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"Yo protagonizo y vendo mi película"

Consuelo Zapata nació sin antebrazos ni piernas, pero eso no le impide ser toda ella una compañía cinematográfica. Tiene el papel principal en el documental ¿Quién tiene miedo? y ahora se encarga de distribuir la cinta. Dona parte de sus ganancias a una institución que atiende personas con discapacidad

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Consuelo Zapata nació sin piernas ni antebrazos. Pero Consuelo Zapata nació también con una voluntad de hierro.

Una voluntad tan mayúscula que jamás se resignó hasta conseguir la prótesis que necesitaba para poder caminar.

Su voluntad inquebrantable la hizo estudiar dibujo y demostrar que, para tomar un lápiz, no se necesitan manos. Esa misma voluntad superlativa la llevó a convertirse en protagonista de su propio documental, una película en la que comenzó a actuar azarosamente y terminó por planificar las escenas.

Y con la voluntad indestructible que tiene, ahora vende la cinta, como si ella sola fuese una compañía de distribución cinematográfica.

Tiene 67 años de edad, nació en Barquisimeto y su historia es dramática. Sin embargo, con ese don de cuentacuentos que posee, transforma su tragedia en esperanza. Nació sin parte de sus extremidades, lo que la confinó desde muy niña a una silla de ruedas. Su mamá no la envió a la escuela. "No pude aprender a leer, ni a escribir ni a hacer números porque no tenía piernas ni zapatos especiales para ir al colegio", confiesa.

Pero a pesar de sus dificultades, desde pequeña tenía una pasión: el dibujo. "Mi mamá me dejaba en la plaza sentada, me decía `ya vengo’ y no me daba ni medio. Al frente había un señor que vendía dulce de higo y yo moría por comer uno. Pero costaba un real. Un día vinieron unos niños a sentarse a mi lado. Me ofrecí a dibujar si me daban un medio. Y lo hice. Después vino un montón de gente.

Mi mamá cuando llegó se asustó y yo le dije que había ganado 10 bolívares, que ya tenía oficina, que mi oficina era la calle. Y me comí mi dulce". Así comenzó su carrera.

A los 24 años de edad llegó a Caracas para aprender a pintar.

"Me casé, compré un ranchito de lata y me puse a estudiar dibujo publicitario en la redoma de Petare", cuenta. Tuvo tres hijas, todas han tenido graves problemas, especialmente una de ellas que se fracturó la cabeza en un accidente de tránsito y quedó con retardo mental. Hace dos décadas, el marido de Consuelo dijo que se iría de viaje y volvería un lunes. "Pero no dijo de qué año", bromea. Desde entonces, ella es el sostén único del hogar. Y lo hace vendiendo sus dibujos.

Lejos de deprimirla, su situación le hace erguir la cabeza. Se sabe ejemplo. Por eso aceptó protagonizar un documental: para que otra gente no se eche a morir con los problemas.

"Quien quiere ser útil, trata de ser útil. Yo siempre he querido ser útil, no inútil. Hice una película para ser útil, no inútil", dice.

Cámara y acción. Aquí es cuando entran en la historia Eliadys Sayalero y Diego González Zorrilla, dos jóvenes cineastas de la Escuela de Cine Documental de Caracas que dirige César Cortez. Sayalero conoció a Consuelo y, junto con González, comenzó a grabarla dibujando. "No quisimos quedarnos en la primera impresión de ella: que es una mujer sin brazos que dibuja, no queríamos convertirla en objeto de circo; queríamos mostrar su ánimo, esa alma especial que tiene", expresan.

Se dieron cuenta de que ella era consciente de que la filmaban. "En algún momento agarró las riendas del documental y comenzó a hacer propuestas", revelan los cineastas.

Ella lo afirma: "Yo les dije: quiero que graben a mi hija en Barquisimeto". Consuelo se refiere a Cleopatra, la hija que tuvo el accidente y está recluida en un hogar para personas con discapacidad: el Pequeño Cottolengo Don Orione.

Los documentalistas se vieron en una disyuntiva: no tenían el dinero para cumplir el sueño de Consuelo y comenzaron a darle largas al asunto. Le dijeron que pidiera los permisos para grabar en la institución. Ella no se quedó quieta. Un viernes los llamó: ya estaba todo listo, podían salir ese mismo día. Ellos le hicieron caso. Allá, además de hacer tomas de su encuentro con la hija, cumplieron otra idea de la incipiente guionista: quería salir en traje de baño para mostrar que la discapacidad de sus piernas, disimulada por las botas, era real. También fue ella quien hizo las animaciones en computadora del film.

Sayalero asegura que Consuelo tiene mirada de artista: "Sabe que está siendo observada y se luce". Su lucidez la lleva, incluso, a censurarse a sí misma pensando en un posible niño espectador. Por eso no quiso mostrar en la película una escena de cómo fumaba, pues no quería ser ejemplo de un vicio.

"Cuando me ven niños yo me comporto de lo mejor", dice.

Empresa distribuidora. Aún la película no estaba lista y una Consuelo "empresaria" la comenzó a vender. "César Cortez me dio diez copias y me fui abajo del edificio de la escuela (en el centro de Caracas) a probar si alguien compraba el CD que no tenía ni carátula. Un señor me preguntó de qué se trataba, si era de pistoleros y yo le dije que sí, que había guerra.

No sabía explicarle que yo era la protagonista de la película.

Me pagó 50 bolívares".

Después comenzó a ir a las distintas filas que hacen los ciudadanos en Caracas para cualquier gestión, por ejemplo sacarse la cédula. "Veo una cola y me pongo ahí, le digo a la gente: `Yo soy la protagonista y vendo esta película’. La vendo para ayudar a mi hija y colaborar con el Cottolengo; para ayudar a las personas que me piden ayuda y también a mis cuatro nietos, y para ayudarme yo principalmente", relata.

Sayalero se sorprendió del instinto comercial de Consuelo, quien no sólo mercadeaba con los CD que le daba la Escuela de Cine Documental sino que quemaba copias en otras partes. "De esa primera versión, ella vendió más de cien copias, demostró que hay otros medios de distribución.

Además, aprendimos que los documentalistas podemos hacer una labor social", señalan los realizadores. Desde entonces, el filme de 43 minutos no sólo se vende por la vía informal, sino que también se proyecta en diferentes espacios, con el propósito de llegar al público y a la vez recaudar fondos para los proyectos de Consuelo. Se estrenó vía online en el portal docuven.org.ve y eso ha traído más compradores.

"Consuelo nos ha abierto las puertas a otras posibilidades del cine", revelan los directores.

Pero ella está conforme con su cinta. Quería una película para conservar la imagen de su hija. Más nada. Ahora sólo quiere seguir pintando.