trabajadores de cada departamento para conocer las realidades de su oficina”.
 
 
Técnica. La consolidación del sistema de votación automatizado en todos los centros del país y la mudanza del brazo técnico y operativo del CNE al edificio Teleport en Plaza Venezuela son dos aportes de Lucena. La inviolabilidad del secreto del voto y del proceso automatizado son dos de sus banderas principales. Sobre la compra por adjudicación directa de los dispositivos que desbloquean la máquina (el Sistema de Autenticación Integrado), Lucena ha argumentado que se trata de un prototipo diseñado por el propio CNE que la empresa sólo fabrica. Sin embargo, el organismo que preside ha sido un muro de contención bajo y frágil frente a los abusos durante las campañas electorales y para resguardar el voto, a los votantes y a los testigos el día de la elección.

“Se ha refugiado en lo técnico y en materia política ha sido muy débil. No creo que ella sea una truhana, una pilla, pero ha sido endeble de carácter para reclamarle al Gobierno el uso indebido de los bienes públicos en beneficio de las campañas oficiales. No ha sabido, no ha podido o no ha querido actuar frente a esto. No ha sido sólida y su formación técnica de primera se ha visto malograda por no impedir una violación flagrante de las condiciones de neutralidad”, dice Semtei.

“Ella sabe de elecciones de verdad. La conformación política del CNE hace muy difícil el funcionamiento y la toma de decisiones. Con ella hemos tenido dulces y amargos porque nunca ha sido realmente autónoma”, indica un miembro de la oposición. Ana María Díaz, ex directora de Partidos Políticos del CNE, habla de un viraje en el perfil laboral de Lucena con un claro punto de quiebre: “Desde finales de los noventa hasta 2003 fue una profesional de muy bajo perfil, pero con la llegada ese año de Jorge Rodríguez se convirtió en incondicional a una parcialidad política”. Semtei también menciona a Rodríguez, sin decirlo: “Cada vez que se habla de negociaciones turbias en el CNE los dedos señalan al jefe de campaña de Maduro y no a Tibisay. Se ha dicho mucho que este jefe de campaña ha tratado de imponerse sobre ella y, en dos o tres oportunidades, lo ha mandado bien lejos”.

En 2006, en la primera entrevista que dio Lucena a El Nacional como presidente del organismo, fue consultada sobre las garantías para controlar la campaña electoral oficial. “Escucharemos las propuestas para afinar las normas y evitar abusos de todos los participantes. Tengo muchas expectativas sobre lo que pueda surgir de estas reuniones”, dijo. Siete años después, sea lo que sea que haya surgido de las reuniones mencionadas por la rectora, las denuncias de abusos se multiplicaron y la parcialidad de los funcionarios públicos fue muy notoria. “Como presidente saliente debería llamar a las partes a ponerse de acuerdo, aunque eso no aparezca en la ley como una de sus atribuciones. Debería ser la primera promotora del diálogo, por hidalguía, como un gesto de buena voluntad”, reclama Semtei.

El Comando Simón Bolívar, del candidato opositor, recibió 29.500 reclamos de incidencias durante el 14 de abril. Los principales fueron el voto asistido, la coacción a la hora de votar, la violencia en las inmediaciones de los centros y la obstrucción de la auditoría ciudadana. A pesar de que Capriles no aceptó los resultados, Lucena proclamó a Maduro a pocas horas de anunciarlos. Cuatro días después de su juramentación como Presidente –acto del que Lucena salió antes de que se terminara– Maduro la halagó y se refirió a ella como una “mujer valiente, mujer de esta patria”.