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Las piezas de un fraude cantado

A pesar de la intimidación de los militares liderados por Marcos Pérez Jiménez, los venezolanos salieron a votar con estusiasmo / Archivo

A pesar de la intimidación de los militares liderados por Marcos Pérez Jiménez, los venezolanos salieron a votar con estusiasmo / Archivo

Hoy se cumplen 60 años del desconocimiento por parte de los militares liderados por Marcos Pérez Jiménez del resultado electoral del 30 de noviembre de 1952, que daba cómoda mayoría al partido URD en la integración de la Asamblea Constituyente. Testimonios de protagonistas de la época hablan de la voluntad de los venezolanos por ejercer el derecho al voto y de la ambición autoritaria de quienes desearon ignorar la voluntad popular

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1948-1952: un prólogo de intimidación

Unas elecciones, un golpe de Estado, dos asesinatos, otras elecciones, un fraude, un presidente provisional que terminó en dictador. Entre 1948 y 1952, Venezuela pudo haber sido y no fue.

El 15 de febrero de 1948 asumió la Presidencia de la República Rómulo Gallegos. En diciembre del año anterior había vencido en la primera elección universal, directa y secreta del país, pero ocho meses más tarde, el 24 de noviembre, el alto mando militar le dio un golpe de Estado que tendría largas y sangrientas consecuencias. Carlos Delgado Chalbaud, Marcos Pérez Jiménez y Luis Felipe Llovera Páez integraron la Junta Militar de Gobierno que decidió los destinos del país, ilegalizó a Acción Democrática y el Partido Comunista de Venezuela –muchos de sus líderes tuvieron que pasar a la clandestinidad, al exilio o fueron enviados a la cárcel– y permitió una libertad de acción vigilada a URD y Copei.

El 13 de noviembre de 1950 fue asesinado Delgado Chalbaud, presidente de la Junta y partidario de la realización de elecciones libres. Con su desaparición quedaba despejado el camino para los que, como Pérez Jiménez, consideraban que el poder no debía cederse. Sin embargo, en un intento por barnizar de democracia el mandato militar, se convocó a una elección a finales de 1952 para la integración de la Asamblea Constituyente que elegiría a la totalidad de los poderes públicos. Pero las muertes continuaron: el 21 de octubre, el líder de AD Leonardo Ruiz Pineda –que encabezó la resistencia contra la Junta en la clandestinidad– también fue ultimado.

El 30 de noviembre de ese año los partidos URD y Copei ganaron la mayoría de los escaños al Frente Electoral Independiente (brazo político de los militares), pero la Junta de Gobierno (que ya no se hacía llamar “militar”) suspendió el conteo de votos y alteró el resultado a favor del FEI. Vicente Grisanti, presidente del Consejo Supremo Electoral, así como otros miembros de la institución, se negaron a avalar el fraude y renunciaron.

El 2 de diciembre de 1952, el alto mando militar nombró a Pérez Jiménez “presidente provisional de Venezuela” hasta que la Asamblea Constituyente lo ratificara. Gobernó hasta el 23 de enero de 1958.

El telegrama

El 2 de diciembre en la madrugada Marcos Pérez Jiménez envió un mensaje a Jóvito Villalba e Ignacio Arcaya, del partido URD. La breve nota terminó siendo una de las piezas clave de esta historia. Allí el militar y ministro de la Defensa prácticamente reconoce la derrota en las elecciones del 30 de noviembre, pero argumenta que por “el prestigio de la nación” no reconocerá el triunfo que –asegura– se logró gracias a un acuerdo con AD y PCV, partidos ilegales para la época.

“Caracas, 2 de diciembre de 1953, DEP. 00.05, hora: 3:00 am

Doctores Ignacio Luis Arcaya y Jóvito Villalba

Caracas

No basta el desmentido categórico del grave hecho del acuerdo con partidos en la clandestinidad y antinacionales que a ustedes se les imputa, para probar la buena fe de las aseveraciones que ustedes hacen. Las ideas expuestas por oradores de URD en diferentes mítines y la votación de los comunistas y de los acciondemocratistas por la tarjeta amarilla, ha venido a corroborar el hecho señalado. La Institución Armada, tan escarnecida por ustedes, no está dispuesta a admitir que por acuerdos torvos se vaya a lesionar el prestigio y el progreso de la nación, seriamente comprometido por el triunfo electoral de Acción Democrática y el Partido Comunista, que URD ha propiciado.

Atentamente,

Marcos Pérez Jiménez”

(BitBiblioteca, perteneciente a Venezuela Analítica)

Jóvito, el gran orador que los sorprendió

“Si yo, en lugar de dedicar tanto tiempo a arengar al país en pro de la política de unidad y a favor de la concurrencia a los comicios, sobre todo por la negativa de AD –pues era imprescindible convencer a su militancia–, hubiera dedicado tiempo al trabajo con los militares, Venezuela habría cambiado el 30 de noviembre. ¡Trabajar con los militares era la gran tarea! En el seno de la Fuerzas Armadas Nacionales había oficiales y soldados institucionalistas.

Yo partí de la base de que Acción Democrática controlaba su electorado. Pensé, luego del reiterado llamado a la abstención de Rómulo Betancourt, ‘estoy derrotado’. Pero no, la cosa no fue así. El pueblo venezolano y la militancia de Acción Democrática escucharon mis argumentos y entendieron que las elecciones se habían convertido en una batalla revolucionaria por la libertad y desoyera a los comandos internos y externos y sufragara por la Constituyente, es decir, por los candidatos de URD y de la comunidad nacional.

Cuando los tanques salen a la calle para aplastar las instituciones, imponiendo la censura, disolviendo los partidos y los sindicatos, nada se puede hacer. Esto ha ocurrido en Caracas y en Santiago de Chile, en 1948 y 1952”.

(Extracto de entrevista a Jóvito Villalba, El Nacional, 30 de noviembre de 1977)

Germán Suárez Flamerich y el desencanto

“Al asumir la tremenda responsabilidad de integrar con Marcos Pérez Jiménez y Luis Felipe Llovera Páez, a raíz de haber sido vilmente asesinado el coronel Carlos Delgado Chalbaud, un gobierno de facto, sólo me guió el propósito, mejor diría el empeño, de que el país volviese a la vida institucional a través de unas elecciones libres. Frustrado el móvil que me llevó a formar parte de un tal gobierno, y sin poder contar con el respaldo que únicamente las Fuerzas Armadas Nacionales estaban en capacidad de brindar de forma eficaz e inmediata para hacer respetar el resultado de las elecciones para la constituyente, no pude menos que renunciar. Personal y directamente manifesté en Miraflores a Pérez Jiménez, que como ministro de la Defensa sí tenía bajo su control a las Fuerzas Armadas, que no estaba dispuesto a asumir la responsabilidad histórica de desconocer el resultado de aquellos comicios, expresión inequívoca de la voluntad popular. Ante la negativa de someterse Pérez Jiménez a los verdaderos resultados de las elecciones de 1952, me separé del Gobierno. Desencantado ciertamente por la débil reacción que los sucesos políticos de esos días provocaron en el ánimo público, particularmente en los sectores de oposición, marché por mi propia decisión y cuenta al exterior donde permanecí durante poco más de un año”.

(Extracto de entrevista a Germán Suárez Flamerich, Biblioteca Voces del Siglo XX de la Fundación José Guillermo Carrillo)