• Caracas (Venezuela)

Siete Días

Al instante

El legado del Presidente en manos de la historia

Las máximas autoridades de todos los poderes públicos han manifestado su respaldo incondicional al presidente Hugo Chávez | Foto: Orlando Ugueto

Las máximas autoridades de todos los poderes públicos han manifestado su respaldo incondicional al presidente Hugo Chávez | Foto: Orlando Ugueto

Los historiadores Lionel Muñoz y María Elena González Peluca coinciden en que es necesario que pase el tiempo antes de que se asienten las opiniones menos apasionadas y más objetivas sobre el gobernante fallecido

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

"¡Qué importa!", exclamó Hugo Chávez con desdén. "Quienes quieran condenarme, que me condenen", agregó antes de pronunciar nuevamente una frase que no era suya, sino que utilizó su mentor y máximo aliado, Fidel Castro, como defensa después del fallido asalto al Cuartel Moncada, en 1953: "La historia me absolverá". 

Era el último día de enero de 2012 y el Presidente se aprestaba a celebrar el vigésimo aniversario del frustrado golpe de Estado que lideró el 4 de febrero de 1992 contra Carlos Andrés Pérez. Se expresó entonces con el mismo verbo agresivo que captaba a partidarios y detractores que lo seguían o detestaban con igual pasión y anticipó que las generaciones futuras evaluarían con benevolencia su legado más allá de las heridas, conflictos y controversias que generó en vida. 

Chávez era consciente de que su nombre había quedado grabado en la historia política nacional. Se había convertido, para bien o para mal, en el dirigente con más influencia en la Venezuela de finales del siglo XX y principios del siglo XXI. 

Tenía 13 años en el poder y no había otro gobernante que hubiera acumulado tanto tiempo consecutivo en la Presidencia de la República. Ningún otro jefe del Estado había logrado el objetivo de mantenerse al mando a través de elecciones universales, directas y secretas, aunque sus oponentes lo acusaron de abusar del poder presidencial para influir en los comicios en los cuales participó. Nadie antes de él tampoco había impulsado con éxito la reforma de la Constitución para abrir las puertas a la reelección popular indefinida, cuyos primeros resultados ­precisamente los del 7-O­ le favorecieron. 

El examen de Chávez y su obra política será influido en el futuro inmediato por la polarización que él mismo atizó. 

Hay historiadores que afirman que pasarán décadas antes de que ciudadanos e investigadores puedan hacer lecturas más desapasionadas sobre el personaje y su huella. Las opiniones de Lionel Muñoz (miembro del Centro Nacional de la Historia) y María Elena González Deluca (integrante de la Academia Nacional de la Historia) son un reflejo de ello. Los dos tienen posturas contradictorias sobre la herencia que recibió el país de su liderazgo. Sólo coinciden en un asunto básico: ambos admiten lo complicado que es analizar a una figura que vivió en la misma época que ellos han vivido. 

"Toda evaluación sobre actores del presente desnuda necesariamente los matices ideológicos, las simpatías e inclinaciones políticas y la particular visión de quien los interprete y valore. Eso entrevera mayores riesgos a pesar de que ninguna historia es neutral y objetiva y de que ningún historiador es imparcial", afirma Muñoz. González Deluca tiene un parecer semejante: "Es inevitable una carga de subjetividad importante por ser un tema que fue parte de nuestra experiencia de vida, pero todos y mucho más los historiadores podemos hacer el ejercicio de un juicio honesto. Eso significa no forzar una visión complaciente con un falso equilibrio que nos obligue a encontrar algo positivo por cada carga negativa". 

Cara y cruz. La imagen de Chávez como un líder de los desposeídos no dejará de tener influencia en los años por venir: ya se ha expresado en la presencia multitudinaria de seguidores en la caravana que atravesó Caracas con su féretro y en el velorio en capilla ardiente en la Academia Militar: "Su gran legado-mensaje fue la inclusión de los excluidos, de los preteridos y de los maltratados de siempre. Logró darle protagonismo a los sectores populares. Tanto fue así que quienes pretendieron sustituirlo no tuvieron otro remedio que comenzar a emular sus aproximaciones y maneras con el pueblo, pero no lo lograron". 

En la lista mínima del historiador, hay otros dos elementos por los cuales da crédito al gobernante desaparecido: la Constitución de 1999 ("Es una de las más avanzadas, junto con el marco jurídico e institucional que la acompaña") y la repolitización de la sociedad ("Este no es el país colonizado por la despolitización de las décadas de los ochenta y noventa"). Ahora, sin Chávez, la carta magna y la formación política del ciudadano estarán especialmente sometidas a prueba. 

La contracara de la representación de Chávez como héroe popular aparecerá también para los estudiosos que sigan en el futuro la pista a las acusaciones que se hicieron contra el mandatario por autoritarismo, concentración de poder y acoso a la oposición. González Deluca Sólo admitió como positivo de los últimos 13 años el surgimiento de una serie de "efectos colaterales" que reflejan una mejor lectura de esos males por parte de la gente. "Hay más conciencia de los problemas de la mayoría, pero también de la fragilidad de la democracia, de la necesidad de actuar con madurez y de frenar a tiempo los excesos del poder y de la idea de que los gobernantes no son dueños de nuestros derechos, que no deben pisotear, porque no les debemos favores. Ojalá eso sirva para el futuro". 

Lo anterior no es más que un pequeño guiño en la evaluación del período 1999-2012. 

La historiadora fue lapidaria cuando opinó sobre las respuestas del gobernante ante los grandes problemas de Venezuela, entre ellos la pobreza, la desigualdad y la violencia criminal: "De lo que conozco, no hay nada positivo". Ni siquiera las llamadas misiones ­programas que se convirtieron en la gran carta de presentación del socialismo del siglo XXI­ le han parecido soluciones reales para las dificultades de quienes tienen menos recursos: "Aquello que los mismos partidarios del Gobierno destacan es producto de decisiones reactivas e improvisadas que buscan subsanar sus errores o su negligencia". La investigadora considera que esos programas sociales se originaron por una coyuntura electoral que parecía desfavorable a Chávez en 2004, cuando la permanencia en el poder del mandatario estaba en juego: "Surgieron como reacción ante la presión del referéndum revocatorio y fueron producto del asesoramiento cubano". Un ejemplo que menciona es el de la Misión Barrio Adentro para la atención de salud en sectores populares: "Es presentada como una de las más exitosas, pero la mayoría de los módulos de atención están en el abandono". La improvisación gubernamental la identifica también en la creación, eliminación y modificación de los ministerios y en la elaboración desordenada de legislaciones. 

"Para todo se saca de la galera una ley o un ministerio". La estrategia, según González Deluca, poco ha valido ante males que siguen presentes.

Testamento televisado. Chávez recordaba en sus mejores días cómo había sido capaz de superar los mayores obstáculos, como la derrota militar de 1992 y el breve derrocamiento del 11 de abril de 2002. Era consciente de la inclinación del pueblo a la idea mesiánica y así lo admitió en 1997 a Agustín Blanco Muñoz en una entrevista que fue reflejada en el libro Habla el comandante : "Es algo que está allí y que hay que saber canalizar". Con el cáncer intentó hacer lo mismo: incluso insistió en numerosas ocasiones en que se había curado. La noche del 8 de diciembre esa imagen del superhombre se quebró en cadena de radio y televisión y Chávez lució como el líder que finalmente deja un testamento político ante la evidencia del deterioro de su salud: entonces pidió al pueblo estar preparado por si no podía ejercer nuevamente el poder y ungió a Nicolás Maduro como el hombre que debía darle continuidad a la revolución bolivariana si él no podía hacerlo, ante la necesidad de otra operación de emergencia en La Habana, Cuba. Los hechos confirmaron sus preocupaciones. La enfermedad progresó contra todos los tratamientos hasta que el pasado 5 de marzo se anunció oficialmente su fallecimiento. Con las horas, los días y los años por venir se sabrá si, como lo anticipó, la historia lo absolverá.