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Los otros 23 de Enero

los otros 23 de enero

El año pasado, el acto del chavismo fue pequeño. Se centró en la parroquia 23 de Enero, allí estuvo como orador el líder del colectivo La Piedrita, Valentín Santana, prófugo de la justicia

El primer aniversario del fin de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez se celebró en Caracas con la visita de Fidel Castro, aclamado como héroe continental después del triunfo de la Revolución Cubana. 53 años después, se conmemora con las interrogantes sobre Hugo Chávez, que ha estado en La Habana desde el 10 de diciembre. La fecha ha sido interpretada con veleidad a lo largo de los años y los gobiernos

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En un avión de Aeropostal de Venezuela aterrizó Fidel Castro Ruz. La pista del aeropuerto de Maiquetía estaba cubierta por un tapiz de gente que se le acercaba sin temor al aparato aún en movimiento y que, al parecer, ya no le temía a nada. El hombre de barba oscura era recibido como un héroe continental 15 días después de que el ejército rebelde finalizó en La Habana el periplo que se llamó la Caravana de la Libertad. Como si fuera parte del mismo desfile redentor, el guerrillero pisó el suelo venezolano de la misma manera que el de la capital cubana: con el traje verde oliva, fusil al hombro y pistola al cinto.

Otra procesión lo subió desde La Guaira hasta el centro de Caracas, mientras él saludaba sobre un carro descapotable a los que vitoreaban y lanzaban flores a orilla de la carretera. Lo acompañaban el contralmirante Wolfgang Larrazábal -el gran aliado del cubano-, Luis Beltrán Prieto Figueroa, de AD; Jóvito Villalba, de URD, y Fabricio Ojeda, líder de la Junta Patriótica. En esos años de expectante transición, esta comitiva resumía las voluntades de cambio compartidas por la mayoría de la población. Era un día de fiesta: 23 de Enero de 1959, el primer aniversario del fin de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez. Rómulo Betancourt se juramentaría días después como Presidente de la democracia y Castro era el invitado que traía la música.

Que fue apoteósico. En eso coinciden las reseñas de prensa y los testimonios. En la plaza O'Leary de El Silencio, en uno de los balcones de los bloques, Castro dio un mitin frente a decenas de miles de personas. Era el primer viaje fuera de Cuba que hacía desde el triunfo de la revolución y la selección del destino no fue gratuita: Venezuela apoyó con dinero y logística al líder cubano y su plan. A agradecer, a hablar de unión americana y a pedir más -petróleo y dinero- vino el que se convertiría en el dictador de un régimen agotado pero inagotable. "¡Ojalá que el destino de nuestros pueblos sea un solo destino! ¿Hasta cuándo divididos, víctimas de intereses poderosos?", dijo Castro en su discurso, en el que comparó al Ávila con la Sierra Maestra e insinuó que sería un buen refugio para librar batallas y que finalizó con estruendo. "Esta ha sido la emoción más grande de mi vida. Fue para mí más emocionante mi entrada en Caracas que mi entrada en La Habana porque aquí he recibido todo de quienes nada han recibido de mí. Me despido de esta imponente multitud de mis hermanos de Venezuela". Y los hermanos de Venezuela gritaban "Nooooo", para evitar que terminara el acto. Castro podrá afirmar que logró su anhelo de unidad, pero en una versión muy cercana a la ciencia ficción: desde el 10 de diciembre está en una cama clínica de Cuba el Presidente de Venezuela, el país que -como dijo hace 53 años- le dio todo sin haber recibido nada de él. Uno de los pasatiempos de la historia es visitar la casa de los espejos.

Hermandad. "Castro era la figura continental, una mitología que se sigue manteniendo; los venezolanos y cubanos estaban haciendo en esos años la misma gesta: la lucha de un pueblo por alcanzar una democracia y justicia. Venezuela se solidariza con Cuba, su apoyo a esa revolución fue muy grande. Él quería hermanar las dos revoluciones en contra de Estados Unidos, pero Rómulo Betancourt, presidente electo para la fecha, decidió no acompañarlo. Aunque Betancourt siempre va a entenderse como un revolucionario, Fidel va a decir que la revolución adeca es un reformismo y la cubana es comunismo", señala Tomás Straka, director de las maestrías en Historia de Venezuela e Historia de las Américas en la UCAB.

Enrique Nóbrega, historiador del Centro Nacional de la Historia y director del Museo Bolivariano, considera que la presencia de Castro en una fecha como la del 23 de Enero era una muestra de la fortaleza de su liderazgo. "Mientras él era una figura muy definida, en Venezuela distintos actores se estaban peleando el protagonismo del 23 de Enero. Fidel, en cambio, tenía arrastre. Él encarnaba la idea del logro de 'todos juntos'. Aquí no había una figura así. Después se intentó convertir en protohéroes a algunos miembros del Pacto de Puntofijo, pero el sistema se encargó de derrotarlos".

Los vínculos entre Cuba y Venezuela eran evidentes no sólo en los rascacielos del poder. La periodista Edith Guzmán, que era en ese momento estudiante universitaria, recuerda que ella y sus compañeros vendían bonos para financiar la lucha en la Sierra Maestra. "Tenía un grupo de amigos de exiliados cubanos que hacían un programa en Radio Continente y siempre hablaban de Cuba, no sé cómo tenían contacto con la Sierra Maestra. Yo los conocí y ellos pasaron el 31 de diciembre de 1958 en mi casa. Al día siguiente salieron rumbo a Cuba porque había sido derrocado Batista y Wolfgang Larrazábal les consiguió un avión para regresar a su país. Cuál fue mi sorpresa luego cuando se anunció que vendría el propio Fidel Castro el 23 de Enero. En ese mitin de El Silencio había un mar de gente, compacta, muchos jóvenes. Todo estaba enfocado en Fidel, si había otro líder nadie lo notó".

Luisa Quiaro, dueña del balcón vecino a la terraza del bloque 1 donde se montó la tarima para Castro, fue testigo de una desilusión romántica: "Ha sido el mejor mitin de todos los que he visto, fue apoteósico; había gente en todos lados, todos los balcones estaban llenos de personas. Yo conservaba la foto de él que me dieron de ese momento, pero cuando descubrí que era comunista no quise nada con él y quemé y rompí esa foto. Yo creo que la concentración fue equivocada, todo el mundo pensaba que era demócrata y nos engañó".

La hora menguada. Los 10 años del 23 de Enero se celebraron con un modesto acto en la sede del Consejo Supremo Electoral, con la presencia de todos los poderes públicos. Raúl Leoni, presidente de Venezuela, estuvo al frente. La noticia más importante del día fue el paro convocado por los médicos del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales y, después, la reunión de la primera dama, Menca de Leoni, con expertos del plan de protección familiar. De las glorias de los años iniciales, la fecha ha estado cercada por interpretaciones y reinterpretaciones.

Siempre de espíritu innovador, en 1978 Carlos Andrés Pérez decidió celebrar las dos décadas de la fecha con un open house en el Palacio de Miraflores. En su discurso dijo que el 23 de Enero era "la gran síntesis creadora de la nueva Venezuela". Sin embargo, a medida que la crisis social del país restaba lustre a los protagonistas de puntofijismo, en esa misma medida la fecha devenía en un recordatorio escolar y en una jornada para hacer manifiestas las divisiones políticas.

De acuerdo con el análisis de Straka, en los años posteriores al 23 de Enero se destacaba el espíritu de la realización histórica de los venezolanos de derrocar una dictadura. "Fue una visión de celebración y de unidad que empieza a ser relegada a medida que los gobiernos de AD y Copei comienzan a ser impopulares". Es decir, la fecha va perdiendo importancia: "A medida que se rutinizó fue desprestigiándose". Nóbrega menciona a un protagonista crucial. "El propio Partido Comunista, en boca de Guillermo García Ponce, reconoció en los años del chavismo que el espíritu de la fecha había fracasado porque no supieron leer la situación y no participaron de ella. Eso produjo una gran fractura".

Del rechazo a la reivindicación. Durante los tres primeros años de su gobierno, Hugo Chávez dejó sentada una firme posición: no había razones para celebrar el 23 de Enero. La oposición, en cambio, tomó la fecha para protestar contra la gestión gubernamental. En 2001, las palabras de Chávez fueron claras: "Nuestro pueblo ya no quiere ni siquiera recordar ni menos celebrar esa fecha (...) porque fue el nacimiento de un régimen de 40 años de desastre". Dijo que la verdadera celebración era el 4 de febrero. Mientras él minimizaba la fecha, la oposición realizó una marcha muy concurrida ese año, en el cual quienes adversaban al Gobierno se hicieron dueños de la calle.

Sin embargo, en 2002, el discurso del jefe del Estado cambió: informó que el día se celebraría en la parroquia 23 de Enero porque no quería que los escuálidos usaran esa fecha. "Es una fecha del pueblo. Ese fue el día, como sabemos, en que el pueblo se fue a las calles apoyado por algunos militares patriotas que ya se habían alzado el primero de enero de 1958 para derrocar al gobierno de Pérez Jiménez". De acuerdo con la posición que tomó ese día, expresó: "Los adecos escribieron su historia a su manera, el Pacto de Puntofijo para ser más exactos, ellos se adueñaron del proceso después del 23 de Enero". Además, destacó las similitudes con el 4 de febrero de 1992: "Dos fechas que están íntimamente interrelacionadas a distancia" Y nombró el 23 de Enero como un "día del pueblo revolucionario".

Chávez mantuvo el mismo punto de vista durante los años siguientes e intentó vincular la lucha del año 1958 con su ideología: en 2004 aseguró que el proceso bolivariano reivindicaba "el espíritu originario y libertario de aquella fecha de rebelión civil-militar patriótica del 23 de Enero de 1958".

Straka considera que el 23 de Enero es uno de los mejores ejemplos de cómo una fecha histórica puede ser objeto de distintas interpretaciones. "Es evidente que cuando comienza el gobierno de Hugo Chávez, la oposición hizo de esa fiesta suya, mientras que el chavismo la relaciona con los horrores de la cuarta república. En los primeros años, 1999, 2000, la oposición celebra el 23 de Enero, en cambio el chavismo tiene una dicotomía: no puede abominar un régimen (el puntofijismo) y a la vez festejar su fecha inaugural".

Straka añade que "el 23 de Enero fue una fecha que la oposición puso en la agenda a Chávez, pero el Presidente no podía entregársela a sus contrincantes, entonces hizo una reconfiguración de ésta, recuperó una carga simbólica diferente". Es así como el chavismo la reinterpreta y dice que el 23 de Enero sí fue un momento revolucionario, heroico por lo que hizo el pueblo, "pero que después fue traicionado por las élites nacionales de ese momento para ahogarlo".

Nóbrega apoya la posición oficialista sobre el 23 de Enero y afirma que el Centro Nacional de la Historia ha tenido un papel clave en esa "reivindicación" de la fecha. "Le sumamos la versión del sujeto colectivo como protagonista, el verdadero protagonista de ese día es el pueblo. El 23 de Enero fue una insurrección que se dio gracias a la sumatoria de varios sujetos políticos colectivos con el fin único de derrocar una dictadura". Con esto la hermana con una insurrección popular que ocurrió 31 años después: el 27 de febrero de 1989.

Dentro de tres días, estas dos visiones distintas de la misma fecha -y del mismo país- de nuevo tendrán voz.