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En este plato comió el Libertador

Anticuarios y casas de subastas exhiben vajillas y cartas de Simón Bolívar valoradas por los coleccionistas. En Colombia calculan que los documentos de su puño y letra pueden costar hasta 18.000 dólares por página

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Una carta del Libertador pasó casi inadvertida en una subasta que Christie’s realizó el 21 de noviembre pasado en Londres. Formaba parte de un lote en el que había un cuento inédito del Nobel colombiano Gabriel García Márquez, que copó la atención de los medios. El documento, escrito en español, en el que Simón Bolívar se refiere al geógrafo Alexander von Humboldt, se vendió por un precio mayor al calculado: 9.375 libras, casi 15.000 dólares.

Los escritos de Bolívar abundan en las colecciones de las grandes casas de subastas del mundo. En un arqueo de los catálogos de Christie’s, Sotheby’s y Bonhams, se encuentran cartas del prócer que pertenecen a ingleses y franceses. En los portales de estas compañías hay al menos una decena de ellas, unas personales y otras oficiales. Algunas hasta conservan entre sus pliegos mechones de cabello del autor. En anticuarios de Colombia es posible encontrar sus platos y cubiertos.

“Con las cosas de Bolívar siempre se ha especulado mucho. Durante su vida pública firmó muchos documentos, que son preciados para coleccionistas y expertos, se cotizan alto en el mercado internacional”, dice Enrique Nóbrega, coordinador del Museo Bolivariano.

De puño y letra. El historiador colombiano Armando Martínez indica que hay escritos de Bolívar en manos de familias colombianas, venezolanas y europeas porque él tenía al menos tres secretarios a los que les dictaba sus comunicaciones simultáneamente, así que originales y copias pasaron a formar parte de su archivo. “Bolívar lo que hacía era firmar”, dice.

Descendientes de la familia del prócer han puesto a la venta parte de los documentos y objetos que han pasado de generación en generación. En Christie’s, por ejemplo, se vende actualmente un baúl con 192 cartas que Luis Fernando Bolívar Carreño (descendiente de Fernando Bolívar, uno de los sobrinos más queridos del Libertador) había intentado vender a través del portal eBay en 2008 y que ahora espera por una puja en Nueva York.

Simón Bolívar dispuso en su testamento que se quemara todo su archivo, afirma la historiadora venezolana Inés Quintero. Pero los albaceas no siguieron la indicación, conservaron los papeles y los enviaron a Jamaica, donde la colección fue dividida en tres partes, sin que se hiciera un inventario de lo que contenía. El archivo se reunió y volvió a Venezuela en la segunda mitad del siglo XIX, a través de Antonio Leocadio Guzmán y su hijo, el ex presidente Antonio Guzmán Blanco. Ya en el siglo XX, gracias al trabajo de Vicente Lecuna, el archivo del Libertador se consolidó. Lo custodió de 1999 a 2010 la Academia Nacional de la Historia y ahora está en la sede del Archivo General de la Nación.

Las cartas son más fáciles de encontrar porque es factible certificarlas y autenticarlas mediante una experticia, señala Alfonso Guzmán, presidente de la Asociación de Anticuarios de Colombia. “Actualmente cada página escrita de su puño y letra debe costar cerca de 18.000 dólares, pero dependerá de la importancia del documento. Existen muchas órdenes militares y condecoraciones, pero hay otros más poéticos, en los que expresa sentimientos sobre la libertad o la patria. Esos son mucho más apreciados por los coleccionistas”, indica.

Reliquias bolivarianas. Vajillas y cubiertos usados por el Libertador también son objetos comunes en el mercado de antigüedades. “Algunos son de sus familiares o de parientes de otros próceres. Muchos piden millonadas porque dicen que Bolívar comió con esos tenedores”, expresa Nóbrega.

Desde Bogotá, Guzmán recuerda que hace cinco años un hombre llegó a su anticuario con piezas de cristal de una vajilla del Libertador. La ponchera y los tazones –contó el hombre– se las obsequiaron a Bolívar cuando estuvo en la costa caribe colombiana y luego las llevó a Bogotá. “Los tuvimos en exhibición y después de unos meses él decidió retirarlos. No constaba científicamente que pertenecieron al Libertador. Los clientes oían la historia, pero no estaban convencidos. Valían 5 o 7 millones de pesos colombianos”, dice por teléfono.

El historiador y conservador de arte Carlos Federico Duarte recuerda que hace 15 años dos hombres se acercaron a su despacho en Caracas para que evaluara un catalejo que –aseguraban– perteneció a Bolívar. “El largavista era una pieza original, en una caja de cuero, con una inscripción muy bonita de cobre del siglo XIX. Era un regalo que le habían hecho a Bolívar y luego llegó a manos de Juan Vicente Gómez”, relata. Tiene la certeza de que la pieza era original y así se los comunicó. Imagina que los vendedores eran descendientes de Gómez, pero les perdió la pista y no supo si finalmente lo vendieron.

El relato de los artículos de Bolívar a la venta tuvo un capítulo de excepción en noviembre de 2004, cuando Christie’s subastó un par de pistolas del héroe que fueron compradas –en 1,6 millones de dólares– por el empresario venezolano Wilmer Ruperti.

Duarte lamenta que no se haya hecho una relación de los objetos del Libertador que se encuentran dispersos en el mundo. “Sería interesante hacerlo, pero no es una cuestión de Estado, sino de especialistas e investigadores”, indica.

Nóbrega argumenta que en Colombia hay más objetos porque Bolívar vivió más tiempo en ese país. Señala que el último esfuerzo estatal por adquirir artículos de importancia fue en los años ochenta, cuando el Banco Central de Venezuela compró vajillas y medallas –llamadas las joyas del Libertador– a descendientes de sus hermanos. El resto han sido esfuerzos aislados: “Hemos revisado algunas cartas y cosas, pero con algunas es difícil definir la cadena de custodia y de sucesión; otras son muy costosas”.