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"No paran de llegar"

En Cúcuta se habilitaron siete albergues para recibir a los colombianos que están regresando en masa a su país. La Diócesis de la ciudad les da techo, comida y atención médica y psicológica. A través del Centro de Migraciones los orienta para reinsertarlos a sus lugares de origen

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El Puente Internacional Simón Bolívar cumplió más de una semana cerrado, pero el tránsito no cesa. “Esto sigue creciendo y creciendo, la gente no para de llegar. Están llegando por las trochas de San Antonio, La Parada, Santa Cecilia, San Faustino, cerca del Puerto Santander. Vienen con los enseres que pueden traer, con los niños, con los animales”, cuenta por teléfono el sacerdote Carlos Alberto Escalante, director del Centro de Comunicaciones de la Diócesis de Cúcuta, que junto con las autoridades colombianas y organizaciones de ayuda humanitaria atienden los siete albergues que se han instalado en la ciudad fronteriza desde que el presidente Nicolás Maduro decretó el estado de excepción y ordenó la deportación de colombianos sin papeles.

La ciudad está prácticamente detenida por la falta de gasolina y porque está volcada a la atención de los “migrantes forzosos”. Con los días se han ido reacomodando a la multitud que ya desbordó la capacidad de las instituciones cucuteñas. Cuando comenzó el proceso recibían a los deportados en la sede de la parroquia San Pedro, pero dos días después mudaron el centro de registro a un polideportivo en el municipio Villa del Rosario. Este fin de semana abrirían dos albergues más. En San Antonio, cientos de personas esperan en las calles con maletas y enseres para poder cruzar a Cúcuta, pero los militares solo dejaban cruzar los que consideraban casos de emergencia.

Escalante calcula que la cifra de gente que busca acogida en Cúcuta supera las 5.000 personas. Muchos de ellos no están en los registros, una de las principales dificultades que atraviesan, pues se vienen huyendo sin esperar la deportación. A todos los atienden con comida y techo, cuidados médicos, apoyo psicológico y espiritual. A través del Centro de Migraciones de Cúcuta comenzarán un trabajo de reinserción de las familias a sus lugares de origen.

“La gente llega desesperanzada sin saber para dónde va, algunos se fueron a Venezuela a causa del conflicto armado en Colombia y este es un doble desplazamiento. Muchos ya no tienen familia en Colombia y confían en que el gobierno o la misma Iglesia les dé un terreno donde puedan hacer su casa nuevamente. Esto es desgarrador”.