• Caracas (Venezuela)

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Las manos vacías de un tricampeón de kenpo

El kenpo, conocido como el arte del combate a manos vacías, es un deporte joven

El kenpo, conocido como el arte del combate a manos vacías, es un deporte joven

A los 16 años de edad, el kenpoista Gerardo Gómez recibió un disparo mortal cuando iba en una camioneta al salir de entrenar e iba camino a su casa. En 2015 han asesinado a 44 menores de edad en la Gran Caracas. La ONG Cecodap presentó un informe basado en datos hemerográficos que revelan que en 2014 hubo 914 reportes de homicidios de niños, niñas y adolescentes: más de 2 diarios

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Gerardo Gabriel Gómez Lugo viajaba en un puesto del centro de la camionetica que tomó el 19 de febrero a las 8:30 pm. Como todos los días regresaba a su casa después de pasar la tarde en el Instituto Nacional de Deportes, donde practicaba el arte marcial kenpo desde hace seis años. Iba siempre, tuviera clases o no. Así se hizo tricampeón nacional. Normalmente volvía en Metrobús, pero esa noche, ante la demora, decidió subir a un autobús con otros cuatro compañeros. Él consiguió puesto en el bus, mientras que sus amigos quedaron parados. Fue uno de los primeros a los que robaron.

Tres delincuentes que se hicieron pasar por pasajeros abordaron el bus de la ruta Antímano-Capitolio y cerca del Hospital Padre Machado se pararon con un arma de sus asientos y una granada en la mano, mientras tres motorizados custodiaban el vehículo. Le quitaron el bolso a Gerardo; pero el celular ya se lo habían robado en diciembre. Sus amigos lograron lanzar sus morrales debajo de los asientos y solo les quitaron las billeteras. Gerardo vio que a uno de ellos le devolvieron la cédula cuando se la pidió a uno de los delincuentes. Alzó la voz para pedir su cédula.

Uno de los delincuentes, el que cargaba el arma, retrocedió y le dijo: “¿Tú te la tiras de malandro?” y detonó el arma. 

En el kenpo recibió entrenamiento para la anticipación del riesgo, pero pocos pueden anticipar un disparo a quemarropa: Gerardo quedó sentado en su puesto desangrándose por un costado, mientras los hombres terminaban de robar a los demás pasajeros. Sus amigos no pudieron auxiliarlo. “Yo le decía que aguantara y él decía que estaba bien. Hablaba y me dio el número de su mamá cuando lo bajamos del bus”, relató uno de sus compañeros sobre lo que sucedió antes de que llevaran al muchacho al hospital donde falleció. Gerardo nació el 29 de septiembre de 1998. Vivió 16 años. 

El kenpo, conocido como el arte del combate a manos vacías, es un deporte joven. La economía de movimientos es lo que diferencia este arte marcial del karate o el kung fu; mientras en otros deportes con influencia asiática lanzan hasta seis golpes para detener al contrincante, los que practican el kenpo utilizan solo dos. Cada kenpoísta tiene como lema “neutralizar antes que liquidar”, por lo que utilizan la fuerza del oponente para bloquear sus golpes a la misma vez que esquivan los puños o patadas del contrincante. Aunque los orígenes más remotos están perdidos en la historia de guerreros japoneses y en legados de íntimas relaciones entre maestros y alumnos, hay consenso sobre el impulso que tuvo esta práctica en los años treinta desde Hawaii, Estados Unidos. En ese tiempo, James Mitose decidió enseñar el arte de la familia en público. Su sistema incluía una serie de técnicas de evasión. Luego de dar el cinturón negro a varios alumnos, entre los cuales estaba William Chow, el kenpo comenzó a sufrir modificaciones. El que se practica en Venezuela es la adaptación estadounidense de la técnica que hizo Ed Parker, alumno de Chow, y por cuyo estudio pasaron Chuck Norris, Bruce Lee, Larry Tatum e incluso Elvis Presley, quien alcanzó el cinturón negro, refieren algunas páginas web sobre la disciplina.


 

Daisy Gómez es madre soltera de una hija de 25 años de edad y de un varón de 16. El 19 de febrero se despertó apresurada. Se despidió de su hijo menor, Gerardo, con un abrazo y un gesto de beso que lanzó con la mano porque se acababa de pintar la boca para ir a su trabajo en la Fundación Niño Simón. Salió de su casa en la calle El Porvenir de Carapita a las 6:10 am. Sería un día agitado como siempre, pensó la mujer de 45 años de edad. Para Gerardo también comenzó la rutina habitual: asistió a clases en el liceo La Aplicación, de Montalbán y fue a la casa de su madrina después de almorzar. A las 4:00 pm volvió a su casa, se quitó el uniforme y lo dejó sobre la cama de arriba de la litera. Se puso la camisa azul clara que siempre usaba, y que lo identificaba como campeón nacional de kenpo, y salió al Instituto Nacional de Deporte en Montalbán. “Si hubiese sabido que era el último beso se lo hubiese dado de verdad, hubiese dejado que me abrazara más veces esa mañana. No sabes cuánto me arrepiento”, murmura su madre ahora, sin pintura de labios y vestida con una camisa negra con la foto de su hijo levantando dos de sus trofeos. Siempre le insistía que solo viajara en Metrobús porque hace dos años los asaltaron en la misma ruta y en diciembre le sacaron del bolsillo su celular cuando se bajaba de una unidad.
 
A Óscar Gónzalez atribuyen la llegada del kenpo a Venezuela. A principios de los ochenta, González creó la fundación Gran Imperio Oskarate y luego la Organización Venezolana de Artes Marciales. En el año 1996, dos años antes de que naciera Gerardo, uno de los alumnos de González, el sensei José Aponte, fundó la Federación Venezolana de Kenpo, la primera que se creó en el mundo y dio origen a la Federación Internacional de Kenpo. Esta federación tiene su propia lucha: el kenpo aún no ha sido reconocido como deporte olímpico, precisa Aponte. Para que esto ocurra se necesita tener 130 países afiliados, pero hasta ahora solo han sumado 20. La filosofía de este arte marcial se centra en inculcar que la verdadera defensa personal es la anticipación, prever las situaciones de peligro y evitarlas. Antes de cada clase, Gerardo Gabriel hacía su saludo con gestos que simulaba con las manos, que significa: “Rezo para no usarlo en contra de nadie”. En Venezuela hay 23 asociaciones afiliadas a la federación, 1.600 clubes y 3.500 atletas.

Durante el asueto de Carnaval cayó el Día de los Enamorados. Gerardo invitó a su mamá al cine para celebrarlo, pero ella estaba cansada del trabajo y quería quedarse en casa. “Aprovéchame”, le decía Gerardo para persuadirla. A su madre le retumban sus palabras. El miércoles 18 de febrero –un día antes de que lo mataran–, el joven se acostó con ella en la cama, la apretó, la besó y la abrazó como siempre hacía. En la noche, mientras dormía gritó un par de veces el nombre de su madre, pero ella nunca supo qué estaba soñando. La pesadilla para todos ocurrió al día siguiente. Cuando los delincuentes se bajaron del autobús, el chofer dejó a Gerardo en el CDI de Montalbán con sus cuatro compañeros del kenpo y allí no lo pudieron atender por la gravedad de la herida. Tampoco lo pudieron trasladar a un hospital por falta de ambulancia. Los muchachos llamaron a sus padres para que movilizaran a Gerardo hasta el Hospital Pérez Carreño y llamaron a la madre de él para que se trasladara al centro de salud. Le dijeron que el joven se había desmayado. “Un médico salió y fue quien me dijo lo que pasó y que lo habían operado, pero jamás me vio a los ojos. Ahí supe que me habían quitado a mi hijo”, contó Gómez. Al día siguiente Gerardo murió. Una de las usuarias, que también fue atracada en el autobús ese día, acudió a denunciar el robo y el homicidio en la delegación del Cicpc de Antímano. En la pared de la oficina hay varias fotografías de personas solicitadas y la testigo reconoció a uno de los delincuentes que pertenece a una banda del barrio La Vega. El caso sigue en investigación: no hay ningún detenido.

Gerardo practicaba kenpo desde los 10 años de edad. En 5 años, quedó campeón en la modalidad de Defensa Personal durante 3 años seguidos: en Barinas (2012), en Táchira (2013) y en Caracas (2014). El año pasado se midió contra 40 competidores y tuvo el mayor puntaje. Quedó subcampeón en forma Manos Libres. Su máster en el deporte, Yenny Ocanto, y su madre, tienen la certeza de que el joven no se resistió al robo pese a sus conocimientos para combatir. Ambas recuerdan un altercado que tuvo Gerardo cuando estudiaba en el Liceo Náutico Fernando de Magallanes, donde cursó desde primero a tercer año de bachillerato. Un compañero lo atacó a golpes y él solo se dedicó a esquivar uno a uno los puños como pudo y quedó con varios moretones en la cara. El incidente obligó a cambiarlo de colegio. Le ofrecieron una beca por ser deportista para estudiar en el Liceo Caracas, que después le negaron porque el kenpo no es un deporte olímpico. Luego de dos meses de búsqueda, lo recibieron en noviembre en la Unidad Educativa La Aplicación, en Montalbán. Su camisa beige y su pantalón azul marino aún están en la litera donde los dejó el 19 de febrero. 


Gerardo fue uno de los pocos kenpoístas venezolanos en medirse afuera. En 2012 su mamá pidió un préstamo en el banco para enviarlo a la VIII Batalla de Dragones, una competencia en Guatemala, donde ganó el primer lugar. Esa fue la última vez que la selección viajó porque la federación no tiene recursos para competir internacionalmente ni subsidios para pagar los árbitros cuando la selección se mide en el interior del país. En la gestión del ex ministro para el Deporte y ahora ministro de Educación, Héctor Rodríguez, se les suspendió a los atletas de los deportes que no son olímpicos el HCM, becas y subsidios, señala José Aponte, presidente de la federación. Gerardo quería ser sensei en kenpo, crear su propia academia, ser psicólogo y conferencista de charlas motivacionales a los deportistas. Logró obtener el cinturón púrpura que en su filosofía tiene un significado: “A través del cinturón púrpura se recorre la senda de la realeza. Sofisticación e inteligencia con un fin más sólido y constante”.
 
El día del velorio de Gerardo su máster y sus compañeros lo reconocieron con el cinturón negro. “Es un tiempo para pensar, para la serenidad, la revelación. Representa el renacer de nuestro interior. La absorción de la luz”, es el lema que acompaña a este color. Después de lo ocurrido su madre fue invitada por estudiantes de la Universidad Central de Venezuela para convertirse en activista y emprender una campaña para recordar a los deportistas y estudiantes caídos por la violencia. Ella asegura que también luchará para que el kenpo sea un deporte olímpico. 

La casa de Gerardo es pequeña. Un estante en la sala repleto de trofeos y medallas es casi la única decoración; en la pared también hay placas de su participación en competencias. Antes de morir no había retratos del joven en casa. Él estaba presente con sus trofeos. La semana pasada su mamá colocó en un portarretrato la foto que estuvo sobre su urna en el funeral. Allí aparece en kimono y con el cinturón púrpura; en computadora le agregaron un dragón a la imagen. En la cartelera de la entrada del salón donde se practica kenpo en el IND también hay una foto de Gerardo, mostrando los puños y una sonrisa y detrás está el estante de la sala de su casa que resume sus logros. En la pared del salón donde se practica el deporte se lee el credo de los kenpoístas: “Vengo hacia ti con las manos vacías. No tengo armas, pero si soy obligado a defenderme, a defender mi honor o mis principios, si es cuestión de vida o muerte, del derecho o la injusticia; entonces, aquí están mis armas: las manos vacías del Kenpo Karate”.

Fernando Pereira de Cecodap: “Los homicidios de jóvenes enferman el alma del país”

En Venezuela, mientras la mortalidad baja en todos los grupos etáreos desde 1980, la estadística fatal va en aumento en los varones que tiene entre 15 y 29 años de edad. Para ellos, la principal causa de muerte de son los homicidios. El informe Balance Venezuela 2014 de Cecodap reveló que en la prensa nacional se denunciaron 5.456 casos de violencia con menores de edad involucrados en 2014, de los cuales 914 terminaron siendo homicidios de niños, niñas y adolescentes, 26% más que en 2013. Eso da un promedio de más de dos jóvenes asesinados al día.

Registros de El Nacional revelan que en 2015 –hasta el miércoles 4 de marzo– hubo 44 homicidios a menores de edad en la Gran Caracas.

—¿Qué significa para el país la pérdida de 914 niños, niñas y adolescentes por asesinatos en un año?
—Una tragedia. Significa familias con proyectos de vida truncados; significa un acumulado de dolor y de rabia que como país nos enferma; significa un país enfermo. En Cecodap se plantea que cuando pierdes a tu madre o padre te quedas huérfano, si pierdes a un esposo te quedas viuda,  pero sí pierdes un hijo no hay definición. Los homicidios de jóvenes enferman el alma del país.

—El estudio denuncia que en 2013 hubo 1.358 casos en los que los victimarios fueron jóvenes y, en 2014, esa cifra aumentó 58%, a 3.209 casos.
—Nos genera preocupación ver cómo de 2013 a 2014 hay ese repunte en los casos que se han denunciado. No contamos con estadísticas oficiales para ver si efectivamente es una tendencia o si hay más denuncias de la participación de adolescentes en hechos delictivos, pero indudablemente se ve que las víctimas y victimarios lo constituyen  personas entre los 15 y los 30 años de edad. Es una población especialmente vulnerable. La Organización de Naciones Unidades los califica como la generación ni-ni: Ni estudian ni trabajan. Son muchachos que están sin hacer nada y sufren el impacto creciente del tráfico y consumo de drogas, elemento asociado con el incremento de la violencia.

—Ustedes realizan esta investigación desde hace 20 años. ¿Cómo han ido cambiando las causas de muerte en menores de edad?
—Lo que ha aumentado es la cantidad, pero el fenómeno de la violencia social siempre ha existido, sobre todo en las comunidades populares. Lo que sí hemos visto a lo largo de los años es que se ha expandido  en el mapa de la violencia del país. Hace 20 años estaba focalizado en grandes ciudades: Caracas Maracaibo, Maracay, Valencia. Teníamos un fenómeno de grandes ciudades en la zona norte del país. Ahora abarca centros urbanos, donde hay mayor concentración de población, pero en distintas regiones.

—¿Dónde está la debilidad del Plan Patria Segura, y de las misiones que buscan generar inclusión de los jóvenes?
—La realidad nos indica que se necesita mayor coordinación de los planes que se están desarrollando. Es evidente que los adolescentes están fuera del sistema escolar y de la formación para el empleo. Puedes tener programas para atender distintas poblaciones, pero se necesita mayor cobertura. El Plan Patria Segura no ha llegado a la población joven. La violencia más dura está afectando la niñez y la adolescencia y los resultados no están mostrando la contención del problema. Hay muchachos en situación de riesgo que no están siendo cubiertos por esos planes. Debe llegarse al mayor número de muchachos que están estudiando o recién abandonando la escuela

—¿Por qué los niños y jóvenes no están seguros en su comunidad ni en la familia?
—Por la instauración de patrones mediados por la violencia. La violencia es un medio de resolución de conflicto y hay mayor presencia de armas, lo que termina siendo el vehículo fundamental que ocasiona las muertes violentas. Además, se evidencia la debilidad del sistema de Protección del Niño, Niña y Adolescente, que debería servir de contención de los casos.

—¿A qué se debe la tendencia de dejar de trabajar y no estudiar en la población joven?
—Han crecido los porcentajes de cobertura educativa en la región, pero la educación ya no está preparando a los muchachos para el empleo. Eso no está asegurado. Tenemos una economía en la que no hay crecimiento de empleos. Los que hay, exigen al muchacho conocimientos técnicos para los que no han sido formados.

Deportistas y víctimas

Gustavo Polidor (Pelotero)
El grande liga fue asesinado el 23 de abril de 1995 en Santa Mónica, a las 9:00 am. Tenía 35 años de edad. El pelotero calentaba el motor de su carro mientras su esposa sacaba la basura a la calle. Cuando su esposa iba a subir al carro fueron abordados por dos hombres. Uno se llevó a la esposa dentro de la casa y el otro sacó al pelotero y le dio un tiro en la cabeza y otro en el estómago. Los criminales huyeron en una Wagoneer que los buscó inmediatamente. Polidor era el número 14 de los Tiburones de la Guaira. Se despidió con un promedio de bateo de 260.

Albin Oliveros (Pelotero)
Recibió un disparo en 2009 a los 18 años de edad, un día antes de que su sueño de ser pelotero de grandes ligas estuviera  a punto de hacerse realidad porque firmaría contrato con los Cardenales de San Luis. Un delincuente le disparó para robarle una cadena de oro. Desde entonces está en una silla de ruedas. Era catcher y pitcher, pero Los Cardenales de San Luis lo tenían visto como lanzador, así como también lo tenían fichado en el extinto Pastora de los Llanos y en los Navegantes del Magallanes.

Richard Hidalgo (Pelotero)
El jardinero venezolano Richard Hidalgo de los Astros de Houston recibió un disparo en el brazo izquierdo cuando intentaron despojarlo de su camioneta en Valencia, estado Carabobo. Fue intervenido en Venezuela para extraerle la bala, luego lo operaron en Houston, Estados Unidos, porque tenía falta de sensibilidad y fortaleza en la mano zurda. En Venezuela jugó con los Navegantes del Magallanes y en la gran carpa con los Mets de Nueva York y los Rangers de Texas.

Luisa Arguinzones (Futbolista)
A los 12 años de edad fue asesinada de un tiro de escopeta, el 7 de julio de 2013 en el barrio Ojo de Agua, en Baruta. Luisa Victoria fue herida mientras estaba en el patio de su casa cuando Giomar Marcano y Larry Delgado decidieron dirimir a tiros sus diferencias, un domingo a las 3:00 pm. Los últimos 11 meses de su vida perteneció al equipo juvenil del Caracas Fútbol Club. Por su edad le correspondía jugar con la selección infantil, pero su nivel le permitió hacerlo con muchachas de entre 15 y 25 años de edad.

Carl Herrera (Basquetbolista)
El ex NBA y director técnico del equipo Gigantes de Guayana fue herido de un tiro el 20 de diciembre de 2014 a las 3:00 pm, cuando comía en el restaurante Cimarrón K, cerca de playa El Agua, en Nueva Esparta. Dos delincuentes llegaron al sitio para pedirle un autógrafo. Cuando iba a dárselos, le dijeron que era un asalto y le pidieron que pusiera todas sus pertenencias sobre la mesa. Lo hizo, pero uno de ellos disparó dos veces. Solo una bala logró impactarlo en la región intercostal que le fracturó dos costillas. Herrera fue el primer venezolano en llegar a la NBA.

Jarví Mejía (Futbolista)
El futbolista murió el 17 de diciembre de 2012 en el Hospital Central de San Felipe, en el estado Yaracuy, luego de ser herido de bala en un intento de asalto el viernes 14 de diciembre. Recibió varios tiros que le afectaron el intestino grueso y delgado, además del colon, cuando dos hombres lo abordaron para asaltarlo en el momento que tomaba un taxi. Mejías era colombiano y nacionalizado venezolano. Jugaba con Yaracuyanos.