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La descentralización de los betas

El movimiento que remozó la imagen de Chávez fue financiado desde sus inicios por Elías Jaua. Algunos candidatos oficialistas en las regiones copian la campaña, pero los analistas coinciden en que el carisma del Presidente no es endosable

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Hugo Chávez es otro beta: maneja moto, se rapa el cabello y canta rap y hip hop.

Esas fueron las imágenes del líder del PSUV que circularon en la campaña por las presidenciales del 7 de octubre, que lo remozaron y acercaron al electorado juvenil, mientras él recorría apenas un puñado de pueblos por la erosión de su salud debido al cáncer que le detectaron en 2011. Para las elecciones regionales, algunos de sus abanderados han copiado los avatares (representaciones) de muchacho de barrio, en versiones descentralizadas del beta mayor, del gran portaviones electoral: Francisco Arias Cárdenas aparece en afiches como discjockey, y Elías Jaua, como pelotero o mototaxista.

La campaña fue creada por el movimiento Miranda Es Otro Beta, que desde sus inicios contó con el apoyo económico de Elías Jaua desde el Consejo Federal de Gobierno (que por ley es encabezado por el Vicepresidente de la República), cuando ya se perfilaba como el candidato del chavismo al estado Miranda. "Vamos al Consejo Federal de Gobierno para buscar financiamiento", dice Gabriela Henríquez, vocera del movimiento, una trigueña menuda de ojos claros, de 27 años de edad.

"Empezamos en diciembre del año pasado y Elías nos respaldó. Obviamente, sabíamos que estaba encampañado; también es un apoyo para él, porque aquí no estamos con la oposición. Somos jóvenes revolucionarios. El consejo es una herramienta del Poder Popular; presentamos unos proyectos con impacto social y fueron aprobados", explica la alumna de Sociología de la UCV.

No precisa cuánto dinero les ha otorgado el CFG. "¡Uuufff!", adelanta. Luego hace un recuento de obras: "Lo suficiente para construir una red de 7 estudios de grabación con equipos de última tecnología (principalmente para cantantes de rap y hip hop), arreglar 25 canchas y construir otras 10, y montar eventos en los barrios". También han donado motos. Jaua acude a la inauguración de las obras y ellos lo acompañan en sus recorridos de campaña y montan el sonido para algunos de sus mítines.

El trabajo social tiene un correlato político. Omar Ramos, miembro del movimiento, describe la intención de la campaña que iniciaron: "No es rejuvenecer a Chávez. Es que el político antes era inalcanzable, ahora puedes hablar con él. Lo mostramos en la vida cotidiana". Henríquez define el target: "Nuestro público es juvenil, alternativo y de barrio".

Mercadeo político. La réplica en las regiones ­indican Henríquez y Ramos­ fue consecuencia del éxito que tuvo la campaña para las presidenciales.

Desde los estados los llamaron para pedir asesorías. El movimiento Otro Beta tiene capítulos en Zulia, Lara y Aragua.

Luis Reyes Reyes se reúne con cantantes de hip hop en sus actos, mientras Tareck el Aissami lo hace con patineteros.

Un concepto apropiado desde la perspectiva del mercadeo político, opina Mariana Bacalao, experta en opinión pública. En el caso de Chávez, se enfrentaba a Henrique Capriles, que tenía una imagen de atleta. "El énfasis está en los elementos que te acercan a los jóvenes para que perciban que hablas su mismo lenguaje, buscan conexiones con esos estilos de vida. Lo replican en los estados porque no es fácil ser el candidato de un gobierno que tiene 14 años.

Tienes que refrescarte porque te has convertido en parte del statu quo", analiza.

Carlos Delgado Flores, semiólogo y profesor de la UCAB, señala que el carisma de Chávez no es endosable a sus candidatos para las gobernaciones, y los estrategas de la campaña lo saben. "Frente al desgaste por el tiempo, los diseñadores de la campaña decidieron remozar el carisma de Chávez segmentándolo a públicos diferentes. Pero, dime tú el carisma de Jaua o de Arias Cárdenas. Ellos como referentes no tienen la misma exposición mediática. No necesariamente lo van a relacionar con la figura del beta mayor, sólo reproducen el esquema anterior. El carisma no se hereda".

Cualquier aspirante oficialista puede tener su avatar DJ o rapero. "No cobramos copyright. El que quiera poner la cara de su candidato en los afiches lo puede hacer", bromea Henríquez. Los analistas coinciden en que la factura estética de estas piezas es un logro pocas veces visto en otras campañas oficialistas.

También coinciden en que las estrategias para alcanzar al electorado juvenil de los candidatos a las gobernaciones refuerza la idea de que Chávez es más beta que sus abanderados.

Lógica territorial. "Beta" es la palabra que usan en el barrio para referirse a un hecho que, por lo general, tiene connotaciones negativas. Un beta puede ser un problema, pero también es una palabra comodín, como "vaina".

Es lo que se saca en limpio de la explicación que da Henríquez, desde el estudio de grabación que construyeron en el Núcleo de Desarrollo Endógeno Antonio José de Sucre, en Palo Verde, en una zona del municipio Sucre donde los edificios de clase media se funden con el barrio José Félix Ribas. "Queremos darle otro significado, el otro beta es bajarle dos a la violencia", agrega.

Calcula que hay por lo menos 5.000 jóvenes en el movimiento en Petare, Guarenas, Guatire, Valles del Tuy y Los Teques. Asegura que no militan en ningún partido político, pero que coordinan con el PSUV algunas actividades y participan en tareas de movilización los días de elecciones.

"Es otra forma de hacer política; en los barrios hay una lógica territorial. Tienes que ver cómo entrarles a los chamos", dice Henríquez.

En septiembre el movimiento protagonizó un incidente que sacó del barrio sus lemas, cuando rayaron la fachada de la quinta La Esmeralda, en el este de Caracas, con frases como "El que se mete con Chávez se mete con el barrio".

"Fue una respuesta a la criminalización hacia las identidades del barrio. Supimos por conexiones que desde allí nos quisieron destruir la campaña, además esa fue la cuna del golpe de Estado de 2002", expresa Henríquez.

El publicista Lenin Pérez Pérez cree que el concepto de este movimiento se propagó gracias a las redes sociales, porque dominaban los murales y los panf letos en los sectores que querían influir, barrios en su mayoría. "Vendían al candidato como una figura cercana, ajeno a la pose y, por sobre todas las cosas, sana. Como sano es el deporte, así se practique a cincuenta metros de los jíbaros, o la música, ese lenguaje que penetra cualquier clase social.

Lo contundente está en que no se muestre a un motorizado que trabaja repartiendo pizzas, por ejemplo, y en su lugar se ponga (en su versión para la campaña presidencial) arriesgando su vida haciendo `caballito’ en una rueda, en un claro desacato a la ley y atentando contra su vida. La propaganda política también cuenta dos historias".