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Consejo Federal de Gobierno

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Descentralización. Un término sinónimo de luchas y restricciones. Con una estrategia sostenida el Ejecutivo ha creado una estructura legal que ha dificultado las gestiones de los gobernadores. Los mandatarios electos también deberán lidiar con ella

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Las luchas tienen memoria. Sus militantes recuerdan los triunfos y, en la derrota, acopian enseñanzas para las siguientes incursiones. La de la descentralización venezolana ha sido larga, desigual y parece reeditarse con los apetitos del poder central. Desde comienzos de la década de los ochenta los liderazgos regionales que surgían en municipios y estados –distintos a los designados en cargos por el poder central– iniciaron el reclamo de elecciones directas de gobernadores y alcaldes con diferentes métodos y en distintos escenarios.


El 3 de diciembre de 1989, durante la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez, se hicieron las primeras elecciones regionales. Votar por mandatarios locales –eso que hoy parece un evento tan común que, para algunos, ni siquiera es motivo de participación– requirió negociaciones, marchas y enfrentamientos con un poder central que no estaba dispuesto a ceder espacios. Después de 14 años de gobierno de Hugo Chávez algunas de las conquistas históricas se han revertido en un proceso de recentralización que contraviene el Estado federal estipulado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, pero que se ajusta a una concepción política que el Presidente jamás ha ocultado y en la que prevalece lo que desde hace unos años llama Estado comunal. “A mí nunca me ha gustado esa palabra: descentralización. ¿Saben por qué? Porque me suena a descabezamiento, quitar la cabeza, sacar del centro; y eso no es natural, porque todo debe tener un centro”, dijo el mandatario en Fuerte Tiuna, en noviembre de 2004. “¿Cuánto daño se le hizo al país con esa fulana descentralización? La descentralización hecha por adecos y copeyanos, para partir el país”, expresó este año, en Zulia.

Cogollos y tanquetas. Los intentos del poder central por controlar a las instancias regionales no son de factura chavista. “Fue muy difícil llegar a la descentralización. Se logró con mucha movilización, hasta vencer la resistencia inicial del bipartidismo de AD y Copei. Luego del Caracazo, en 1989, se aceleró el proceso de buscar un oxígeno para el relanzamiento del proyecto democrático y los parlamentarios comprendieron que debían facilitar la renovación del liderazgo político. El país no aguantaba más la designación cogollérica de los candidatos”, recuerda Carlos Tablante, primer gobernador electo de Aragua. Él, del MAS, junto con Andrés Velásquez, de La Causa R, fueron los únicos dos mandatarios que provenían de partidos distintos a AD y Copei. Pero también hubo apoyos: “Hay que reconocer que el propio presidente Carlos Andrés Pérez facilitó el proceso de reconocimiento del liderazgo que estaba surgiendo, a pesar de la resistencia de su propio partido”, asegura Tablante.

En una tanqueta. Así llegaron las cajas de votos del estado Carabobo a la sede del entonces Consejo Supremo Electoral. “Los votos se desaparecieron hasta las 5:00 de la mañana del día siguiente. Llamé al doctor Caldera para que intercediera. Lo hizo y decidieron llevarse las actas al día siguiente, con el apoyo de la Fuerza Armada. Hoy sé que esa noche me quitaron una buena cantidad de votos, pero con unos que me quedaron de Puerto Cabello y Mariara gané con cuatro mil y pico de sufragios”, recuerda Henrique Salas Römer, primer gobernador electo de Carabobo.

A pesar de que la legislación era incipiente y de que heredaron estructuras administrativas arcaicas, los cambios –apoyados por el Congreso de la República– se sintieron pronto. La administración de carreteras, puertos y aeropuertos fueron los primeros logros. “Competíamos con Miranda y Carabobo para ver quién tenía mejor cuidado su tramo de la Autopista Regional del Centro”, relata Tablante sobre un desafío que ya no existe porque, desde 2009 y después de la victoria de gobernadores de oposición en 2008, esa vía pasó a manos del Ejecutivo.

En el ADN. Carlos Mascareño, investigador del Cendes, cree que sí es posible revertir las leyes, reglamentos y decretos que, desde el principio del gobierno de Chávez, han restado competencias y recursos a los estados. “El camino es bastante fácil aunque parezca complejo. Es aplicar la Constitución, que es muy clara en relación con el tipo de Estado que es Venezuela. ¿Cómo desmontar la maraña legal? Tomando decisiones administrativas en varios frentes: en el Consejo Federal de Gobierno; devolviendo las competencias a los estados que se quitaron vía decreto y el reconocimiento fiscal de estados y municipios”. Mascareño añade que la transferencia de competencias debe llegar, de las gobernaciones y alcaldías, a las comunidades organizadas de una manera autónoma y no tutelada.

Salas Römer considera que la descentralización está en el ADN del venezolano: “Sí hay camino de regreso porque la forma en que Chávez plantea el debate entre derecha e izquierda, entre pueblo y oligarquía, apelando a la lógica marxista, cambió el verdadero eje de confrontación del país que en la práctica es entre la descentralización y el centralismo”.