• Caracas (Venezuela)

Siete Días

Al instante

La erudita del dial

El músico y locutor Omar Jeanton dirige la emisora desde el año 2004, cuando la compró al heredero de Humberto Peñaloza, su fundador | Foto Manuel Sardá

El músico y locutor Omar Jeanton dirige la emisora desde el año 2004, cuando la compró al heredero de Humberto Peñaloza, su fundador | Foto Manuel Sardá

Declarada patrimonio cultural de la ciudad por la Alcaldía de Caracas en los años noventa, la Emisora Cultural dejó de transmitir hace 2 meses en circunstancias no del todo claras. Durante sus 38 años de historia se convirtió en un oasis para la emoción y el intelecto

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La pionera de las FM del país, la Emisora Cultural de Caracas, inició transmisiones el 15 de marzo de 1975 en una capital inundada por los aires de progreso. Fue el proyecto de 5 emprendedores de distintos ámbitos profesionales que tuvieron la convicción de que el país de Rómulo Gallegos, Teresa Carreño y Carlos Cruz-Diez merecía tener una radio cultural que sonara en estéreo.

De sus miembros fundadores, conformados por Raúl Arreaza, Gonzalo Plaza, José Elías Graffe y Aníbal R. Martínez, destaca Humberto Peñaloza, el experto petrolero y melómano que se hizo con el único dial en frecuencia modulada del espectro de la época (97.7) y que había sido otorgado a la Electricidad de Caracas para un proyecto radial que no llegó a concretarse.

Peñaloza peleó en el Congreso Nacional para obtener la licencia que le fue otorgada gracias a que la banda FM había sido reservada por los burócratas de la época para fines culturales y educativos. "Esto nunca fue una empresa con fines de lucro. La emisora funcionaba a través de una fundación llamada Fondo de Difusión Cultural de Caracas que recibió los permisos para transmitir", comenta Darío Peñaloza, hijo del fundador y quien dedicara muchos años de trabajo a la estación.

"Decían que éramos una rocola clásica. Reproducíamos 3 veces al día los conciertos de los grandes maestros sin descuidar lo contemporáneo", agrega Jaime Suárez, el célebre locutor que fue voz de la radio y jefe de operaciones durante 29 años y 7 meses.

De 1975 a 1977, la emisora solo transmitía 12 horas diarias, pero luego amplió su difusión a 18 horas, de 6:00 am a 12:00 de la medianoche. En estos primeros años la programación fue mayoritariamente musical, pero en los años ochenta se le dio paso a la palabra con la incorporación de productores independientes. "En aquel momento Radio Capital tenía la intención creativa de mostrar la música de vanguardia, pero con el paso del tiempo la radio se diversificó apostando por formatos obvios. Las estaciones perdieron su carácter especializado, así que La Cultural es pionera por ser la primera y por conservar por tantos años su carácter alternativo", explica Xariell Sarabia, melómano y curador musical que llegó a producir un espacio dedicado a las actividades de la Casa Rómulo Gallegos en la emisora.

Otra de las novedades que produjo La Cultural fue la edición de la revista Sinfonía con toda su programación. "Era una excelente guía que uno buscaba en algunas librerías, discotiendas e, inclusive, en delicatesses, como Frisco en Chacaíto, y entonces uno precisaba qué era de su interés y estaba pendiente para no perdérselo", recuerda Jaime Bello León, quien estuvo al frente de dos espacios de la emisora, Con cierta afinación, y más recientemente, Los pasos perdidos, junto con el historiador Elías Pino Iturrieta, uno de los programas más importantes de la estación.

La crème de la crème. Como en Días de radio de Woody Allen, la historia de La Cultural está llena de programas que marcaron pauta y abrieron la mente de sus radioescuchas. Para más señas, la world music de La raza cósmica de Gregorio Montiel Cupello; el mejor y más estridente rock de la época en La música que sacudió al mundo de Alfredo Escalante; la ronca voz de José Ignacio Cabrujas hablando de su pasión por la ópera, el jazz de Jacques Braunstein, el programa de literatura de Ricardo Tirado, La hora alemana de Solveig Hoogesteijn; El concierto de la mañana comentado por Claudia Galavis y luego por Diana Insausti, El show de la salsa de Víctor Prada, los programas infantiles de Carlos Izquierdo, las selecciones musicales de Rodolfo Saglimbeni, La nota clásica de Valentina Marulanda, la crítica cinematográfica de Nicolás Trincado, el programa de música popular venezolana de Rafael Gámez; el show diario de Aldemaro Romero, La ciudad deseada de William Niño y Federico Vegas, que ahora hacía María Isabel Peña; Zona libre de Alexandra Cariani, Solo en vivo de Omar Jeanton, Música a 4 manos de Juan Carlos Carrano, y Caracas vuelta y vuelta, de Faitha Nahmens y quien escribe estas líneas.

Otro recordado espacio fue el de Rubén Monasterios y sus corazones solitarios. "Lo más positivo era la libertad de criterio que reinó en el ambiente. Mi objetivo fue hacer de la cultura un placer y hablar de ella con familiaridad. Esa fue mi única norma", resalta el escritor y locutor.

Era una emisora sin interrupciones. Tenía otro tempo. "La presión comercial nunca la infectó. No íbamos a interrumpir un concierto de Mahler, Paquito de Rivera o Ensamble Gurrufío por transmitir una cuña. Se hacían 3 menciones al día de los patrocinantes y en la presentación y despedida de los espacios", dice Darío Peñaloza.

Tampoco hubo espacios informativos hasta que en 1992 la emisora firmó un acuerdo con la BBC de Londres, que pagaba 2.000 dólares mensuales por la transmisión de 8 horas diarias de contenido.

También sonaban programas de Radio Francia Internacional, la Deutsche Welle, Radio Canadá Internacional y La Voz de América.

La crisis. La emisora luchó desde sus inicios por su sobrevivencia. Poco tiempo después de iniciar transmisiones, Peñaloza lanzó la campaña Done 1 bolívar diario y tenga una emisora, pero esa idea europea de pagar por escuchar radio no funcionó.

Los apoyos financieros llegaron de Pdvsa, y gracias a un patrocinio de Sidor, la radio también se escuchó varios años en Puerto Ordaz. Llegaron donaciones de la Electricidad de Caracas y distintas embajadas.

También celebraban una cena anual en el hotel Tamanaco para rendir homenaje a algún artista y al mismo tiempo recaudar fondos. Entre los agasajados estuvieron Jesús Soto, Jacobo Borges, Arturo Úslar Pietri, Simón Díaz, Alfredo Sadel, entre otros.

En el año 1993, Peñaloza consiguió el permiso para que la emisora pudiera hacer publicidad, pero las marcas no le prestaron mucha atención. "Todos los publicistas nos decían que éramos muy chéveres, pero que nuestro formato no era comercial. Veían a la cultura como algo lejano, elitista, aburrido. Así que quedamos a merced del patrocinio institucional", cuenta Jaime Suárez.

Luego del paro nacional de 2002, la emisora cayó en una severa crisis que culminó con su venta 2 años después. Humberto Peñaloza también se encontraba muy enfermo, y su hijo Darío y el resto de los miembros de la directiva tomaron la decisión. El nuevo dueño fue Omar Jeanton, quien pagó poco más de 1 millón de dólares por la emisora. "No fue el mejor postor, pero sí el único que se comprometió a no cambiar la línea de la radio. Fue un año de negociaciones con gente de buenas y malas intenciones.

José Vicente Rangel era uno de los más interesados", revela Peñaloza.

La Cultural vivió una especie de revival que trajo un sonido más moderno y mayor apoyo comercial. Ahora podía escucharse a Michel Camilo, C4 Trío o Jamiroquai. "Sé que Omar obtuvo una renovación de la concesión al poco tiempo de adquirirla, pero no sé a qué condiciones fue sometido en este momento. Tampoco pongo mis manos en el fuego por él. No sé si se le abrieron las agallas y la vendió ante una gran oferta, pero destaco que la mantuvo a pesar de no ganar dinero con ella. La verdad es que la salida del aire de la emisora me dolió enormemente. Lloré como un niño porque esa emisora fue un hijo más de mi familia desde el año 1974", agrega Peñaloza.

Cabe destacar que durante la redacción de este trabajo se trató de localizar a Omar Jeanton para conocer su versión sobre la compra de la emisora, pero no respondió la comunicación enviada vía correo electrónico.

Final inesperado. La Emisora Cultural de Caracas fue expresión de la ciudad de antes y ahora. "Expresó el buen momento musical que vive el país.

Cuando no la encuentras en el dial, te sientes desamparado.

Todas las emisoras se parecen demasiado. La pregunta que me hago es: ¿Por qué una radio como esta se hace insostenible en este contexto?", opina Sarabia. "Tuvo una gran influencia y por eso la extraña la gente.

Ahora lo que escucho es muy lamentable. Un discurso muy primitivo. Siento un vacío. Como en tiempos de Franco, cada vez que escuchan la palabra cultura, sacan el revólver", sentencia Rubén Monasterios.