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“Hay menos papel, pero más lectores”

Nelson Rivera periodista, director de Papel Literario

Nelson Rivera periodista, director de Papel Literario

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—¿El papel de Papel Literario en esta coyuntura?

—Semejante a lo que hacen personas e instituciones en el país: resistir. Ahora bien, resistir no es minusvalía. Es un estado de la política propio de la lucha contra la voracidad totalitaria. Resistir significa invocar la belleza del libre pensamiento.

—¿Cómo afronta la crisis del papel?

—Internet no solo ha salvado a Venezuela, también a la prensa libre de nuestro país. Los lectores han acompañado a El Nacional y a Papel Literario. Agotan el papel y nos leen en la web, cada día más. Es una paradoja: a menos papel, más lectores.

—Si nació con El Nacional, en 1943, ¿qué ha hecho que este cuerpo aguante?

—Es una pregunta que me hago a menudo: ¿cómo es posible que Papel Literario exista desde 1943? También me lo han preguntado en otros países. Y hay algo que es insoslayable: ha ocurrido porque El Nacional no ha dejado de ser una empresa familiar. Y como tal ha logrado preservar ciertos datos esenciales de su identidad. Papel Literario es indisociable de la marca Otero.

—Y usted, que lo dirige desde hace 20 años, ¿cómo encaró la transición política del 98?

—Nunca me hice ilusiones. He pasado una parte de mi vida estudiando el fenómeno totalitario. En Venezuela no tardó en anunciarse. En junio del año 1999 el poder lanzó su primer ataque verbal contra la libertad de informar y opinar. Ahí se anunció todo lo que ha venido después.

—¿Una época de oro de Papel Literario?

—En la primera época, desde la fundación hasta el inicio de la dictadura de Pérez Jiménez, Papel Literario vivió una especie de júbilo editorial que irradiaba en los textos. Había además un deseo de conexión con el mundo. Ese es un Papel Literario de grandes firmas y visión cosmopolita.

—¿El director memorable?

—Juan Liscano, el director de esa primera época. Estableció los parámetros de apertura, diversidad, vocación por el acontecer artístico y del pensamiento que, con sus necesarias variantes, han sido un signo de Papel Literario.

—¿El columnista inolvidable?

—Elegir uno es ser injusto. Pero lo seré: Adriano González León. Me parece que su columna “Del rayo y la lluvia” abrió nuevas posibilidades al periodismo de opinión.

—¿El columnista que pudo ser y no fue?

—Juan Carlos Palenzuela. Fue un gran colaborador, pero no columnista. Palenzuela tenía algo que siempre hace falta en las publicaciones culturales: capacidad de revolver. De hacerse incómodo. De poner ideas críticas en circulación.

—¿El columnista deseado?

—Luis Pérez Oramas. Lo diré así: necesitamos su pensamiento. Su visión de la República es, a la vez, política y poética. Puesto que vive fuera por elección, piensa con el privilegio de la distancia. 

—¿El papel de la literatura en la crisis integral del país?

—Quienes cumplen un papel en la crisis de los países son unos pocos autores. En el nuestro han ocurrido cosas extraordinarias. De reconocer la crisis han surgido, por ejemplo, los Dichos de Rafael Cadenas. Cadenas es, si él me permite la expresión, nuestra voz político-moral. De ese mismo caldo de una sociedad agobiada por el deterioro se ha levantado la voz de un joven poeta, Adalbert Salas, que ha escrito un libro revulsivo, Salvo Conducto, en el que hay raptos de potente belleza. Uno y otro son expresiones de resistencia.  Hay una literatura venezolana que resiste. Eso debe reconfortarnos.

—¿Se autocensura Papel Literario?

—Son los autores los que se autocensuran o a quienes se censura. Pueden preguntarles a nuestros colaboradores: son ellos quienes deben contestar si alguna vez Papel Literario ha intervenido en sus textos.

 

Sin censura

 

—¿Una estrategia literaria para burlar la censura?

—Las estrategias para burlar la censura son innumerables. Por fortuna, no las hemos necesitado.

—¿Y para crear conciencia democrática?

—Ese es el gran desafío para los demócratas venezolanos. Hay que volver a democratizar el país. Hay que reinventar la ciudadanía. Crear conciencia equivale a crear lectores. Necesitamos más y más personas con capacidad de proyectar un pensamiento solidario hacia lo público y hacia el porvenir. ¿Qué hacer? Volver a la primera escuela, a la educación básica. Es allí donde hay que estimular la formación de nuevos lectores.

—¿Supera la realidad a la ficción en Venezuela?

—Esta Venezuela fue anticipada. Está en Kafka, Dostoievski o Zweig. La realidad supera a la ficción en esto: la estupidez encontró aquí su traje en el deterioro. Elías Canetti tuvo una visión clarividente: el impulso esencial de la mediocridad consiste en aplastar la libertad de los demás.

—¿Y en Papel Literario

—En los últimos veinte años la realidad ha superado a la ficción en Papel Literario. Pero por elección. Si una línea editorial ha predominado, ha sido la de poner en circulación contenidos que auspicien la reflexión sobre el totalitarismo y sus variantes.

—¿Un título para el momento? 

—Más que miedo, el sentimiento que predomina entre los venezolanos es dolor. Silva a las desventuras de la zona sórdida, libro del poeta Harry Almela, se apropia de ese dolor y lo expresa. 

—¿El cuento sempiterno de la revolución?

—Es un cuento que se remonta al genocidio del pueblo armenio, se reprodujo en las distintas campañas asesinas de los bolcheviques y el estalinismo; fue retomado por Hitler, y a partir de 1945 por diversos regímenes, incluido el de los Castro.  Me refiero al cuento de la conspiración y la traición. Y, en efecto, es sempiterno.

—¿El de la oposición? 

—De cierta oposición: creer que la lucha debe ocurrir en un solo tablero.

—¿El cuento más cuento?

—Creer que volveremos a ser el país que fuimos. Ese país se acabó. Venezuela es y será, de aquí en adelante, otra.

 

La ley de Kafka

 

—¿Qué será del oficio de librero en Venezuela?

—En Venezuela y en el mundo el librero tendrá que convertirse en un consultor personal: aprender a guiar a sus clientes por el torrente de los libros. Lo escribió Juan Carlos Chirinos hace unas semanas: cada vez hay más escritores y menos lectores.

—¿Un relato corto?

Ante la ley, de Kafka. Esas dos páginas nos describen. No hay ley, lo que hay es un artefacto inaccesible destinado a negarse, a cerrarse ante cada quien. Lo que simula ser ley ni siquiera nos escucha.

—¿El colmo de un escritor?

—Instalarse en la indiferencia ante los asuntos públicos.

—¿Qué ha ganado la narrativa venezolana en la última década?

—Mucho. Referiré dos: proyección internacional y numerosos nuevos autores. Hay que ponerle atención a los novísimos como Enza García Arreaza y Alejandro Sebastiani Verlezza.

—¿Un político-escritor notable que escribió o escribe en Papel Literario?

—Mariano Picón Salas. Fue director de Papel Literario y autor de algunos de los más importantes ensayos que se han escrito en nuestro país en todo el siglo XX. 

—¿Y un escritor-político?

—Otra vez Mariano Picón Salas: en él confluyen  una visión cultural, otra política y una institucional de Venezuela.

—¿Un autor revolucionario?

—No existe tal especie. Hay escrituras que se proclaman revolucionarias a sí mismas. Por ejemplo, poetas que se publican a sí mismos o se otorgan premios literarios que ya nada significan. Pero no son revolucionarios: no más que mediocres en ejercicio.

—¿Lo notable de la literatura revolucionaria desde 1999? 

—Nada.

—¿Y antes? 

—Tampoco.

— ¿Qué tipo de personaje son los venezolanos? 

—Los venezolanos hemos sido personajes: personas que transcurrimos en la interpretación. La renta petrolera nos facilita el escenario. Con el petróleo a 150 dólares por barril somos ingeniosos, solidarios, despreocupados, inclinados al buen vivir. Con el petróleo a 35 dólares somos egoístas, violentos, pragmáticos.

—¿Una personalidad y a la vez personaje? 

—Hay demasiados personajes en Venezuela. La nuestra es una sociedad de actores y de públicos a punto de ser conquistados por personalidades. Venezuela necesita personas. Ser un país de personas.

 

Prometeo capitalista

 

—¿El valor literario del marxismo?

—La dialéctica sigue siendo un método imprescindible para pensar. No soy experto, pero quizás ese sea el gran aporte que va de Hegel a Marx y de Marx hasta nosotros.

—¿Y del capitalismo? 

—Legitimó una corriente humana que provenía de la antigüedad: la lucha individual de un hombre por conquistar un fin. El capitalismo popularizó a Prometeo.

—¿La plusvalía de Walt Disney? 

—Hace unos pocos días escuché en una tertulia a jóvenes directores de orquestas de varios países, y algunos coincidían en que Fantasía les había cambiado la vida. Quizás haya más de un relato en la producción de Disney que haya sido decisivo en la vida de muchas personas.

—¿Una obra que cambió su vida? 

Crimen y castigo. Me pasó lo que a muchos: allí vislumbré la existencia de lo que llamamos el mal.

—¿El aporte de la revolución a la literatura?

—Las revoluciones han intentado matar la literatura. El aporte ha sido patentar la figura del escritor-víctima. A las revoluciones debemos el dolor del creador perseguido, la figuración que Osip Mandelstam encarna por excelencia.

—¿Una referencia de páginas literarias en el mundo?

—Tengo una limitación: solo leo en español. Entre las de nuestra lengua las más consistentes son las del diario ABC de España.

—¿En qué siglo literario enmarca el socialismo del siglo XXI? 

—Este bodrio no podría ser sino posterior a la Segunda Guerra Mundial. Una deformación poscomunista, un engendro neototalitario. Me parece que se equivocan los que creen que esto es una reedición del caudillismo del XIX.

—¿Escribe en Papel Literario un escritor comunista? 

—No. El poder lo consideraría una traición.

—¿Qué lo diferencia de un escritor demócrata?

El escritor afiliado al régimen vive asustado. No tiene ni siquiera libertad para tomarse un café con otro escritor que piense distinto.

 

Resorte literario

 

—¿Imagina a Papel Literario dirigido por la revolución?

—No. Dejaría de serlo y se convertiría en un panfleto.

—¿Y una ley resorte para la literatura?

—Existen y muchas. Bajo la presunción de que es deber defender los intereses estratégicos del Estado, todo puede ser señalado, acusado, judicializado. Venezuela, y ello incluye a los creadores, vive bajo el signo del estado de excepción.

—¿Cabría un texto militar en Papel Literario?

—Cabrían muchos. A pesar de que la prosa militar que circula de modo público es extraordinariamente cursi.

—¿En cuántos ejemplares de Papel Literariopodrían sintetizarse los últimos 16 años?

—Bastaría una: me parece que fue en 2008 o 2009 cuando publicamos una selección de los Dichos de Rafael Cadenas. Creo que eso expresa con creces nuestra vocación.

—¿Y en cuántas páginas las cadenas presidenciales? 

—El palabrerío no cabe en ninguna parte porque no se dirige a nada ni a nadie en particular. El palabrerío está de paso. Se mueve hacia su desaparición. Lo que ahora ocupa muchas páginas terminará en ninguna.

—¿Qué pasará si cesan los dólares para los libros? 

—Los libros en Venezuela no gozan de los privilegios que tienen en la mayoría de los países. Ni menos impuestos ni dólares preferenciales. Pasará lo que ya ha venido pasando: menos oferta y precios desbordados. Esa es justo una de las realidades de las que apenas se habla: Venezuela es un país sin libros, pero con ferias de libros.

—¿Destinista?

—En absoluto. Pero tengo una fe: el trabajo.

—¿Nos alcanzó el futuro? 

—No, al contrario: extraviamos el futuro y nos dedicamos a la quincalla del presente. Los venezolanos nos entregamos a unas falsas promesas. Nos expusimos a nuestra propia debilidad.

—Si 20 años no es nada, ¿qué le espera a Papel Literario en adelante?

—Nos esperan los nuevos artistas, los nuevos pensadores, los nuevos escritores. Tengo la sensación de que hay cosas incubándose más allá de lo que vemos. El cambio del país será visible a través de los creadores.

—¿Una autocrítica de Papel Literario?

—Pienso que no hemos estimulado de forma suficiente la crítica. Están ocurriendo fenómenos que habría que debatir, como por ejemplo una creciente confusión entre entretenimiento y creación, o una banalización del comentario político. Hay que oponerse a la homogeneidad, al conformismo de la polarización. 

—¿Un autorreconocimiento?

—Cosas que reivindico: el lugar que ocupan los jóvenes en Papel Literario; el esfuerzo en escala limitada de mantener una ventana abierta hacia las cosas que están ocurriendo fuera; haber sido consistentes en la línea de reflexión sobre el fenómeno totalitario.

—¿Un epílogo de 2015 para el país?

—No un epílogo, sino una obertura: el cambio se siente en todas partes.

—¿El prólogo de 2016? 

—Tres cuestiones: Reconciliación, Perdón y Justicia. Con mayúsculas.

—¿Qué pasaría en Venezuela si no existiese Papel Literario?

—La orfandad sería todavía mayor.