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¿El fin de Obama?

El poder de Obama se reduce faltando poco para que su sucesor sea elegido en 2016. Las recientes elecciones legislativas hacen más complicado que pueda cumplir con las promesas hechas | Foto: AFP

El poder de Obama se reduce faltando poco para que su sucesor sea elegido en 2016. Las recientes elecciones legislativas hacen más complicado que pueda cumplir con las promesas hechas | Foto: AFP

A pesar de ofrecer unidad y esperanza en 2008, los seis años de gestión del primer presidente afroamericano han dividido a Estados Unidos. Faltando poco para que su sucesor sea elegido en 2016, su poder se reduce cada día más y los recientes resultados de las elecciones legislativas complican que pueda cumplir promesas hechas a sus más fieles votantes, como los latinos. Se espera que pronto tome decisiones sobre el tema migratorio, lo que puede aumentar la polarización

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Trajes elegantes, salón iluminado y una cacofonía de voces resonando por el lugar. Así esperaban los republicanos de Georgia los resultados electorales el pasado 4 de noviembre, día de los comicios de mitad de periodo de Estados Unidos. A poco más de un kilómetro de distancia, y pese a estar en la misma ciudad, Atlanta, las sensaciones eran totalmente distintas: look casual, luces apagadas y música de moda a todo volumen. Ese era el ambiente de los demócratas. Los contrastes no acababan ahí. Los asistentes eran y actuaban diferente en cada sitio. En la primera fiesta predominaba gente blanca hablando en pequeños grupos como si estuviesen finiquitando negocios. En la segunda, había una mezcla de razas y algunos bailaban mientras otros conversaban o se tomaban selfies.

Desde hace unos años, las diferencias entre los militantes de ambos partidos van más allá del programa político que siguen. Existe un choque cultural que hace a cada grupo totalmente distinto en su educación, intereses y temores.

Mientras unos defienden las uniones homosexuales, otros creen en el matrimonio como un nexo entre un hombre y una mujer; a la vez que unos respaldan la intervención del Estado en el sistema de salud para ampliar la cobertura de los seguros médicos, otros demonizan esa actuación y piensan que afecta a la pequeña empresa y desestabiliza el presupuesto. La lista de desavenencias es larga, involucra toda clase de temas y evidencia el mayor fracaso de la presidencia de Barack Obama.


"No existe una América conservadora y una liberal. Sólo existen los Estados Unidos de América", sentenció el hoy Jefe de Estado el 26 de julio de 2004, el día en que se dio a conocer ante su país y el mundo con su discurso durante la Convención Nacional del partido Demócrata de ese año. Cuatro años después, en 2008, basó su campaña electoral en un lema de esperanza y ofreció un país sin divisiones de raza e ideología, sin fricciones negativas entre republicanos y demócratas. Paradójicamente, desde entonces los estadounidenses no han hecho otra cosa que polarizarse más y más entre liberales y conservadores.

Estudios del PEW Research Center revelan que este fenómeno se encuentra en uno de los niveles más extremos de la historia. Un militante republicano promedio resulta más conservador que 94% de los demócratas, a la vez que la media demócrata resulta más liberal que 92% de los republicanos. Entre los ciudadanos no activos políticamente las diferencias son menos marcadas, pero igual han comenzado a aparecer. Por consiguiente, se han reducido los puntos en común y la voluntad de negociar.

El Congreso es la mayor prueba de ello. Los legisladores que sirvieron entre 2012 y 2014 están en camino a convertirse en los más improductivos de toda la historia del país, superando a los del periodo 2010-2012, que mantienen hasta ahora la indecorosa marca. Los dos partidos que dominan la política han hecho de esta situación su principal excusa: el gobierno de Obama acusa a los legisladores republicanos de detener lo cambios que requiere el país y viceversa.

"Ningún partido se siente minoritario en este momento, por lo que no ven necesidad de negociar sus principios porque aspiran a que serán la mayoría en la próxima elección y podrán pasar cualquier iniciativa. Por eso se dedican a frenarse entre sí", advierte desde un salón de clase de la universidad de Emory Merle Black, especialista en política estadounidense En los últimos cuatro años, el Senado, que hasta las elecciones del 4 de noviembre estuvo controlado por los demócratas, ha bloqueado casi todas las iniciativas republicanas que han salido de la Cámara Baja. Ahora la oposición controla todo el Poder Legislativo y más leyes llegarán al escritorio de Obama, quien tendrá que decidir si vetarlas o no. El Jefe de Estado, que no se ha destacado por sus dotes de negociador desde que llegó a la Casa Blanca y en la última campaña no salió casi de Washington DC porque su sola presencia energizaba a los votantes republicanos, llega a los dos últimos años de su presidencia con una gran responsabilidad. Aunque analistas consideran que su poder se está reduciendo y la atención se concentrará en las elecciones presidenciales de 2016, cada una de las acciones que tome podría tener un efecto profundo en el clima de convivencia. El primer presidente afroamericano se enfrenta a un dilema: moderar su agenda y tratar de unir al país, o seguir sus principios arriesgando a que se profundice la polarización.


Hombre polémico

Una buena forma de comprobar la división ideológica que crece es salir a la calle y preguntar por Obama. Las respuestas son totalmente distintas y sugieren a cuál segmento de la sociedad pertenece quien opina.

"Fue elegido porque la gente pensó que sería cool tener un presidente afroamericano por primera vez. Pero no le ha prestado atención a la Constitución y ha seguido su propia agenda. Quiere controlar el porte de armas y permitir que entren más inmigrantes ilegales, los cuales quitan oportunidades de trabajo a los americanos", considera un miembro de la armada de 26 años de edad, residente de Cincinnati, Ohio, y que prefirió declarar sin revelar su nombre.

El joven es parte de lo que en Estados Unidos llaman white working male, muy conservadores, seguidores del partido republicano y el grupo más crítico de la gestión del presidente, que según las últimas encuestas es aprobada por 40% de la población, similar a George W. Bush para el mismo momento de su mandato. En este segmento hay gente a la que Obama jamás podrá llegarle.

Prueba de ello es el caso de Kentucky, estado sureño y fuertemente republicano cuando llegan las elecciones federales.

"Aún hay prejuicios aquí. En las presidenciales de 2008, 15% de los electores aceptó en los exit polls que había decidido su voto por el tema racial", comenta Al Cross, profesor de la escuela de periodismo en la universidad de Kentucky.

La proporción de población blanca en esta entidad es mayor a la media de Estados Unidos y  ningún grupo minoritario supera 10%. Es entre esos segmentos que Obama es verdaderamente popular, tal como revela una conversación con Abu, taxista afroamericano de Washington DC y originario del Occidente de África: "Lo ha hecho muy bien. En 2008 había muchos problemas con la economía y la gente se veía obligada a vender sus carros y casa. Ahora más bien están comprando y la gasolina está bajando de precio. A quienes no les gusta el presidente es porque están celosos por no tener su éxito".

La situación demográfica ha cambiado en la última década. Los grupos minoritarios, sobretodo los latinos, están creciendo rápidamente y los blancos, pese a seguir siendo mayoría, ya no tienen el poder que tenían en los años 90 cuando representaban más de 70% de la población. Ahora un político puede vencer en una campaña nacional perdiendo el voto blanco pero ganando con fuerza entre los grupos minoritarios, lo que beneficia al partido demócrata en los comicios presidenciales, que tienden a registrar una participación mayor.

Sin embargo, en el segmento minoritario más importante, los latinos, la imagen de Obama y los demócratas ha empezado a deteriorarse: "Ganó gracias al voto latino, pero su gobierno es el que más gente ha deportado. Se ha dejado limitar por la paralización del Congreso y no ha usado todo su poder", señala Maritza Morelli, una venezolana que tiene 24 años viviendo en Estados  Unidos.

Ella votó en las elecciones de mitad de periodo, pero se estima que casi 70% de los hispanos no participó. Quienes lo hicieron, apoyaron a los demócratas con menos fuerza que en 2010 y 2012. La reforma migratoria, una perenne promesa que no se ha materializado, es uno de los elementos que frustra a este segmento y pone al presidente ante una decisión difícil para el tiempo que le queda de gestión.

Aunque tres días después de las elecciones los líderes del Congreso se reunieron con Obama, acordaron dialogar sobre temas complejos y recibieron de regalo un paquete de cervezas hecho en la Casa Blanca, es difícil que se negocie un proyecto de ley bipartidista sobre esta materia. Mientras los demócratas respaldan dar una amnistía a millones de ilegales, los republicanos opinan que primero se tiene que detener la entrada descontrolada de inmigrantes. Algunos incluso apoyan construir más muros en la frontera con México. La discusión, por tanto, ha estado paralizada.

Diversos medios anunciaron esta semana que Obama está  aslistando medidas ejecutivas sobre la materia y piensa dar permisos de trabajo a los padres de niños con estatus legal en el país. Esto  ha hecho que los republicanos activen sus alertas.

"La forma de manejar un tema tan delicado no es a través del poder ejecutivo. Nosotros estamos interesados en abordarlo y es una oportunidad de sentarse y hablar con el presidente", advirtió John Padgett, director del partido republicano en Georgia. Los líderes nacionales de la organización fueron más fuertes: "Obama se va a quemar si sigue jugando con fuego", señaló John Boehner, líder de la mayoría republicana en la Cámara Baja.

A los latinos como Morelli les gustaría que el primer mandatario sea más fuerte defendiendo la reforma. "Que asuma una posición más radical y clara", pide la venezolana. Sin embargo, eso podría traducirse en una guerra abierta con el Congreso y dos años más de paralización, lo que incrementaría la polarización y no se sabe a qué partido beneficiaría en las siguientes elecciones.

El legado

Pase lo que pase en los próximos dos años, Robert Guttman, profesor de cursos de política en las universidades George Washington, considera que Obama ya reservó su lugar en la historia.

"Todos los presidentes tienen dos oraciones por las que son recordados. Las suyas serán que fue el primer presidente afroamericano y el que reformó el sistema de salud para ampliar la cobertura de los seguros", afirma en una sala de conferencias en la universidad George Mason, de Washington DC.

Christian Motley, director político del partido demócrata en Kentucky, agrega que el paso del tiempo y la neutralización de las pasiones permitirá evaluar su gestión mejor.

"En unos años la gente mirará hacia atrás y se dará cuenta de todo lo que hizo. Volverá a ser un hombre bastante popular", pronostica.

Quizá para entonces Obama puede salir de nuevo al ruedo electoral para apoyar a los candidatos demócratas en cada campaña, algo que no pudo hacer en la más reciente contienda debido a que su presencia polarizante movilizaba a sus rivales y no emocionaba lo suficiente a sus simpatizantes.

52% dijo que votó con él en la mente el pasado 4 de noviembre: 33% para oponérsele y 19% para respaldarlo.


Demócratas vs Republicanos

En enero de 2016 arrancará el proceso de primarias para elegir a los nominados presidenciales de cada partido. A pesar de que los republicanos ganaron ampliamente las elecciones de mitad de periodo este año, se espera que la competencia sea reñida y que el resultado final dependa en gran parte del tipo de candidato que salga escogido en cada organización.

El proceso de selección durará más de seis meses y se hace por separado en cada estado, los cuales otorgan delegados a los ganadores según la votación que obtengan. Al final, quienes terminan con más delegados en las convenciones nacionales de los partidos son nominados en ese evento.

Analistas consideran que los votantes pueden valorar positivamente a los aspirantes con experiencia ejecutiva en cargos de gobernación, pues una de las cosas que más se le reprochó al presidente Barack Obama ­que venía de ser senador- al principio de su presidencia fue la falta de práctica administrativa. Desde principios de 2015, distintos políticos empezarán a anunciar sus aspiraciones. Estos son los ocho posibles precandidatos, aunque también el ex gobernador Mike Huckabee, el congresista Paul Ryan y los gobernadores Scott Walker y Martin O´Malley podrían lanzarse.

Hillary Clinton


La ex primera dama anunciará en pocas semanas si se lanzará o no a la presidencia. En las elecciones de mitad de periodo, los exit polls interrogaron sobre sus opciones: 42% dijo que sería una buena Jefa de Estado

 

Joe Biden


Antes de llegar a la vicepresidencia fue senador por Delaware desde 1973. Su aspiración a la candidatura presidencial demócrata en 2008 fue opacada por la lucha entre Clinton y Obama. Tiene 71 años de edad

 

Elizabeth Warren


Senadora por Massachussets desde 2013, sus posiciones liberales la han hecho muy popular en la base demócrata. Fue consejera del Departamento del Tesoro en los primeros años de Obama en la Casa Blanca

 

Andrew Cuomo

Desde 2011 ha sido gobernador del estado de Nueva York, uno de los más demócratas de Estados Unidos. Su padre ejerció el mismo cargo entre 1983 y 1994. Fue funcionario del gobierno de Bill Clinton en la década de los 90

 

Chris Christie


Pese a ser republicano, es gobernador de New Jersey, una entidad tradicionalmente demócrata. También es reconocido por su sobrepeso y se ha hecho intervenciones quirúrgicas para lucir más delgado

 

Jeb Bush


Es el hermano de George W. Bush e hijo de George H. Bush, ambos expresidentes de Norteamérica. Entre 1999 y 2007 fue gobernador de Florida, uno de los estados reñidos que tiende a definir las presidenciales

 

Rand Paul


Senador por Kentucky desde 2011 y miembro del movimiento Tea Party. Apoya los recortes fuertes en los gastos federales y es hijo de Ron Paul, congresista republicano y reconocido libertario

 

Marco Rubio


Senador por Florida desde 2011 y miembro del movimiento Tea Party. Es un cubano americano de Miami de 43 años de edad y en los últimos tiempos ha sido el principal crítico del chavismo en el Congreso