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Un mito en marcha

Nicolás Maduro entrega la replica de la espada de Bolívar a Hugo Chávez / EFE

Nicolás Maduro entrega la replica de la espada de Bolívar a Hugo Chávez / EFE

Sin embargo, la frase ha quedado firmemente enlazada con Evita pues sintetiza de forma contundente el mito que el peronismo ha querido cultivar de la “abanderada de los humildes”. Una imagen evocadora que permite mantener el estrecho vínculo entre la “Capitana” con las masas peronistas de Argentina

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“Volveré y seré millones”, son las palabras con las que Evita Perón ha permanecido en el imaginario colectivo. La frase no es suya. Se trata de un verso escrito por José María Castiñeira de Dios en 1962, al cumplirse una década de su muerte. Esas mismas palabras ­que algunos historiadores atribuyen al cacique Tupac Katari, antes de morir descuartizado por los españoles­, fueron pronunciadas en 1960 por un Kirk Douglas convertido en el esclavo Espartaco en la superproducción homónima de Stanley Kubrick.

Sin embargo, la frase ha quedado firmemente enlazada con Evita pues sintetiza de forma contundente el mito que el peronismo ha querido cultivar de la “abanderada de los humildes”. Una imagen evocadora que permite mantener el estrecho vínculo entre la “Capitana” con las masas peronistas de Argentina.

Hugo Chávez también intentó en vida forjar una identificación emocional con sus bases políticas. Hacia el año 2003, las carreteras y autopistas venezolanas se llenaron de vallas que rezaban “Con Chávez manda el pueblo” y “Chávez es el pueblo”. Estos mensajes se sumaban a la estrategia discursiva que comenzó con la propuesta de la democracia participativa y protagónica, y que buscó consagrar, con la mirada puesta en la posteridad, la identificación del mandatario con el pueblo chavista.

“Chávez ya no soy yo, Chávez es un pueblo, Chávez somos millones. Tú también eres Chávez”. Esta afirmación del entonces aspirante a la reelección en 2012 sirvió de inicio a “Yo soy Chávez”, uno de los tantos documentales elaborados durante la convalecencia del gobernante.

“No sé si llegará a conformar un mito político, pues allí entran otros elementos simbólicos, religiosos, pero el oficialismo ha hecho esfuerzos propagandísticos para que eso suceda, sobre todo en los últimos dos años con la enfermedad del Presidente”, indica la historiadora Margarita López Maya, para quien no hay duda de que Chávez será recordado durante mucho tiempo.

“Él ha tenido una gran popularidad, cuya base está en la forma como ha distribuido el ingreso fiscal petrolero. Eso quedará como una orientación en el futuro para los gobernantes en Venezuela. Lo que hizo con las misiones y con las políticas sociales llevó a la gente a sentir que compartía un pedacito de la renta petrolera”.

De acuerdo con un estudio realizado entre 1992 y 1993 por la psicóloga Maritza Montero, la construcción de un mito en torno a Chávez arrancó el 4 de febrero de 1992 con su discurso de rendición tras el fracaso del golpe de Estado.

Pocos días después del 4F, recuerda Montero, se publicaron muchas biografías del teniente coronel y cronologías del movimiento insurreccional, en ocasiones ilustradas con imágenes que abarcaban desde la infancia del militar hasta su alzamiento; muchas familias disfrazaron a sus hijos de paracaidistas en Carnaval y circularon por el país oraciones en las que se pedía que Chávez salvara a Venezuela e incluso se compuso un himno que, parafraseando al Gloria al bravo pueblo, reivindicaba la intentona.

“Visitar a Chávez en el cuartel en el que estaba preso pasó a ser un evento político-social, en el que periodistas, familiares, curiosos, amigos y simpatizantes se mezclaban”, apunta la investigación.

Dos décadas más tarde, al ser entrevistada, Montero considera que aquel mito siguió alimentándose con diferentes elementos como, por ejemplo, la cercanía que Chávez intentó auspiciar con el Libertador. “Bolívar aparece en las cortes de algunas deidades, tales como María Lionza.  Por lo tanto, algo de su poder extraordinario podría en el imaginario popular ser adjudicado a la figura presidencial”.

La investigadora destaca entre los elementos que pueden contribuir al mito la condición populista del régimen de Chávez, el énfasis que se hacía para ensalzarlo como figura máxima del gobierno y las innumerables horas que dedicó a sus apariciones en los medios a través del Aló, Presidente, en el cual se alternaban “viejecitas, niños, embarazadas, personas discapacitadas u obreros que recibían donaciones, promesas o abrazos, y que daban pie a algún comentario sentimental o jocoso”.

Esas extensas apariciones mediáticas permitieron crear un amplio anecdotario que, según la experta, puede ser magnificado. “Chávez ha sido un líder carismático que ha buscado, a toda costa y costos, hacer sentir su figura y su condición de jefe único”. Montero advierte que al lado del carisma, del beisbol, las canciones y la fraternidad que intentaba demostrar, había también una condición autoritaria y de allí la posibilidad de que surjan dos mitos: uno positivo y otro negativo.

“Dado que el Presidente ha logrado polarizar el país, al lado de la ‘leyenda dorada’, también se puede generar una ‘leyenda negra’. La polarización cada día separa más a las personas. Y donde unos hablan de generosidad, otros pueden ver despilfarro de bienes públicos. Y en lugar de un anecdotario de gracias y simpatía, se puede formar otro de errores y abusos”, concluye.

El historiador Germán Carrera Damas desestima que Chávez pueda convertirse en un mito político. “Detrás de un mito debe haber un hecho real interpretado o asimilado a través del tiempo por una sociedad o por un pueblo como representativo de valores que tienen que ver con realizaciones propias o con aspiraciones de ese pueblo. Pero en este caso, no hay esa sustancia”, asegura. Por eso, tampoco cree adecuado referirse a Eva Perón y al Che Guevara como mitos. “No son resultado de la evolución cultural de un pueblo, sino creaciones artificiales de medios de carácter político, social y comunicacional”.

A pesar del escepticismo de Carrera Damas, el oficialismo mantiene su apuesta por impulsar el culto a Chávez. No en vano el vicepresidente ejecutivo, Nicolás Maduro, anunció el jueves la decisión de embalsamar al mandatario, al igual que se ha hecho con figuras míticas como Ho Chi Minh, Lenin y Mao Tse-tung, para mantenerlo expuesto por siempre en una urna de cristal.

 

RECUADROS

 

La conexión emocional

Entre los elementos detectados por la psicóloga Maritza Montero, en su investigación de 1993, en la construcción de un mito en torno a Hugo Chávez se destaca la conexión entre el proceso de mitificación con la situación de crisis que vivía el país, el desarrollo de un fuerte nexo emocional que genera en quienes lo experimentan un sentimiento de identificación y la polarización que enfrenta al sujeto mítico con su opositor.

Esos factores se relacionan con la capacidad que tuvo Chávez para generar fuertes emociones. Esta característica marcó su carrera política desde sus inicios. En el libro Chávez, mago de las emociones, el psicólogo Luis José Uzcátegui apuntó: “El triunfo de Chávez no rompe un récord numérico (…) Lo que sí es sobresaliente y real es la congestión y explosión emocional que generó, genera y va a generar. Chávez se convirtió en un generador de todo tipo de emociones: con unas logró sacar 56% de la votación a su favor, con otras, logró que se votara, cerca de 40%, en su contra”.

Ese nexo emocional fue determinante en el afianzamiento de otros elementos del proceso de mitificación como la minimización de aspectos negativos y la resistencia a la crítica que se detectó en sus seguidores. También explicaría por qué la popularidad de Chávez siempre estuvo muy por encima de la valoración de su gestión de gobierno.

Allende, el mártir

Dos leyendas circulan en Chile en torno al ex presidente Salvador Allende. Para sus seguidores, es un héroe popular que quiso construir un socialismo a la chilena por la vía democrática y que terminó por suicidarse ante el triunfo del cruento golpe militar de Augusto Pinochet el 11 de septiembre de 1973.

Para sus detractores, Allende fue un comunista que intentó sacar provecho de la democracia para ir imponiendo un sistema totalitario.

Su muerte no ha dejado de tener un sentido ambivalente, como lo refiere el escritor chileno Carlos Franz: “El suicidio es un gesto simbólicamente ambiguo, más personal y menos colectivo que la muerte en batalla. El héroe se entrega a las balas, el suicida se retira a lo más privado de su conciencia y allí se quita la vida”.

Según Franz: “Allende tiene que haber intuido el monstruo que el sueño de su razón utópica acababa de ayudar a parir en Chile. Tiene que haber concluido que, desde ese momento, sería responsable de algo infinitamente más grave que un error de estrategia o una candidez política: pasaba a ser responsable también de las consecuencias que su fracaso traería para su pueblo. ‘El pueblo no debe dejarse acribillar’, dice en su despedida, y podemos oír en sus palabras la premonición de todas las muertes y torturas, de toda la violencia a mansalva que desde esa misma hora comenzaba”.

Che, el humanista

Ernesto Che Guevara falleció en un momento propicio: un año antes del Mayo Francés. Entonces, su imagen impresa en camisetas de universitarios de Estados Unidos y otros países del primer mundo simbolizaba una actitud rebelde.

No veían esos jóvenes que protestaban contra toda forma de autoridad que Guevara era un estalinista que trató con extremo rigor a sus propios soldados, al punto que ejecutaba personalmente a los desertores.

“El primer asesinato por mano propia que cometió en Sierra Maestra fue el de un campesino, supuesto traidor. Ante la vacilación de los demás, él mismo empuñó el arma con toda frialdad (…). Fidel, testigo presencial, advirtió que era la persona indicada para las ejecuciones tanto de compañeros como de enemigos. Mató en Sierra Maestra a 14 personas y en Santa Clara, las ejecuciones fueron 23”, narra el escritor Juan José Sebreli.

En su “Ensayo contra el mito del Che Guevara”, Sebreli sostiene que la leyenda del guerrillero argentino fue conscientemente construida. “Los combates de la guerrilla cubana, más que batallas, fueron escaramuzas, y más que escaramuzas, campañas de relaciones públicas internacionales de prensa”, apunta y cita a Guevara: “La presencia de un periodista extranjero, de preferencia estadounidense, tenía para nosotros más importancia que una victoria militar”.

Evita, la compasiva

La noche del 26 de julio de 1952, un comunicado emitido en cadena abrió las puertas al mito: “Cumple la Secretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación el penosísimo deber de informar al pueblo de la República que a las 20:25 horas ha fallecido la señora Eva Perón, jefa espiritual de la nación”.

Evita tenía entonces 33 años de edad. Murió víctima de un cáncer de útero, que su entorno intentó ocultar, primero, y disimular, después, refiriéndose a su dolencia como una “úlcera de cuello uterino”. En muchas ocasiones debió sobreponerse a sus dolencias para presentarse ante sus seguidores hasta que, en agosto de 1951,  meses antes de fallecer, anunció su declinación a la postulación como vicepresidenta.

Considerada como una santa por sus seguidores y como una actriz arribista de méritos mediocres por sus detractores, Evita consolidó su carrera política fomentando vínculos con los sindicatos y a través de las obras de beneficencia de la fundación que llevaba su nombre, gracias a las cuales se convirtió en epígono de la justicia social.

El historiador Germán Carrera Damas cuestiona su trascendencia. “Eva Perón fue una letra de un tango que los argentinos siguen tocando por la música, pero no por el contenido. Fue un acto de sentimentalismo, de valores básicos, pero de ninguna manera con un contenido real”.