• Caracas (Venezuela)

Siete Días

Al instante

La esperanza flaquea en la mesa de Guanipa

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Sembraron soya en su terreno el año pasado, pero los insectos destrozaron el cultivo. Los  técnicos del Complejo Agroindustrial José Abreu e Lima, dependiente del Ministerio de Agricultura y Tierras, no regresaron para revisar qué había  pasado. “Ahí quedaron las hojas llenas de huecos” dice con la convicción de que es mejor no identificarse para evitar represalias. Los relatos de los habitantes de la  mesa de Guanipa, en Anzoátegui, no siempre confirman los informes oficiales que  hablan de la dimensión social del proyecto, que comenzó a ejecutarse en 2009 para expandir el cultivo del rubro y para crear una gran fábrica de productos para consumo humano y animal.

El Ministerio  de Agricultura y Tierras reivindica la recuperación para la actividad productiva de 7.000 hectáreas de terrenos abandonados por latifundistas y la incorporación de las comunidades a la explotación de soya, lo que ha reanimado  la economía regional. La  Memoria y Cuenta de 2012 indica como resultados, por ejemplo,  que 108 comuneros y productores recibieron formación en el manejo del cultivo y  que las siembras abrieron oportunidades de empleo a 374 personas, incluidos  miembros de asentamientos indígenas de la etnia kariña. Alrededor de la empresa  se han creado las denominadas Redes de Productores Libres Asociados (Replas). La fórmula no ha logrado asegurar la productividad mínima 2,5 toneladas por  hectárea. Evelixia Rondón declaró esta semana, en una nota de prensa oficial del Instituto de Desarrollo Rural, que  confía en la riqueza de las tierras de Cachipo -parroquia del municipio Aragua  donde se localiza el complejo agroindustrial- y en el relanzamiento de  la Gran Misión  Agrovenezuela para mejorar los resultados. Alí Peña, presidente de la institución, se ha reunido en asambleas con 600 campesinos para ampliar los  horizontes de la soya en Anzoátegui. Más allá de las Replas, agricultores han  lanzado advertencias públicas. Sol Rojas, quien se identifica como chavista  radical y productora agropecuaria, publicó en su cuenta de Twitter un mensaje el  24 de agosto: “@NicolasMaduro presidente 10.000 has de soya se están perdiendo  en la Mesa de  Guanipa, Anzoátegui, proyecto soya, -ojo pelao investigue al Inder”.

El productor José Luis Ferrera afirma que se subestimó la  experiencia acumulada en la región. “Se despreció el conocimiento de los  productores de tradición de El Tigre. Los agricultores no se forman de la noche  a la mañana y han faltado precisamente agricultores de verdad”. En el informe  anual del MAT se trazaron como meta para 2013 lograr mejoras técnicas para  incrementar la productividad y superar lo que se califican de “debilidades  existentes”.

La soya llegó  y no pareció dejar grandes cambios en comunidades como Mapirikaki, en el  municipio Simón Rodríguez. El lugar, mayoritariamente habitado por indígenas,  tiene vías de comunicación en mal estado, no hay agua potable y el ambulatorio  está abandonado. Vecinos involucrados en las siembras no acceden a comentar su  situación y otros piden a los funcionarios del MAT que supervisen el uso de los  recursos que se le han dado al consejo comunal. Muchos viven del cultivo de  sorgo y maíz, dos rubros que debían rotarse en los campos de soya y cuya  productividad también fue negativa, de acuerdo con los registros oficiales del  complejo.

Entre los  moradores de Mapirikaki hay quienes no tienen paciencia ante los trámites  exigidos para obtener ayuda del Estado. Nilde García habla por su caso: le piden  una cédula indígena para aprobarle un crédito. Ella, sin embargo, no pertenece a  ninguna etnia: “¿Cómo hago entonces para producir?”, se pregunta. García recibió  hace dos años un financiamiento, que pagó con la venta de la cosecha de yuca, pero desde entonces no ha podido intentarlo otra vez.

En comunidades como Las Piedras no hay cultivos de soya. Residen 300 personas en condiciones de  pobreza. Las viviendas son de latón y, como en Mapirikaki, no hay agua  potable. Muchos de los habitantes subsisten de la elaboración  artesanal y venta de casabe. Uno de ellos es Alexander Resplandor, quien afirma que ha presentado proyectos ante organismos del MAT, como el Banco Agrícola y  Agropatria, para recibir recuersos para una cooperativa: “Tenemos tres  años esperando. Por aquí se aparece la gente del Gobierno sólo cuando hay  elecciones y nos ofrecen ayudas que jamás llegan”. Quisiera  tener, entre otros insumos, motores eléctricos para producir más casabe, porque ahora apenas gana para subsistir.  Resplandor dice que algunos campesinos fallaron al tratar de emplearse en el Abreu e Lima: “Hay sindicalistas que cobran comisiones por puestos de  trabajo, según me han dicho”.

La esperanza  flaquea en la mesa de  Guanipa
 Sembraron soya en su terreno el año pasado, pero los insectos destrozaronel cultivo. Los  técnicos del Complejo Agroindustrial José Abreu e Lima,dependiente del Ministerio de Agricultura y Tierras, no regresaron para revisarqué había  pasado. “Ahí quedaron las hojas llenas de huecos” dice con laconvicción de que es mejor no identificarse para evitar represalias. Losrelatos de los habitantes de la  mesa de Guanipa, en Anzoátegui, nosiempre confirman los informes oficiales que  hablan de la dimensiónsocial del proyecto, que comenzó a ejecutarse en 2009 para expandir el cultivodel rubro y para crear una gran fábrica de productos para consumo humano yanimal.
El Ministerio  de Agricultura y Tierras reivindica la recuperación para laactividad productiva de 7.000 hectáreas de terrenos abandonados porlatifundistas y la incorporación de las comunidades a la explotación de soya,lo que ha reanimado  la economía regional. La  Memoria y Cuenta de2012 indica como resultados, por ejemplo,  que 108 comuneros y productoresrecibieron formación en el manejo del cultivo y  que las siembras abrieronoportunidades de empleo a 374 personas, incluidos  miembros deasentamientos indígenas de la etnia kariña. Alrededor de la empresa  sehan creado las denominadas Redes de Productores Libres Asociados (Replas). Lafórmula no ha logrado asegurar la productividad mínima 2,5 toneladas por hectárea. Evelixia Rondón declaró esta semana, en una nota de prensaoficial del Instituto de Desarrollo Rural, que  confía en la riqueza delas tierras de Cachipo -parroquia del municipio Aragua  donde se localizael complejo agroindustrial- y en el relanzamiento de  la Gran Misión Agrovenezuela para mejorar los resultados. Alí Peña, presidente de lainstitución, se ha reunido en asambleas con 600 campesinos para ampliar los horizontes de la soya en Anzoátegui. Más allá de las Replas, agricultoreshan  lanzado advertencias públicas. Sol Rojas, quien se identifica comochavista  radical y productora agropecuaria, publicó en su cuenta deTwitter un mensaje el  24 de agosto: “@NicolasMaduro presidente 10.000 hasde soya se están perdiendo  en la Mesa de  Guanipa, Anzoátegui,proyecto soya, -ojo pelao investigue al Inder”.
El productor José Luis Ferrera afirma que se subestimó la  experienciaacumulada en la región. “Se despreció el conocimiento de los  productoresde tradición de El Tigre. Los agricultores no se forman de la noche  a lamañana y han faltado precisamente agricultores de verdad”. En el informe anual del MAT se trazaron como meta para 2013 lograr mejoras técnicaspara  incrementar la productividad y superar lo que se califican de“debilidades  existentes”.
La soya llegó  y no pareció dejar grandes cambios en comunidades comoMapirikaki, en el  municipio Simón Rodríguez. El lugar, mayoritariamentehabitado por indígenas,  tiene vías de comunicación en mal estado, no hayagua potable y el ambulatorio  está abandonado. Vecinos involucrados enlas siembras no acceden a comentar su  situación y otros piden a los funcionariosdel MAT que supervisen el uso de los  recursos que se le han dado alconsejo comunal. Muchos viven del cultivo de  sorgo y maíz, dos rubros quedebían rotarse en los campos de soya y cuya  productividad también fuenegativa, de acuerdo con los registros oficiales del  complejo.
Entre los  moradores de Mapirikaki hay quienes no tienen paciencia antelos trámites  exigidos para obtener ayuda del Estado. Nilde García hablapor su caso: le piden  una cédula indígena para aprobarle un crédito.Ella, sin embargo, no pertenece a  ninguna etnia: “¿Cómo hago entoncespara producir?”, se pregunta. García recibió  hace dos años unfinanciamiento, que pagó con la venta de la cosecha de yuca, pero desdeentonces no ha podido intentarlo otra vez.
En comunidades como Las Piedras no hay cultivos de soya. Residen 300 personasen condiciones de  pobreza. Las viviendas son de latón y, como enMapirikaki, no hay agua  potable. Muchos de los habitantes subsisten de laelaboración  artesanal y venta de casabe. Uno de ellos es AlexanderResplandor, quien afirma que ha presentado proyectos ante organismos del MAT,como el Banco Agrícola y  Agropatria, para recibir recuersos para unacooperativa: “Tenemos tres  años esperando. Por aquí se aparece la gentedel Gobierno sólo cuando hay  elecciones y nos ofrecen ayudas que jamásllegan”. Quisiera  tener, entre otros insumos, motores eléctricos paraproducir más casabe, porque ahora apenas gana para subsistir.  Resplandordice que algunos campesinos fallaron al tratar de emplearse en el Abreu e Lima:“Hay sindicalistas que cobran comisiones por puestos de  trabajo, según mehan dicho”.