• Caracas (Venezuela)

Siete Días

Al instante

La modelo y el poder

Karla Osuna, venezolana. Sentenciada a prisión por complicidad en tráfico de droga

Karla Osuna, venezolana. Sentenciada a prisión por complicidad en tráfico de droga

El caso de Karla Osuna, sentenciada a prisión por complicidad en tráfico de droga, revela un fenómeno que es común en Colombia y México, pero que hasta hace poco era desconocido en Venezuela: el de las mujeres relacionadas con el mundo del espectáculo que son buscadas por los narcotraficantes como compañía. Los expertos alertan sobre el crecimiento de estos hechos

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

“¡Queremos ver a la modelo! ¡Queremos ver a la modelo!”, gritaban las reclusas cuando Karla Osuna llegó al Instituto Nacional de Orientación Femenina de Los Teques el 2 de octubre, a la 1:00 pm. Su ingreso en el penal no fue igual al del resto: las presas la recibieron con aplausos y, como no les permitieron verla de cerca, designaron a una emisaria para pedirle autógrafos en algunos trozos de papel y billetes de 2 bolívares.

Osuna, que era reportera de exteriores del programa En Pelotas transmitido por Canal Plus, estaba en shock, pero cumplió con el efímero compromiso que implica ser una figura pública: firmó cientos de autógrafos –quizá la mayor cantidad de dedicatorias que ha hecho en su vida– y aguantó las ganas de llorar.

Esa tarde pasó varias horas en la dirección del penal, antes de ser llevada a la celda especial en el área administrativa que fue su lugar de reclusión durante casi dos meses. El miércoles pasado fue trasladada a las 5:00 am y sin aviso a la Comunidad Penitenciaria de Coro. Ese día, en la noche, no había podido recuperar sus pertenencias. Algunas se quedaron en el carro donde la trasladaron. En el nuevo reclusorio también se encuentra en un área de resguardo, pese a ser la cárcel emblema de la política carcelaria del Gobierno, inaugurada en 2008. “A Karla le vamos a garantizar el debido proceso. Ese es un penal controlado, donde hay régimen”, dijo una fuente del Ministerio de Servicio Penitenciario. En el lugar, que tiene capacidad para 800 presos, hay 1.590 hombres y 124 mujeres.

La foto. El 13 de noviembre Osuna fue acusada por el Ministerio Público de complicidad en el tráfico de droga, en la modalidad de ocultamiento, y asociación para delinquir. El 21 de septiembre agentes del Cicpc recibieron una llamada para informarles que en la posada La Granada de Sotillo, en Higuerote, estaba una persona cautiva. Según el acta policial, los funcionarios llegaron al sitio a las 6:00 am y vieron a alguien que intentaba darse a la fuga. Era Eddy Anthony Burgos, un técnico de sonido de 28 años de edad que se identificó como el responsable del mantenimiento de la posada. El hombre aseguró que en el lugar no había nadie, pues su encargado, Emiliano Zapata, estaba en el hotel Montaña Suite, en Caracas.

Los policías llegaron al lugar cuando Zapata, de 35 años de edad, estaba saliendo en su vehículo. Iba armado y, según la minuta del Cicpc, dijo que la posada de Sotillo pertenecía al empresario venezolano de la construcción Roberto López Perdigón, de 41 años de edad, detenido en Miami por tráfico de droga. Pero Zapata no estaba solo: lo acompañaba la modelo Karla Osuna, de 21 años de edad, su novia desde hace un año.

En el jardín de la posada de Higuerote se hallaban 4 vehículos: un Kia, 2 camionetas Toyota Land Cruiser con letreros en los parabrisas que decían “Ministerio del Poder Popular para las Comunas” (una de ellas registrada a nombre de Pdvsa Gas) y una Chevrolet Vans, en la que encontraron 10 sacos de lona, 7 verdes y 3 negros, con 201 panelas de cocaína.

El acta policial del procedimiento incluye fotos de la incautación de varios bienes, de las panelas de cocaína y de los detenidos. Tanto la modelo como Zapata posan inexplicablemente sonrientes, sosteniendo una hoja con sus datos escritos en marcador rojo y la palabra “droga”. “A mí ya me habían tomado la foto, pero unos policías me pidieron que posara porque necesitaban otra fotografía y empezaron a echarme broma, por eso salgo riéndome. Después la subieron a Internet”, señala Osuna con tono de molestia desde su celda en el INOF.

Al igual que su novia, Zapata fue acusado por la Fiscalía de tráfico de droga y, además, de porte ilícito de arma de fuego. Desde principios de octubre está preso en la Penitenciaría General de Venezuela, en San Juan de los Morros. Lo vinculan con una organización de narcotraficantes comandada por el empresario de la construcción López Perdigón.

¿Conocía Osuna los vínculos de Zapata? Para Magdymar León, directora de la Asociación Venezolana para la Educación Sexual Alternativa, la atracción responde a un patrón cultural: “Las mujeres que se vinculan con este tipo de figuras masculinas lo hacen porque encajan en un patrón de hombre fuerte, atractivo y poderoso, sin importar que ese poder se consiga de forma legal o ilegal”.

De las cámaras a la prisión. La modelo era una de las 778 mujeres presas en el penal mirandino que, de acuerdo con cifras del Ministerio de Servicio Penitenciario, tiene capacidad para albergar a 330. Del total de la población reclusa, 73% está detenida por delitos relacionados con droga. La mayoría está allí por narcomulas o microtráfico de droga, un negocio en el que –muchas veces– son involucradas por sus parejas.

Osuna, de 21 años de edad, tenía condiciones especiales en el INOF. Su celda estaba en el área administrativa, apartada del resto. El que fuera abogado de la joven para el momento de su encarcelamiento, Agustín Reverón Orta, aseguró que su defendida tenía el derecho de la presunción de inocencia y que por eso exigió una protección. “Es la primera vez que la involucran en una situación como ésta y por eso pedí que la aislaran. Eso no es perturbador ni contrario a la ley”, expresó.

Allí también estuvo la cirujana Lidisay Galeno, que recibió el beneficio de casa por cárcel durante el juicio que se le sigue por la muerte de Ninoska Briceño Queipo, magistrada del TSJ. Hasta hace un mes, el libro de cabecera de Osuna era El poder sobrenatural de la fe, un regalo de la médica. Más allá de la compañía que se hicieron durante 14 días, la modelo confiesa que la doctora le dio varios consejos que le permitieron sentirse mejor.

“El libro me ha dado mucha paz. Cuando llegó le presté una colchoneta para que durmiera en la parte de arriba de la litera. Ella me ayudaba a lavar el baño todos los días y hablábamos bastante. Lloré mucho cuando se fue porque me quedé sola otra vez. Nos hicimos amigas. La doctora pensaba que yo me iba a ir antes, pero le prometí que cuando saliera la visitaría en su casa”, relata Osuna, quien asegura que es inocente y que, apenas quede en libertad, donará su cabello para hacer pelucas a los niños enfermos de cáncer.

No tiene una sesión fotográfica ni las cámaras enfrente, pero sus condiciones de modelo se mantienen. Además de ser la única mujer que se encontraba detenida en el área administrativa con un resguardo especial de las custodias, estaba aislada del mundo penitenciario que se vive a diario en el INOF.
La estudiante de noveno semestre de Comunicación Social no participaba en las actividades recreativas ni educativas de la cárcel. No iba a la peluquería que está cerca del patio, ni tampoco compartía con las presas. Sólo escuchaba la música que ponían en las minitecas y, a veces, disfrutaba de las bachatas de su grupo favorito: Aventura.

Pero, en contrapartida a esas limitaciones, tenía claros privilegios. Las características del caso de Osuna son especiales. El de ella parece encajar en una modalidad que comienza a verse en el país: mujeres hermosas, con cuerpos cincelados por el bisturí y relacionadas con el mundo del espectáculo, que se unen a hombres fuertes en el negocio de la droga. Son sus compañeras y no se involucran directamente en lo que ellos hacen. Se les conoce como “narcomodelos” o “las muñecas de la mafia”.

Facilitadoras. A diferencia del fenómeno heredado de Colombia y México, los casos que se han conocido públicamente en Venezuela no involucran a mujeres de bajos recursos que buscan promoción social.

Alexander Campos, sociólogo e investigador especializado en el tema de la violencia, advierte que cualquier suposición que pueda hacer del fenómeno de las narcomodelos en Venezuela es todavía una especulación, pues en el país no se han hecho investigaciones al respecto. “No he visto el fenómeno en sectores populares, pero en México sí se ve que las mujeres se involucran con los narcotraficantes como un mecanismo de ascenso social. En Venezuela pareciera que lo hacen para estar cerca del poder”, señala.

Campos cuenta que, hace varios años, narcotraficantes colombianos buscaban la compañía de mujeres venezolanas, célebres por su belleza dentro y fuera del país. “El fenómeno tiene un cariz digno de estudiar”, añade.

El ex director de la Comisión Nacional contra el Uso Ilícito de las Drogas Bayardo Ramírez considera que estos casos son una respuesta a la crisis política, económica, cultural y social que hay en el país. “Por lo general los jóvenes, sin importar la clase a la que pertenezcan, son captados por los narcotraficantes porque el tráfico de droga conquista. Los casos de las modelos causan escándalo y se conocen porque son artistas, pero debe haber otras mujeres profesionales o estudiantes involucradas en lo mismo. Esto es un fenómeno que crece exponencialmente. La impunidad y las malas políticas públicas dan pie a que la gente haga lo que antes no se atrevía a hacer”, indica.
La familia de Osuna niega cualquier vínculo con el narcotráfico. Cuando se le preguntó por la relación entre Zapata y López Perdigón, la animadora evitó el tema.

“Mi hermana está muy mal de salud. Le dan desmayos y bajas de tensión. No asimila que su hija esté allí y menos siendo inocente. Si ella fuera narcotraficante no tuviéramos que estar todos reuniendo a fin de llevarle comida y dinero para sus gastos en la cárcel. Ella ni siquiera era novia de Emiliano Zapata, a veces salían. Si él andaba en malos pasos, mi sobrina no sabía nada”, dice Mérida Pérez, tía de la modelo.

Ella, al igual que el resto de los parientes, no tienen muy claro los procedimientos jurídicos que seguirán después de la acusación del Ministerio Público. Sin embargo, todos están ansiosos por saber qué podría pasar después de la primera audiencia del caso, que esperan se realice a principios de diciembre. En dos meses la modelo ha cambiado tres veces de abogado.
Geraldine Osuna logró hablar con su hermana mientras la trasladaban a Coro: “Karla estaba llorando, pidiéndonos que la visitáramos allá”.
El profesor de la Cátedra Libre Antidrogas del Instituto Pedagógico de Caracas, Hernán Matute, indicó que el fenómeno de las narcomodelos es cada vez más frecuente: “El problema es que lo hemos tolerado. Los casos seguirán apareciendo si no se corrigen”. A su juicio, los narcotraficantes buscan mujeres bellas y famosas para pasar inadvertidos porque las autoridades no son tan rigurosas con ellas.

“Aunque el papel de estas mujeres es muy débil en el negocio, son facilitadoras de la distribución. Algo similar ocurre en Estados Unidos y en Europa con los peloteros y actores famosos. Nadie piensa que los van a detener en los aeropuertos porque es difícil imaginarlos involucrados con el tráfico de droga. En estos casos, las pesquisas deben determinar el grado de vinculación. No es lo mismo ser cómplice de una persona que comercia 1 kilo de cocaína que estar involucrado con alguien que trafica 200 kilos de esta droga”, afirmó.

En el piso, frente a la puerta de la celda de Osuna, había varios litros de leche descremada de larga duración, una bolsa con galletas, granola, cereales y algunas chucherías. Al lado, permanecía olvidada media bolsa de pan en rodajas devorado por el moho.

Antes de estar tras las rejas, Osuna tenía cerca de 70.000 seguidores en su cuenta de Twitter: @KarlitaOsuna. Hasta el cierre de esta edición sumaba más de 82.000. El último tweet lo escribió para promocionar un programa que grabó por el Día de la Paz. Fue un día antes de ser detenida. “Me hace mucha falta revisar Twitter. Todos los días leía los comentarios de mis fans”, lamenta.
En la cama que tenía en el INOF había una almohada en forma de corazón que le regaló Zapata, el hombre que podría ser el culpable de su reclusión. “Cuando nos separamos me dijo que me la llevara porque se iban a burlar de él en la cárcel. Nuestra relación siempre fue buena”, recuerda ella. Sobre el fondo rosado del cojín se puede leer en letras rojas una petición: “Love me”.