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La otra mejilla

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Jesús decía que había que poner la otra mejilla, pero a veces no resulta fácil. No es lo mismo la mejilla que el ojo o la nariz. Cuando el golpe es en el ojo hay que esperar al menos que sane el golpeado para poner el otro y en el caso de la nariz, no hay otra nariz que poner. Es bochornoso el espectáculo de un parlamento en el que, encima de que no se puede parlar, le caen en cayapa a un grupo de diputados en los que los heridos son de un solo lado y además se acusa al que recibió los golpes sin responder, de agresión. Esto, aparte de avergonzarlo a uno como ciudadano, obliga a tener que explicarles a los hijos que eso que hacen nuestros “representantes” no está bien. Yo quiero creer que unánimemente sentimos que en eso no nos representan, aunque a algunas damas del Gobierno les parezca que es correcto. No se puede repartir coñazos en nombre de Cristo Redentor, ni partirle la crisma a la gente en nombre del amor, encarcelar inocentes en nombre de la justicia y mantener gente armada en nombre de la paz. Hay cosas que no cuadran.

Para que la reconciliación sea posible hay que partir de algunas premisas básicas, que eviten la violencia:

1. Todos los seres humanos han sido creados iguales.

2. Ningún ser humano tiene el derecho de esclavizar o tiranizar a otro ser humano.

3. Ningún ser humano tiene derecho de abusar sexualmente de otro ser humano.

4. Ningún ser humano tiene derecho de  golpear  a  otro  ser humano (excepto cuando sea en defensa propia).

5. Ningún ser humano tiene derecho de aminorar, humillar o avergonzar a otro ser humano.

Claro que estos cinco puntos exigen una premisa previa, básica y fundamental: considerar que el semejante es humano. De allí parte todo.

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