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Las divisiones que amenazan con desarmar la mayoría

A 4 meses de las elecciones, el riesgo de derrotas por culpa de divisiones vuelve a estar presente | Foto José Pacheco / Archivo

A 4 meses de las elecciones, el riesgo de derrotas por culpa de divisiones vuelve a estar presente | Foto José Pacheco / Archivo

Las postulaciones de independientes y disidentes se multiplican y hacen cuesta arriba las estrategias para obtener los 84 diputados necesarios para controlar la mayoría en la Asamblea Nacional. Los 2 factores políticos han jugado duro para evitar las divisiones. Pero hay en promedio 5 candidatos para cada cargo. El TSJ, que intervino las directivas de 3 partidos inclinados al chavismo y de otros 3 a la oposición, entre ellos Copei, es una pieza clave en el rompecabezas electoral y podría complicar aún más el panorama antes del 6-D

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El 26 de septiembre de 2010 el chavismo obtuvo 40,79% de los votos en Lara, el porcentaje más bajo que esa opción política ha registrado en el estado en su historia. Sin embargo, esa noche hubo fiesta en el comando de campaña oficialista en Barquisimeto. El PSUV se llevó seis de las nueve curules que se repartían en la entidad y terminó la jornada triunfante. La razón: la oposición al gobierno se dividió en dos bloques. Unida hubiese acumulado 58,51% de los sufragios, por separado terminó subrepresentada con 33% de los escaños.

En aquella época el gobernador de Lara, Henri Falcón, se acababa de separar del PSUV para unirse al partido Patria para Todos y comandar junto con otros dirigentes de esa organización lo que algunos bautizaron como “el chavismo azul”, una tercera vía para romper la polarización. Su fracaso fue rotundo. Nacionalmente sumaron 3% de los votos y 1% de las 165 curules. En Lara concentraron 28,42% del apoyo, pero eso no les valió parlamentario alguno por ser la tercera fuerza en votación por detrás del PSUV y la Mesa de la Unidad Democrática, que acumuló 30,09%, suficiente para vencer en el circuito más opositor de la entidad y ganar un diputado de la lista.

En esos comicios la coalición opositora perdió 4 diputados en todo el país por divisiones, permitiendo que el chavismo acumulara 98, muy cerca de los 99 necesarios para tener la mayoría calificada y decretar leyes habilitantes, lo que logró después gracias a algunas deserciones opositoras.

Hoy, a 4 meses de las elecciones legislativas del 6 de diciembre, el riesgo de derrotas por culpa de divisiones vuelve a estar presente. 1.799 candidaturas fueron aceptadas por el CNE, un promedio de 5,4 nombres por cargo, casi tres más que las dos opciones que han polarizado la política venezolana en los últimos 15 años.

Muchos de los disidentes son antiguos agentes o simpatizantes de la polarización que aspiran de manera separada, luego de perder cuotas de poder o no ser considerados para los puestos en sus bandos.

Forman tres grandes grupos: uno procura robar votos del PSUV prometiendo un chavismo verdadero y tiene aspirantes en más de la mitad del país, varios de Marea Socialista; otro está aglutinado en el MAS y Opina y quiere morder tanto en sectores oficialistas como opositores, por lo que postularon a figuras de ambos bloques; el tercero se enfoca únicamente en el público opositor y postuló principalmente a través de tarjetas como la de Electores Libres.

Algunas encuestas sugieren que estos candidatos, si logran posicionarse, pueden resultar atractivos para un creciente sector de la sociedad: los independientes. En el sondeo de Venebarómetro de junio, 27,6% de los interrogados aseguró que quiere votar por terceras opciones, por detrás de 40,5% que dijo apoyar a los dirigentes de la MUD, pero por delante de 22,2% del PSUV.

La cifra es importante, aunque no suficiente para tener un impacto real si tres grupos se dividen ese 27,6%. No obstante, en circuitos particulares podrían desencajar las piezas del rompecabezas que tienen pensado armar tanto la MUD como el Gran Polo Patriótico (GPP) para lograr la mayoría. Por consiguiente, pueden terminar siendo clave para el resultado final de la elección.

Para que la MUD pueda ser mayoría en la Asamblea debe obtener 84 diputados, y eso requiere que derrote al PSUV con por lo menos  5 puntos porcentuales. Para aspirar a la mayoría calificada, que se logra con 100 diputados, su ventaja tiene que incrementarse a por lo menos 10 puntos. A medida que los independientes capitalicen más votos de electores descontentos o la abstención sea alta, estas expectativas se irían haciendo más difusas.

Duro para polarizar. El 8 de diciembre de 2013 la ciudad de Maturín le aguó la fiesta al chavismo en las elecciones municipales. Una alcaldía tradicionalmente pesuvista cayó en manos de la oposición porque Numa Rojas, antiguo ex alcalde del MVR, se postuló por separado. Acumuló 22,53% de los votos, más de 16 veces la ventaja por la que ganó el aspirante de la MUD: 1,37 puntos.

Ese día, en 28 municipios, 8,4% del total del país, las divisiones influyeron en los resultados. En 14 afectaron al chavismo y en otros 14 a la MUD.

El PSUV pareció haber aprendido la lección. Convertido en lo que algunos académicos calificarían de partido hegemónico activó un duro plan con ayuda del Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Supremo de Justicia para prevenir la pérdida de espacios por culpa de candidatos disidentes y el aumento del descontento.

La jugada implicó la intervención de las directivas de tres partidos políticos (Vanguardia Bicentenaria, Movimiento Electoral del Pueblo y Organización Renovadora Auténtica), los cuales terminaron inscribiendo candidatos junto con el Gran Polo Patriótico, en alianza perfecta luego de que sus antiguos líderes fueron removidos de sus cargos.

También se impidió la inscripción como partido de Marea Socialista, corriente del PSUV que desde hace un año viene manteniendo posiciones críticas al gobierno. Asimismo, luego de estar 19 meses preso esperando condena, el Tribunal 3° de Juicio de Monagas le dictó sentencia firme por un caso de corrupción a Numa Rojas, que sonaba para dividir al chavismo otra vez en Monagas y salir de la cárcel mediante inmunidad parlamentaria.

“Se movieron lo más duro posible y aplicaron todas las artimañas que tuvieron a mano para alinear y disciplinar a los partidos del Polo. Hicieron una guerra de exterminio con amenazas y descalificaciones con el fin de limitar la participación política de los sectores críticos”, denuncia Nicmer Evans, miembro de Marea Socialista.

Así, el GPP logró formar una alianza electoral de 25 partidos. El lunes pasado Jorge Rodríguez, jefe del comando de campaña chavista, la llamó “la más grande de la historia”. Su mayor logro fue conseguir la unidad entre los 12 miembros iniciales del GPP, los cuales estuvieron implicados en 93% de las derrotas por divisiones que tuvo el chavismo en diciembre de 2013.

Esto no hubiese sido posible sin el cambio en la dirección nacional del MEP, pues el antiguo secretario general, Wilmer Nolasco, había amenazado con lanzar algunas postulaciones disidentes. En las municipales pasadas ese partido había mostrado especial autonomía en Bolívar y en Anzoátegui,  estados que resultarán clave en las parlamentarias debido a que todos sus circuitos muestran una tendencia histórica reñida, lo cual los hace más vulnerables ante cualquier división.

Sin embargo, el éxito del PSUV no fue total y dejaron algunos cabos sueltos. Uno de estos es Marea Socialista, pues la corriente logró pactos con organizaciones regionales y nacionales para postular candidatos en 15 estados y 58% de los circuitos. Esto a pesar de que 5 partidos que estaban negociando con el grupo se echaron para atrás luego de ser presionados por el PSUV y el CNE, denuncia Evans. “Teníamos candidatos para 19 estados, pero en algunos las alianzas terminaron cayéndose”, agrega.

El Partido Socialismo y Libertad inscribió dirigentes sindicales y gremiales en 13 entidades, entre ellos algunos muy conocidos como Marcela Máspero, coordinadora de la Unión Nacional de Trabajadores.

A su vez, el MAS incorporó en su plancha a aproximadamente 26 dirigentes chavistas, algunos reconocidos como el vicealmirante Evert Camacho Liendo, que competirá en Vargas. Este partido, otrora parte de la MUD, terminó postulando para todos los cargos que van a elección, excepto las circunscripciones indígenas. Presentó al menos a 40 ex miembros de la MUD.

Dividir al contrario. La estrategia del oficialismo ante las divisiones implicó también otra tarea: azuzar las confrontaciones en el bando opositor para acrecentar las rivalidades y la multiplicidad de candidaturas.

En esto también le echaron una mano otros poderes del Estado. La Sala Electoral del TSJ intervino las direcciones nacionales de tres partidos políticos miembros de la MUD: Copei, MIN-Unidad y Bandera Roja, razón por la cual la coalición decidió dejarlos por fuera de la tarjeta unitaria. Además, el CNE bloqueó la inscripción como organización política de Vente Venezuela, de María Corina Machado, y la Contraloría General de la República inhabilitó a ocho dirigentes que serían candidatos del bloque opositor, entre ellos presos políticos como Daniel Ceballos.

“Buscaron meterle mano a los partidos para infiltrar a gente en la Unidad,  pero no lo lograron. No hay divisiones opositoras, lo único que hay son particularidades que se deslindaron de la MUD”, asegura Tomás Guanipa, secretario general de Primero Justicia.

Pero en la lista de postulados son evidentes algunas fricciones. Electores Libres (EL) terminó postulando en 21 estados a 256 candidatos, 77% del total de puestos por repartir. Muchos de ellos son antiguos dirigentes de la MUD, especialmente de partidos minoritarios como Bandera Roja.

“Las divisiones que estamos promoviendo no son nuestra culpa, son responsabilidad de la MUD porque los grandes partidos quisieron concentrar todas las candidaturas y no dieron espacio para los independientes y toldas pequeñas. Eso era necesario. En los circuitos chavistas que se pueden voltear los independientes lucen como la primera opción, la gente no busca el liderazgo opositor tradicional”, advierte Jesús Hermoso, miembro de la dirección nacional de Bandera Roja, que fue destituida por el TSJ y que se alió con EL para poder postular.

Si a esto se suman las postulaciones del MAS y de organizaciones regionales, en casi todos los lugares hay divisiones que pudieran afectar a la oposición. Algunas propuestas son más destacadas que otras, como es el caso de tres parlamentarios actuales del bloque unitario: Eduardo Gómez Sigala, en Lara, y Marcos Figueroa y Luis Edgardo Mata, en Anzoátegui.

Aunque algunos independientes que son parte de la MUD no se inscribieron como candidatos para no ser señalados como responsables de eventuales derrotas, consideran que el bloque divisionista tiene parte de razón en sus reclamos.

“Puede ocurrir que por el gran descontento que existe la oposición gane la mayoría, pero no se debería contar con que las victorias caigan del cielo. Para garantizar el triunfo se debió construir una alianza que fuera más allá de los partidos. Paradójicamente, la cúpula está haciendo lo imposible para no ganar”, denuncia Carlos Julio Rojas, coordinador del Frente en Defensa del Norte de Caracas.

Guanipa defiende los acuerdos a los que se llegaron y minimiza el efecto que tendrán los disidentes. “Hay solo dos caminos: el continuismo de Maduro y sus candidatos y el de los postulados por quienes quieren un cambio positivo. Quienes quieran abrir vías distintas serán castigados por el electorado”, afirma.

Escenario cambiante. El cambio en la directiva de Copei decidido por el TSJ fue una de las cosas que más distorsionó la convivencia en la MUD. El partido político fue “expulsado” de la alianza y las 27 candidaturas que tenía se repartieron entre los demás miembros, principalmente AD y Primero Justicia.

Pedro Urrieta, presidente de la organización designado por el TSJ, aseguró que esta semana se reunieron los factores del partido, tanto los afectados como los beneficiados por el máximo tribunal, para llegar a un consenso sobre los aspirantes de la organización y pedir a la MUD que sean reinsertados en la lista de postulados.

“Designamos también una comisión para desjudicializar el partido retirando los seis recursos que actualmente hay en la Sala Electoral y uno en la Constitucional. No debe haber temores sobre la presencia de Copei en la Unidad”, afirma Urrieta.

Aunque el período de postulaciones cerró esta semana, esto abre una nueva disputa en el seno de la oposición. Hasta el 7 de septiembre se pueden cambiar los nombres de los candidatos postulados para que se vea reflejado en el tarjetón electoral.

Guanipa asegura que los postulados de este partido solo serán considerados si la organización demuestra que está blindada ante cualquier proceso. “Se tomó la decisión de suspender a los partidos que tengan problemas internos hasta que queden dilucidados. Nuestra obligación es garantizar a la gente que no postulamos figuras como Ricardo Sánchez o William Ojeda”, explica el dirigente.

Si los planteamientos de Copei no son escuchados por la MUD, podrían hacer alianzas con otros partidos para presentar a sus candidatos o apoyar opciones regionales, algo que decidirían más adelante.

Los conflictos continúan a pesar de que las postulaciones ya fueron inscritas. Existe también un recurso que introdujo el opositor Pastor Heydra en el TSJ para que se obligue a la MUD a postularlo en el circuito 2 de Nueva Esparta, que reparte dos diputados y es uno de los más importantes por su tendencia histórica reñida. Esto vaticina que el máximo tribunal pudiera seguir siendo una pieza clave en el rompecabezas electoral.

Entretanto, los disidentes del chavismo no descartan que en el tiempo que queda para los comicios continúen las presiones para que renuncien a sus postulaciones. Antes de las municipales de diciembre de 2013 ocurrió algo así cuando el partido de gobierno expulsó a cientos de dirigentes en varios estados por apoyar a terceras opciones. “Hay un pacto de supervivencia de la polarización entre el PSUV y parte de la MUD. Seguiremos con nuestro mensaje aunque implique un riesgo”, asegura Evans.

El factor abstención
Durante la juramentación de los candidatos del Polo Patriótico en Anzoátegui, Diosdado Cabello lanzó una advertencia: “El chavista no va a votar por la oposición, pero podría quedarse en la casa. Hay que sacarlo. Por eso los patrulleros del PSUV tienen una tarea esencial. Si usted está bravo con Diosdado, póngase bravo con Diosdado, pero vaya a votar”.

En las parlamentarias de 2010 el chavismo tuvo uno de los peores resultados electorales de su historia al quedar por debajo de 50% de apoyo. La crisis eléctrica de ese año y las dificultades económicas debido a la caída de los precios del petróleo se conjugaron para desanimar a buena parte de la base.

Ante esa experiencia y frente a las presidenciales de 2012, se ideó la maquinaria electoral que funciona actualmente, la cual ha tenido buenos resultados pero se enfrentará en diciembre con su mayor reto. Según la última encuesta de Venebarómetro, los segmentos sociales menos dispuestos a sufragar en diciembre son el “D” y el “E”, en los que se ubica la base de apoyo chavista.

Para la oposición la baja participación también puede ser un problema, como quedó de manifiesto en las elecciones regionales de 2012, cuando perdió en estados como Táchira y Mérida, donde las tendencias históricas le favorecen.

Su principal reto es que la desconfianza que existe hacia el CNE no melle en la disposición de la gente de acudir a las urnas. También tiene que animar y hacer creer en la posibilidad de ganar la mayoría parlamentaria para desde allí conseguir cambios.

Como la maquinaria de la MUD es menos eficiente que la del PSUV, su dependencia del voto espontáneo es mucho mayor, por lo que requiere de una alta disposición a movilizarse.

LA CIFRA
100 diputados son necesarios para remover ministros o al vicepresidente de la República desde la Asamblea Nacional. Se requerirán 111 parlamentarios para decretar leyes orgánicas y 84 diputados para llamar a referendos consultivos sobre materias especiales

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