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El diccionario del chavismo

El diccionario del chavismo / Ilustración

El diccionario del chavismo / Ilustración

Desde su llegada al poder en 1998, Hugo Chávez Frías instaló en el imaginario colectivo vocablos y oraciones que sus seguidores hicieron suyos, como una marca de consanguinidad. Son voces públicas, están consagradas en leyes y excluyen a los adversarios

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No son únicamente frases hechas. Son dictámenes de ideología; palabras que se convirtieron en verdades, en sentencias de país, en señas de identidad. Durante más de catorce años de gobierno, Hugo Chávez Frías produjo un vocabulario propio, que reprodujeron no sólo sus adeptos, sino también los opositores, los medios de comunicación, la opinión pública. Palabras inventadas, términos que cambiaron de significado, ambigüedades, eufemismos, renombramientos son parte de las estrategias lingüísticas que lograron un objetivo ideológico. Un discurso que une a los similares en una especie de marca y separa a los que no están de acuerdo. "Tenemos que terminar de borrar las fórmulas extrañas a nosotros mismos y buscar los códigos de nuestro pensamiento más antiguo", dijo Chávez el 10 de enero de 2006.

Thays Adrián, estudiosa del Instituto Pedagógico de Caracas que ha investigado este léxico, escribe: "Los modos de nombrar, renombrar y omitir la realidad apuntan directamente a la transmisión e imposición de imaginarios, representaciones y modelos mentales de las élites discursivas; van dirigidos, intencionalmente, a la cognición de los ciudadanos para imponerles su ideología".

La psicólogo social Colette Capriles sostiene que el chavismo es "un modo de vida que se ha construido esencialmente a través del lenguaje, un sistema cerrado que incluye o excluye, valida o censura palabras". Añade que con el presidente Nicolás Maduro (y sus constantes equívocos con las palabras) el tema del lenguaje vuelve a ser motivo de discusión en la opinión pública: "Como es tan paródico, empieza a poner sobre el tapete cómo fue que se construyó el lenguaje del chavismo".

El abogado Antonio Canova refiere la frase del periodista cubano Carlos Alberto Montaner, quien decía que en Venezuela había una "dictadura coral, en la que el gobernante posiciona un término que interpreta acomodaticiamente la realidad y, luego, lo que resta es su repetición; incluso hasta por las personas que están en desacuerdo". El abogado Luis Alfonso Herrera añade que la oposición ha repetido toda esta jerga y en ese momento se acaban los referentes alternativos: "El marco común de lengua termina siendo el que decide el oficialismo". Las palabras no son inocentes. No son un chiste. Son ideología. Son huellas digitales de un país.