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“La razón de ser del narcotraficante son las mujeres”

Gustavo Bolívar, autor de "Sin tetas no hay paraíso", considera que ellas son cómplices inocentes de los capos | Foto: Angélica Lugo

Gustavo Bolívar, autor de "Sin tetas no hay paraíso", considera que ellas son cómplices inocentes de los capos | Foto: Angélica Lugo

El fenómeno de las narcomodelos o mujeres "prepago" surgió en Colombia a finales de la década de los ochenta. Gustavo Bolívar, autor de Sin tetas no hay paraíso, considera que ellas son cómplices inocentes de los capos. "A ellos les gustan jóvenes, hasta adolescentes; una mujer de 30 años de edad, incluso menos, ya no es provocativa"

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En Colombia mucho se escucha del fenómeno de las narcomodelos, pero son pocas las investigaciones que hay sobre el tema. Gustavo Bolívar, autor del libro de ficción Sin tetas no hay paraíso, se ha convertido en una referencia para analizar este problema que involucra a adolescentes y mujeres famosas con narcotraficantes. A través de sus investigaciones y de testimonios que ha conseguido de las llamadas “prepagos” y de algunos capos, el periodista colombiano ha logrado obtener una radiografía de este asunto, que cada vez es más frecuente en países vecinos.

Bolívar señaló que debido a la presión que el Gobierno de Colombia ha ejercido contra los narcotraficantes, estos han emigrado a otras naciones y allí han captado mujeres bellas y reconocidas para que estén con ellos.

En el libro, que fue publicado en su primera edición en julio de 2005, el periodista narra la historia de Catalina, una adolescente de 14 años de edad que anhela operarse los senos para que los narcotraficantes la vean atractiva y, por ende, obtener dinero. “Ese testimonio es real y le escogí un nombre ficticio para proteger la identidad de ella, pero en Colombia hay miles de Catalinas”, advierte.

—¿Cuándo surge el fenómeno en Colombia?
—El primer caso documentado de una famosa, porque a ellos les gustan las famosas, es el de la periodista y modelo Virginia Vallejo con Pablo Escobar, el jefe del Cartel de Medellín. Ella lo confesó en el libro Amando a Pablo, odiando a Escobar. Después de que publiqué Sin tetas no hay paraíso encontré el eslabón perdido porque Virginia Vallejo no encaja en este prototipo actual de la mujer protuberante operada.

—¿Cuál es el prototipo de las mujeres que les gustan a los narcotraficantes?
—Preguntándole a varios narcotraficantes en las entrevistas que les he hecho en las cárceles, llegué la conclusión de que la primera mujer que ellos se fijan como estereotipo narco es Pamela Anderson, a partir de su aparición en la serie Baywatch que tuvo éxito a finales de los ochenta. Con esta actriz ellos empiezan a fijarse en esa estética protuberante y comienzan a fabricarse mujeres, porque prácticamente lo que montan es una fábrica de muñecas. Armaban una red con muchos médicos, incluso a cada uno les abrían cuentas y les canjeaban operaciones por carros. No sé cómo se maneja ahora.

—¿Qué operaciones piden que les hagan a estas mujeres?
—Liposucción, senos, les achican los cachetes; también les adelgazan los brazos y las piernas. Por eso ellas son tan parecidas. Si se ponen todas las mujeres de la mafia en fila veremos que todas son hechas con el mismo molde.

—Usted dice que la razón de ser del narcotraficante son las mujeres, ¿por qué considera que es así?
—Cuando uno empieza a ver que ese fenómeno aparece justo en las ciudades donde hay influencia del narcotráfico es cuando se llega a la conclusión de que la razón de ser del narcotraficante son las mujeres. Ellos amasan sus fortunas, se arriesgan, conocen de antemano que su vida útil es muy corta, máximo 10 años. Sin embargo, están dispuestos a jugarla y a vivirla a fondo, lo que significa con muchas mujeres. No conozco un narcotraficante que se conforme con su esposa. Siempre quieren tener una y otra. Ellos las van acumulando como trofeos, que es su mayor ganancia. Siempre quieren tener a la más famosa, la que esté más de moda y el que la obtenga es un tipo que gana muchos puntos dentro de esa mafia.

—¿Cuál es el perfil de ellas?
—A ellos les gustan jóvenes, hasta adolescentes; una mujer de 30 años de edad, incluso menos, ya no es provocativa. Ellas tienen la vida útil más corta que la de los narcos, pues la de estos hombres puede durar en promedio 35 o 40 años, hasta que los matan, los extraditan o los capturan. Pablo Escobar murió a los 43 años de edad. Los únicos dos que llegaron a viejos de toda esa manada fueron los Rodríguez Orejuela, pero están en una cárcel de Estados Unidos.

—¿Las mujeres que están involucradas con los narcotraficantes son cómplices?
—Son cómplices inocentes porque pueden ser conscientes de lo que hacen sus parejas, pero no conocen los alcances jurídicos. Simplemente, son solidarias con ellos. Son tipos que las visten, les compran carros y apartamentos, les mantienen a la familia y ellas sienten la obligación de colaborar. Si les piden que pongan propiedades a su nombre, ni siquiera se pueden negar. No imagino a estas mujeres tratando de amasar fortunas. Ellas son cortas de ambición. Quieren vestir bien, operarse, tener un buen automóvil y de pronto una buena casa. Yo he hablado mucho con ellas y se conforman sólo con eso.

—¿Cómo reclutan los narcotraficantes a sus mujeres?
—Cuando ven a alguien por televisión muy linda, le ponen precio. Siempre hay proxenetas atentos para reclutar a una niña bonita en un colegio, en un salón de belleza. Le dicen que tienen un amigo que la quiere conocer y le puede pagar bien y ahí empieza el círculo. El proxenetismo es bárbaro, desde los preparadores de reinas, los peluqueros, los maquilladores. Aquí en Colombia puede haber miles.

—¿Conoce casos de algunas mujeres que han sido amenazadas por narcotraficantes en su país?
—Después de mi libro Sin tetas no hay paraíso, recibí muchos correos. Algunas mujeres me han escrito para contarme que los narcotraficantes les han propuesto estar con ellos. Han matado a algunas que saben mucho. Cuando aparece la DEA o el Presidente los nombra como los nuevos narcos, mandan a limpiar a todas las personas que conocen porque saben que cualquiera los puede vender. Otra cosa que sucede es que, cuando van a matar a los narcotraficantes, también las matan a ellas. Acá ha habido en la televisión cualquier cantidad de mujeres involucradas con narcotraficantes.

—¿Es cierto que en los concursos de belleza en su país algunos narcotraficantes extorsionan al jurado para que escoja a sus favoritas?
—En Barranquilla no, pero hay otros certámenes en los departamentos traquetos (narcotraficantes) adonde sí escogen a la que elijan los narcos.

—¿En Colombia han impulsado programas sociales para crear conciencia sobre este tema?
—En los colegios, aunque no con énfasis. Es doloroso porque ya ni siquiera es con narcos. Hay un turismo sexual en epicentros como Cartagena y Girardot, pero quienes pagan por eso son los empresarios y militares. En los sectores populares, que es donde se da el fenómeno, la comunicación de los padres con sus hijos es muy precaria. He ido a dictar conferencias en escuelas muy pobres de Cartagena y al final las niñas salen con celulares muy lujosos a tomar fotos, en ese momento me pregunto de dónde sacaron dinero para comprar eso.