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La pena de la orca mata

Orca / AP

Orca / AP

Estos cetáceos se vuelven asesinos en cautiverio. La muerte casi simultánea de dos entrenadores, en Tenerife y Orlando, lo certifica, aunque la justicia tratara los dos ataques de forma muy diferente

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Estos son los hechos: el 24 de diciembre de 2009, día de Nochebuena, Alexis Martínez, de 29 años, fue "atacado" ­según informe forense­ por una orca macho de 5.000 kilos llamada Keto durante un entrenamiento rutinario en el zoológico Loro Parque, ubicado en el Puerto de la Cruz (Tenerife) y que posee 6 de las 48 orcas que existen en el mundo en cautiverio. Martínez murió casi en el acto y el espectáculo previsto se celebró una hora después en la misma piscina. 2 meses más tarde, el 24 de febrero de 2010, ocurría lo mismo al otro lado del Atlántico con una entrenadora de 40 años llamada Dawn Brancheau. Una orca macho conocida como Tilikum ­ascendiente de Keto, implicada en 3 muertes y cazada con 2 años en las costas de Islandia en 1983­ la atacaba hasta matarla en las piscinas de un parque en Orlando. Ambos accidentes están relacionados con la misma compañía, Sea World ­con sedes en San Antonio, Orlando y San Diego­, que le presta algunos ejemplares a Loro Parque y se atribuye el liderazgo mundial en el trato con estos cetáceos en cautiverio. Unos mamíferos que se organizan en comunidades matriarcales, con una gran inteligencia emocional y un dialecto propio. Las orcas cuentan con la máxima protección en los convenios internacionales, que impiden su captura desde los años noventa.

Silencio. Mientras en Estados Unidos se desataba la polémica a raíz de la muerte de Brancheau, en España "hubo un apagón mediático escandaloso", en palabras de un concejal de la oposición del Ayuntamiento del Puerto de la Cruz, que prefiere mantener su anonimato. El conocido periodista de CNN, Larry King, le dedicaba un programa al asunto en febrero de 2011 y luego se acababa debatiendo sobre el tema en la Cámara de Representantes del Congreso en Washington. El caso de Alexis Martínez, en cambio, no salió de Tenerife y apenas se recogió en la prensa local, que tiene a Loro Parque como uno de sus principales anunciantes.

En EE UU continúa el proceso judicial que ha llevado a Sea World a sacar a sus entrenadores de las piscinas de las orcas (allí y en España) y a pagar la multa máxima (75.000 dólares) por un delito de "violación de la seguridad del trabajador" denunciado por la OSHA (Inspección de Trabajo). En España, pese a los desesperados esfuerzos de Mercedes Hernández, madre de Alexis, el caso quedó archivado en abril de 2012 por no encontrarse indicios penales. Así consta en el auto de la sección segunda de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife, pese a que el informe de Trabajo refleja que Martínez era técnico de sonido y desde 2006 "desempeñaba funciones de entrenador senior en el espectáculo de las orcas, aunque estaba contratado como asistente de show"; no poseía título alguno de entrenador ni había recibido formación especializada en los parques Sea World de EE UU como otros compañeros; trabajaba 40 horas semanales por 830 euros al mes; y 2 años antes de su muerte hubo otro incidente grave con una orca y otra compañera.

"Entró para poner la música del espectáculo y acabó con las orcas porque le gustaban. Le decían que tenía aptitudes", cuenta Mercedes, maestra de 54 años indemnizada con 130.000 euros por un seguro tras perder a su hijo. Alexis Martínez, que coincidió con Brancheau cuando ella visitó Loro Parque, era un chico metódico que trabajaba con un diario: "Día seco para Keto (no está perfecto aún)", escribía el 3 de septiembre de 2009.

Los ecos del encendido debate de EE UU llegan ahora a España de la mano del documental Blackfish, que pone sobre la mesa las cuestiones que entrañan estas muertes: ¿protección animal o espectáculo? ¿Conservación de especies o negocio?

Sin justificación. Con 1,3 millones de visitas al año, Loro Parque factura 40 millones de euros anuales y compite en atractivo turístico con el Teide, declarado patrimonio de la humanidad. Las orcas ­en enormes carteles en el aeropuerto, en cada señal de tráfico que indica "Puerto de la Cruz", en las papeleras, en las botellas de agua, en los coches de alquiler­ se han convertido en la carta de presentación de un zoológico que se abrió en 1972 como un parque de papagayos y hoy tiene gorilas, pingüinos, delfines, entre otros animales.

Ocupa 135.000 metros cuadrados en la costa, mantiene 400 empleos y está dirigido desde el principio por el empresario alemán Wolfgan Kiessling, a la sazón cónsul honorario de Tailandia, con oficina dentro del zoo, y con múltiples medallas a la promoción turística. Sea World, por su parte, facturó 56,5 millones de euros en 2012, según Forbes.

"Es un negocio encubierto con la excusa de la investigación y la conservación. No se debe promover la cría de estos animales en cautiverio, por muy grande que sea el espacio siempre es pequeño, les genera estrés y por eso atacan. No se conoce ninguna agresión de orcas en libertad. No hay proyecto científico que justifique su cautiverio en piscinas de 12 metros de profundidad", defiende Vidal Martín, presidente de la Sociedad para el Estudio de los Cetáceos en el Archipiélago Canario. "Ya es imposible reinsertarlas, si tiene que haber zoológicos que sean así", dice Renaud de Stephanis experto en cetáceos del CSIC con un proyecto en Loro Parque.

Desde el zoológico aseguran que es "un vehículo de sensibilización social" y que invierten 500.000 euros al año en el cuidado de cada uno de estos animales. Pero recientemente avivaron la polémica al quedarse con Morgan, una orca perdida en las costas de Holanda y que, según el informe de la investigadora americana Ingrid Visser realizado en Loro Parque: "Presenta múltiples problemas de adaptación y es constantemente agredida por las otras".

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